QUITAD LA PIEDRA

QUITAD LA PIEDRA

Por Pastor Italo Frigoli
Todos queremos recibir las bendiciones de Dios. Todos necesitamos algo de parte de Dios. Ninguno de nosotros pretende irse de la presencia de Dios sin recibir lo que tanto buscamos.

Hoy, quiero usar un ejemplo del Nuevo Testamento que nos ha de ayudar a ver qué necesitamos hacer para poder recibir de Dios lo que El tiene para sus hijos.

Por ejemplo, Dios nos ofrece la vida eterna. No quiere que nadie se pierda, sino que todos tengan vida eterna.

No es algo que nosotros merecemos, sino que es algo que El nos ofrece libremente y por consiguiente, El se encarga de hacer todo lo necesario para que seamos salvos. No depende de nosotros ni de nuestro esfuerzo o sacrificio.

Sin embargo, siempre hay algo que el hombre debe hacer. Dios hace lo imposible y nos deja a nosotros la responsabilidad de hacer lo que es posible.

Lo que le corresponde a Dios hacer, El lo ha hecho en forma completa y perfecta. No se le puede agregar nada más. Es algo que no puede ser perfeccionado o mejorado.

Dios no necesita hacer nada más. Pero nos ha dejado a nosotros una parte importante que sí debemos hacer para poder alcanzar esa vida eterna y los privilegios que son para los hijos de Dios.

En el Evangelio según San Juan, 11: 1-5; 32-36; 38,39; 43,44

No hay milagro más llamativo en la Biblia que el de la resurrección de Lázaro. Difícilmente hemos de encontrar alguien en Chile que no haya oído acerca de éste milagro y que no reconozca el nombre de Lázaro.

Observando este milagro con atención, nos damos cuenta que Cristo no hizo este milagro para agradar al hombre. De hecho, nunca hizo un espectáculo con sus milagros, sino que todo milagro tenía el propósito de confirmar la Palabra de Dios.

También nos damos cuenta que los milagros tenían por fin suplir la necesidad tanto espiritual como física del individuo.

Finalmente, era para que la fe de la persona sea edificada. El que observaba el milagro como también el que era objeto del milagro eran edificados en su fe.

Todos tenemos claro lo que Cristo hizo en esa ocasión al resucitar a su amigo. Nadie tiene problema con eso. Hoy, no hemos de observar lo que El hizo, sino lo que El NO hizo, lo que pidió a otros que hagan.

En una ocasión anterior, años antes de éste episodio, la madre de Jesús había dicho: haced todo lo que el os pida y creo que ese dicho de la virgen María es actual aún para nosotros hoy: hacer todo lo que El nos pida.

Es esa ocasión, Cristo pidió que se llenara unos cántaros con agua y luego El transformó el agua en vino. Alguien tuvo que llenar los cántaros con agua antes que El hiciera el milagro.

Con el episodio de la resurrección de Lázaro, El pidió que se hiciese algo específico. El dijo: quitad la piedra.

No es que Cristo no tuviera el poder para quitar la piedra.

El podía simplemente soplar y esa piedra tenía que moverse.
El podía hablar a la piedra y decirle que se mueva.
El podía hacer que la piedra levitara a 4 metros de altura y estaría levitando hasta el día de hoy.
La podía pulverizar si así deseaba.
El podía enviar un ángel que la removiera, si fuere necesario. Así fue cuando Cristo resucitó. No necesitó que alguien la removiera, sino que un ángel vino y la removió.

Pero en esta ocasión, a los que se encuentran en el cementerio les da la orden de quitar la piedra.

Marta era chilena. A ella le gustaba dar explicaciones de porqué algo no puede ser hecho o no se debe hacer o es imposible que suceda. Yo creo que estamos rodeados de Martas. Mire al que está a su lado y dígale: hola, Marta.

Marta comienza a darle al Señor una lección de biología.

Señor, Lázaro ha estado en ese sepulcro por 4 días. Cuando un ser viviente deja de existir, de inmediato se inicia un proceso de descomposición, lo que hace que los tejidos del cuerpo pierdan su característica y sea invadido por gérmenes y virus que causan una putrefacción y eso genera un olor que difícilmente uno puede aguantar.

Cristo, tu eres carpintero de profesión y sabes mucho de maderas y de sierras y de cepillos y de formones, pero de biología no sabes tanto como yo.

Cristo, tu eres un buen maestro de las Escrituras. Te sabes muy bien el Antiguo Testamento y te conoces de memoria muchos versículos, pero no tienes ninguna instrucción en cuanto a lo que es la medicina.

¿No somos así nosotros también? Cristo nos dice que debemos hacer algo específico para que nuestra familia se re componga o para que nuestros hijos vivan correctamente, o para que nos vaya bien en las finanzas, y nosotros de inmediato comenzamos a dar explicaciones de porqué lo que dice Dios no ha de funcionar. No sirve.

Con ese mismo paternalismo con que Marta le dice a Cristo que Lázaro ha estado 4 días en la tumba y por consiguiente hiede y no es conveniente remover la piedra, nosotros nos dirigimos a él y le decimos porqué lo que el pretende de nosotros no sirve en este avanzado y computarizado siglo XXI.

Tratamos de razonar y explicar que lo que la Biblia dice era para otra época y que no es real para nosotros hoy. Eso estaba bien para nuestros antepasados, pero hoy nosotros tenemos Internet y celulares. Otra es nuestra realidad.

Pero Cristo le dice a Marta y nos dice a nosotros hoy: si quieres un milagro en tu vida, tienes que remover esa piedra. TU tienes que remover la piedra. YO haré el milagro, pero TU remueve la piedra.

No importa si lleva 4 días enterrado. No importa si las apariencias señalan que no hay esperanza, igual hay que mover esa piedra para que ocurra el milagro.

Cristo iba a resucitar a Lázaro, pero Marta tenía que remover la piedra.
Cristo iba a simplemente llamar a Lázaro por nombre para evitar que todo el cementerio resucitara, pero Marta tenía que remover esa piedra.
Cristo iba a hacer lo imposible, pero Marta tenía que hacer lo posible.

Lo que pasa es que todo milagro es una sociedad. Hay algo que nos corresponde a nosotros hacer. Es una sociedad entre Dios y el hombre.

Había cierto ?feeling? entre Jesús y la familia de Lázaro. Era su casa de descanso. Betania no estaba tan lejos de Jerusalén y era un buen sitio para descansar y relajarse.

Marta y María eran buenas anfitrionas y se preocupaban del bienestar del Maestro. Me imagino que conocían los gustos de Jesús y le preparaban el plato predilecto, el postre que tanto le gustaba y tenían un aposento, una habitación tranquila y fresca para que Cristo pudiera descansar.

Me imagino que Cristo se sentía cómodo en esa casa. No puedo dejar de imaginarme a Cristo reírse juntamente con Lázaro de algún chiste o de alguna anécdota, como también los puedo ver solemnes cuando Cristo les enseñaba las verdades profundas y ocultas de la Palabra.

Tal vez ellos escucharon a Cristo hablar de los planes futuros, de lo que le iba a suceder en Jerusalén. No sé, pero me imagino que Lázaro era el hombre más informado en cuanto a los planes de Cristo y las verdades del reino y que Marta y María no se quedaban muy atrás que digamos.

María era la que se quedaba absorta escuchando las enseñanzas de Cristo. Ella tenía una sed espiritual que no podía saciar. Marta era la que se ocupaba de las cosas importantes pero pasajeras de la vida diaria.

La cocina,
los platos,
la ropa,
la limpieza de la casa.
Era la que se molestaba porque María no ayudaba en los momentos en que Cristo estaba presente.

En esa casa había entrado la muerte. Lázaro llegó con fiebre a casa una noche. No era mucha, apenas unos pocos grados, pero lo suficiente para que le causara dolor de cabeza y un malestar generalizado.

Las hermanas lo atendieron con atención, pero sin la preocupación de una enfermedad seria.

Lo acostaron y le dieron suficientes líquidos para que se sienta confortable. Pero con el pasar de las horas, la fiebre empeoró y Lázaro comenzó a delirar y se dieron cuenta que la enfermedad era más grave de lo que habían pensado. Ahora sí se preocuparon.

Buscaron al mensajero más rápido de Betania. Se llamaba David Hernández López, pero era más conocido por sus iniciales: DHL

Le dieron un mensaje urgente para Jesús, quien estaba al otro lado del lago. DHL velozmente fue a buscarlo y cuando lo encontró, le entregó el mensaje que decía: Señor, el que tu amas está seriamente enfermo y requerimos tu presencia de inmediato, antes que sea demasiado tarde. Firmado, María y Marta. P.D. no se olvide de traer un kilo de marraquetas para el desayuno.

Cristo no parecía estar muy apurado. De hecho, en vez de cruzar a Betania de inmediato, se fue a Judea.

Varios días después Jesús decidió ir a Betania. Para entonces, Lázaro no solamente estaba muerto, sino que había estado enterrado en la tumba por 4 días.

Pero Cristo nunca llega tarde. El no es como los que llegaron tarde a este culto. El es siempre puntual. Siempre llega a tiempo.

Aparentemente, Cristo estaba atrasado. Que uno llegue unos minutos tarde no es tan serio, aún si se trata de una hora o dos, pero cuando uno llega varios días tarde, ya es otra cosa.

Pero Cristo está en control del tiempo. El sabe lo que hace y sabe cuando lo tiene que hacer y qué tiene que hacer.

A veces pensamos que Cristo no escucha nuestra oración y que no tiene interés en nuestra necesidad, pero no es así. El siempre llega en el momento justo y oportuno.

4 días después de la muerte de Lázaro, Cristo hace su entrada en Betania, ante la mirada sorprendida de los que sabían que Cristo era amigo de la familia.

Imagínese los comentarios de los vecinos de Lázaro:

Así que amigo de ese Jesús de Nazaret que supuestamente sana a los enfermos, ¿eh? Ni lo vino a ver.
Ese es el que se supone que lo sabe todo y que tiene poder sobrenaturales. Buen amigo.
Ya decía yo que ese no tiene nada.
Es un farsante.
Es un embustero.
Es un canalla.
Es un vividor.
Todo lo que hizo Lázaro y sus hermanas por el, y míralo ahora, tan campante, tan tranquilo.

Entonces Marta, la que siempre estaba ocupada de la cocina y de las cosas terrenales, sale al encuentro de Jesús y lo enfrenta. María, dice la Biblia, se quedó en casa.

Marta le sale al encuentro y le dice: tanto has tardado, has tomado tanto tiempo en llegar que ahora mi hermano, quien era tu gran amigo, está enterrado. Ni siquiera estuviste para el funeral. No sé qué pensar. Realmente me siento sorprendida por tu actitud y tu despreocupación. Si hubieras estado aquí cuando te llamamos, Lázaro estaría con vida.

No entiendo nada.

Tienes tiempo para sanar a los 10 leprosos.
Tienes tiempo para sanar al ciego Bartimeo.
No te importó salir del itinerario para sanar a la mujer con flujo de sangre.

Pero para Lázaro, nooo, no tienes tiempo para Lázaro. En otras palabras, tú eres culpable de la muerte de mi hermano.

Jesús le dice: Marta, tu hermano ha de vivir. ¿Dónde lo enterraste? Muéstrame donde está.

Los vecinos se agolpaban. Toda Betania quería ver lo que Cristo iba hacer ahora que Lázaro estaba muerto.

Todos allí, pero ninguno con fe.
Todos con curiosidad, pero ninguno con esperanza.
Todos con morbosidad, pero ninguno con confianza.
Nadie esperaba un milagro.
Todos esperaban ver a Cristo fracasado y vencido.

No había una mirada de fe, sino una mirada de reproche en los ojos de Marta.

¿No podía Pedro predicar unos díasí
¿No podías apurarte un poco más para llegar a tiempo?
No lo puedo creer.
Ahora, ahora viene al cementerio a ver la tumba.
Ni siquiera tiene flores para adornar la tumba, el fresco este.

Una mirada acusadora en los ojos de esa mujer que tantas veces había preparado la comida,

había preparado el aposento para que descansara el Maestro,
se había esmerado en complacer todos los detalles de la casa para que la estadía fuere lo más placentera posible.

Cristo mira a la multitud, siente las miradas hostiles, oye los pensamientos y ve el rostro triste y acusador de su amiga, Marta.

Se conmueve por dentro. Hay un sollozo en su garganta, una angustia que sube de lo más profundo de su ser y no puede contener las lágrimas y Jesús llora.

Los que estaban presente comenzaron a decir: llora la muerte de su amigo. ¿Llorar la muerte de su amigo? Cristo sabía que era algo momentáneo y que en cuestión de minutos iba a estar otra vez vivo. ¿Porqué llorar por alguien que ha de resucitar en unos momentosí No tiene porqué llorar por algo pasajero.

¿No será que Cristo lloró porque recordaba las enseñanzas que había compartido en esa casa y había explicado las leyes del reino y quien era el y cual era su misión?
¿Es que nadie entendió lo que el había enseñado?
Vieron pero no observaron; oyeron pero no escucharon.
Todas esas enseñanzas de Cristo no habían producido fe en el corazón de los oyentes, en sus amigos más íntimos.
Era un total desconocido, aún para sus amigos más cercanos.

Me atrevo a preguntar:

¿Es Cristo un desconocido para nosotrosí
¿Lo conocemosí ¿Realmente lo conocemosí
¿O en los momentos de prueba nos llenamos de duda y de confusión y de reproche?

Hay los que han invitado a Cristo a que sea parte de su vida hace ya mucho tiempo.
Hay los que han sido fiel a la iglesia por años.
Hay los que han cumplido con todos los requisitos y las ceremonias y los dogmas.
Hay los que leen la Biblia todos los días.

No pregunto eso. Lo que pregunto es: ¿Conoces a Cristo?

Si, lo conozco.

Nació en un pesebre.
Los tres reyes magos,
los camellos,
oro, incienso y mirra.
Sé quien es Jesús.

Si, pero ¿Lo conocesí Porque si lo conoces, entonces puedes descansar en El y depositar tu fe en El, sin importar la circunstancia ni la tragedia que nos toca vivir.

¿ O lo enfrentamos con reprochesí

¿Dónde estabas tu cuando me echaron de mi trabajo?
¿Dónde estabas tu cuando mi hijo comenzó a drogarse?
¿Dónde estabas tu cuando mi hija se emborrachó?

Habían oído la Palabra y visto los milagros. Habían compartido momentos de intimidad y de gozo, pero era un desconocido.

Juan 11:37 ?Algunos de ellos dijeron: ¿No podía éste, que abrió los ojos al ciego, haber hecho también que Lázaro no muriera??

La respuesta es sí. Hay muchas cosas que Jesús puede hacer, pero no las ha de hacer. En la mayoría de las ocasiones, es porque El quiere que cada uno de nosotros las hagamos.

Y Cristo se acerca a la tumba. Era una cueva y tenía una piedra puesta encima, dice la Biblia. Dijo Jesús: Quitad la piedra.

Entonces Marta comienza con sus enseñanzas de biología y de física.

Dijo Jesús: Quitad la piedra. Es que hiede.
Quitad la piedra. Es que no entiendes Jesús, esta situación es diferente.
Quitad la piedra. No se fijen en las apariencias. Sigan las instrucciones.
Quitad la piedra. Es que los demás dicen que ya no hay esperanza alguna.

Es que si no quitan la piedra, no hay resurrección.
Si no confían en mí, no hay victoria.
Si no me obedecen, no hay milagro.
No hay libertad.
No hay provisión.
No hay esperanza.

Por eso, si no quitamos la piedra de nuestra vida, nos convertimos en sepulcros espirituales.

Aunque estamos vivos, somos como un muerto.

Sin visión,
sin esperanza,
sin ganas,
sin futuro,
sin metas.
Vivos, pero sin razón de ser.

Cristo quiere que nosotros tengamos vida y para eso, el requiere que quitemos la piedra. Que quitemos el impedimento, lo que hace imposible que recibamos lo que El nos quiere dar.

Aún la salvación, que es la primera bendición que Dios nos quiere dar, depende de que nosotros quitemos la piedra.

Cristo ha muerto en la cruz por el pecador y no se puede agregar a ese sacrificio perfecto. Ya está todo hecho. Sin embargo, El requiere algo importante de nosotros para ser salvos.

La Biblia nos dice que para ser salvos tenemos que confesar nuestros pecados. Nadie lo puede hacer por nosotros. De hecho, ni Cristo puede confesar nuestros pecados, cada uno de nosotros tenemos que hacerlo por nosotros mismos.

También la Biblia me dice que para ser salvo, yo tengo que creer. Todo aquel que cree en El, será salvo. Eso dice. Sin fe en El no puedo ser salvo.

También la Biblia me enseña que tengo que arrepentirme de mis pecados. Es una piedra que tengo que quitar.

Finalmente, para ser salvo, tengo que recibirlo como mi Señor y Salvador personal.

Esas son piedras que tengo que quitar para que pueda recibir la vida eterna.

¿Qué debo hacer para ser sano? La Biblia me enseña que no solamente Cristo me salva, sino que también por sus llagas fuimos nosotros curados. Su sacrificio en la cruz fue tan completo que incluye un plan de salud. Sus llagas me garantizan mi sanidad.

¿Qué debo hacer? La Biblia me enseña que:

1. Debo acercarme a El con fe.
2. Debo llamar a los ancianos de la iglesia, como nos enseña la epístola de Santiago.
3. Debo ser ungido con aceite.
4. Deben de orar por mí.

Es verdad que Cristo murió por mis dolencias y mis enfermedades, pero yo debo hacer mi parte. Yo tengo que cumplir con los requisitos previos y así recibir sanidad divina.

Así también sucede con el bautismo en el Espíritu Santo. Es un bautismo que viene de lo alto, no es algo humano, sino divino, pero igual hay algo que el hombre debe hacer: debo buscarlo y debo de recibirlo. Si no lo pido y no lo recibo, nunca lo tendré.

Hay algo que tengo que hacer. Debo hacer mi parte.

Dios quiere que nosotros participemos.

Hay varias piedras que debemos remover de nuestras vidas.

La piedra de la incredulidad. Esta es la piedra más horrible y grande que existe. Esta es la piedra que dice: olvídate Señor, has llegado demasiado tarde. Hace 4 días que murió. Ya no hay nada que puedas hacer.

Dios quiere hacer el milagro, pero cuando tenemos esta piedra que impide, ni Dios nos puede tocar. Cuantas veces nos hallamos en tal estado que pensamos que Dios ha llegado demasiado tarde para salvar el matrimonio,

el hijo perdido,
la situación financiera,
esa enfermedad que nos está llevando al cementerio.

Y en vez de remover esa piedra de incredulidad, nos alejamos de Dios y en nuestro dolor de corazón comenzamos a prepararnos para lo peor.
Jesús le dijo a Marta: tu hermano vivirá. Si, lo sé. En el día de la resurrección, dentro de 50.000 años.

Alguien nos dice: confía. Dios te puede ayudar. Si, lo sé. Algún día me ayudará. Algún día querrá ayudarme, me imagino. Eso es fatalismo, no fe. Los que estaban en el cementerio mirando a Jesús, eran todos fatalistas, pero Cristo les pidió que pusieran su fe en acción y quitaran la piedra.

La incredulidad es un pecado muy serio. Creer es el principio de toda relación con Dios. La Biblia dice que debemos que creer que El es. Si no creemos, no tenemos nada en común con Dios.

Hay los que dicen: pastor, lo que pasa es que yo no tengo fe. ¿De quien es la culpa si no tiene fe? ¿Es culpa de Diosí ¿Es culpa de la iglesia? ¿Es culpa de su madre? La culpa es del que no tiene fe, porque la fe viene por el oír, o por lo menos eso es lo que dice Pablo a los romanos.

Oír la palabra de Dios, por supuesto.

No por oír las noticias en la tele,
ni por el oír las tonteras que dicen en los programas de la noche,
ni por oír los chismes de la vecina
ni de la hermana que llama por teléfono a toda la congregación con las últimas noticias de la iglesia,
ni por oír a la geisha chilena,
ni a Bombalett.

La fe viene por el oír la Palabra de Dios. ¿No tiene fe? Lea la Palabra. Escuche la predicación de la Palabra. Asista a la iglesia. ¿O acaso piensa que Dios ha de enviar un ángel con una varita mágica y abracadabra ahora tiene fe?

Si tiene esa piedra que está impidiendo la bendición de Dios para su vida, Cristo hoy le dice: Quitad la piedra.

Otra piedra que es terrible y pesada es la de desobediencia a Dios. Arrogancia, egocentrismo, rebeldía a Dios.

Esta piedra impide que la voluntad de Dios sea hecha en nuestras vidas. Dios nos pide que hagamos algo, que vayamos algún sitio, que digamos algo y le contestamos: no Señor, no quiero.

Quitad la piedra. No Señor, hace 4 días que está dentro y entramos en un argumento con Dios. Llega el momento en que Dios nos dice: ok, está bien. Quédate con la piedra, pero no me pidas que responda tus oraciones.

Todos tenemos una gran batalla con la obediencia a Dios. Todos queremos satisfacer nuestros deseos y presentamos ante Dios nuestros planes y nuestras ideas.

Pocas veces hacemos la pausa para preguntar a Dios cual es su plan o su deseo para nuestra vida y cuando Dios no aprueba nuestro plan o nos indica que tiene uno mejor, más grande, más importante, nos rebelamos contra El.

La única forma de quitar esta piedra es de morir a nosotros mismos y decir: Señor, sea hecha tu voluntad, así en la tierra como en el cielo, como en mi vida. Quiero que tu voluntad se haga en mí.

No vivo yo, mas Cristo vive en mí, dijo Pablo y cuando El dice: este es el camino, por el andad, no tenemos confusión ni discusión, sino obediencia.

El obedecer es mejor que sacrificio. Queremos hacer cosas sacrificadas, pero Dios quiere que seamos obedientes. La obediencia es lo que Dios busca en nosotros, no nuestro sacrificio.

Hay otras piedras como:

Resentimiento,
amargura,
envidia,
malicia,
venganza.

Hay los que han estado apilando estas piedras a la entrada de su corazón de tal manera que es una muralla impasable. Luego nos preguntamos ¿dónde está Diosí ¿Por qué me pasa esto a mí?

En lo mejor de la juventud, tres cosas sucedieron a José:

1.- fue traicionado por sus hermanos,
2.- fue vendido como esclavo por sus hermanos y
3.- fue acusado injustamente de un crimen que no cometió y encarcelado durante 13 años por algo que no hizo.

Eso si que es difícil. Yo creo que no hubiera tenido el valor de seguir con vida. Creo que no hubiera resistido tanto dolor, tanta injusticia. Sin embargo, José se dio cuenta que la mano de Dios estaba en todo lo que le había sucedido y por eso pudo conservar su cordura y su esperanza y se mantuvo libre de toda amargura.

Cuando llegó el momento de enfrentar a sus hermanos, lo pudo hacer mirándolos a los ojos y siendo de bendición.

Si José hubiera guardado en su corazón

Resentimiento,
amargura,
envidia,
malicia,
venganza.

Nunca hubiera llegado a ser el segundo del reino. Hay muchos que no llegan a cumplir con su potencial en el reino de Dios justamente porque no están dispuestos a quitar estas piedras de su corazón. Dios no los puede usar, no los puede bendecir.

Hay piedras de

Circunstancias,
orgullo,
ansiedad,
temor,
depresión,
opresión,
pesimismo,
ira,
tristeza,
duelos interminables,
falta de esperanza,
materialismo, prejuicios,
falta de perdón
y otras piedras más.

¿Cuántas piedras más tiene Ud., apiladas a la entrada de su corazón?

Quite esa piedra de su vida. No sea un sepulcro maloliente para los que están a su alrededor. Sea más bien una fuente de vida y de fragancia agradable a todos los que están cerca y reciba el milagro que tanto espera.

Quite ese pecado, esos deseos carnales. Cristo vino para que tengamos vida en abundancia, no para que estemos llenos de muerte.

Los vivos no viven en sepulcros.

El que es la fuente de la inmortalidad nos dice: el que cree en mí, tiene vida eterna. Y terminó diciendo: venid a mí los que estáis cargados y trabajados y yo os haré descansar.

Cansa llevar piedras. Cansa llevar una carga tan pesada. Causa sed el tener que cargar con tanto peso todos los días de nuestra vida. Cristo nos ofrece refrigerio y descanso. Nos ofrece alivio y perdón.

Cuando la piedra fue quitada del sepulcro de Lázaro, ese sepulcro se llenó de vida y de luz y fue transformado en un lugar de alabanza y de júbilo en vez de ser un lugar de luto y de muerte.

Los que lloraban, cuando esa piedra fue quitada, comenzaron a cantar y reír y alabar a Dios y festejar y dar glorias a Dios. Está vivo! Algo que estaba muerto, ahora tiene vida. Un sitio de muerte se transformó en una cuna de vida.

Y Dios quiere hacer lo mismo en su vida. Quiere transformar esa muerte en vida, esa tristeza en gozo, ese luto y llanto en risa y canto.

Por eso Cristo nos dice hoy: Quitad la piedra.

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Sobre Pastor Carlos Vargas Valdez

Es esposo de la mejor mujer, padre de 2 hijos maravillosos, pastor de jóvenes y director de Desafío Joven. En los últimos 12 años ha trabajado con jóvenes, padres y líderes juveniles. Estudio en Rhema Bible Training Center. Su servicio con la palabra de Dios se ha extendido por más de 27 países en 13 idiomas. Es director ejecutivo y consultor de varios ministerios cristianos, desarrollando conferencias, cursos bíblicos, libros, estudios, devocionales, vídeos y recursos para la vida espiritual.

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