[Jehova Nissi]Oh Dios, ten compasión de mí.

Por tu amor, oh Dios, ten compasión de mí; por tu gran ternura, borra mis culpas. ¡Lávame de mi maldad! ¡Límpiame de mi pecado! Reconozco que he sido rebelde; mi pecado no se borra de mi mente. Contra ti he pecado, y solo contra ti, haciendo lo malo, lo que tú condenas. Por eso tu sentencia es justa; irreprochable tu juicio (Salmo 51,1 – 4).
 
No debemos manifestar con alardes u ostentaciones que somos hijos de Dios (Mateo 6,1 – 6). Vivamos con sencillez de frente a nuestro Padre Dios. No hagamos las cosas para que nos alaben los hombres. Jesús mismo nos indicará en otro momento: Hagan sus obras delante de los hombres de tal forma que al verlas ellos glorifiquen a su Padre que está en los cielos. Sólo esperamos de Dios nuestra recompensa, que será grande en los cielos. Mientras busquemos el aplauso de los hombres, en ese aplauso quedamos recompensados y Dios no tiene ya nada que darnos, pues nos contentamos con la estima de los demás y ser reconocidos por ellos como personas buenas, caritativas, piadosas y sacrificadas. Hagamos el camino hacia nuestra propia Jerusalén; vayamos hacia nuestra propia pascua siguiendo las huellas de Cristo. Tomemos nuestra propia cruz sólo para glorificar al Padre, incluso con la entrega de nuestra propia vida, de un modo silencioso en favor de los demás; como colaboradores en la obra de Dios no desaprovechemos la bondad que nos ha mostrado, porque Él nos dice: En el momento oportuno te escuché; en el día de la salvación te ayudé (Isaías 49,8).

En verdad soy malo desde que nací; soy pecador desde el seno de mi madre. En verdad, tú amas al corazón sincero, y en lo íntimo me has dado sabiduría (Salmo 51,5 – 6).
 
Nuestra unión con Dios a través de la oración nos hará responsables de nuestros hermanos, por quienes ayunaremos para tener con qué socorrerlos. Es entonces cuando nos identificaremos con el Señor que humillándose para hacerse uno de nosotros, nos enriqueció con su pobreza. El que está unido a Cristo es una nueva persona;las cosas viejas pasaron y se convirtieron en algo nuevo. Es la obra de Dios, quien por medio de Cristo nos reconcilió consigo mismoy nos dio el encargo de anunciar la reconciliación; en Cristo Dios estaba reconciliando consigo mismo al mundo, sin tomar en cuenta los pecados de los hombres, y a nosotros nos encargó que diéramos a conocer este mensaje. Este camino de fe no es para que brillemos nosotros, sino para que el Señor siga brillando en el rostro resplandeciente, amoroso, cariñoso, compasivo y misericordioso de su Iglesia. Este camino de fe, sin alardes, sino con amor entregado sin buscar nuestra propia gloria, es el camino de la Iglesia, Esposa del Cordero Inmaculado, que después de su propia pascua, de su propia entrega en favor de los demás, junto con su Señor será presentada por Él ante el Padre como su Esposa bella y resplandeciente, para que esté con Él eternamente.
 
Oh Dios, pon en mí un corazón limpio, dame un espíritu nuevo y fiel. No me apartes de tu presencia ni me quites tu santo espíritu. Hazme sentir de nuevo el gozo de tu salvación; sostenme con tu espíritu generoso, para que yo enseñe a los rebeldes tus caminos y los pecadores se vuelvan a ti (Salmo 51,10 – 13).
 
Recapacitemos acerca de la sinceridad y de la seriedad con que estamos viviendo nuestra fe. Tal vez nosotros mismos hemos sido los causantes de muchas catástrofes, inseguridades, desequilibrios y sufrimientos a nivel local, o por lo menos en el seno familiar. Dios nos pide más congruencia a nuestra Alianza Bautismal en la que Él se comprometió a ser nuestro Padre y nosotros a ser sus hijos, y a comportarnos como tales, trabajando por su Reino. Renovemos esta Alianza que se sella con su sangre, y que siga resonando en nuestros oídos y en nuestro corazón la parte de la Alianza que nos corresponde vivir: Amarnos los unos a los otros como el Señor nos ha amado. Ahora es el momento oportuno, ahora es el día de la salvación (2 Corintios 6,2).
 
¡¡¡Las ofrendas a Ti, oh Dios, son un espíritu dolido; tú no desprecias un corazón hecho pedazos. Padre celestial, quiero renovar mi entrega y comprometerme aún más contigo para recibir la vida que Tú nos prometiste!!!                                                                                                                                           
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Sobre Pastor Carlos Vargas Valdez

Es esposo de la mejor mujer, padre de 2 hijos maravillosos, pastor de jóvenes y director de Desafío Joven. En los últimos 12 años ha trabajado con jóvenes, padres y líderes juveniles. Estudio en Rhema Bible Training Center. Su servicio con la palabra de Dios se ha extendido por más de 27 países en 13 idiomas. Es director ejecutivo y consultor de varios ministerios cristianos, desarrollando conferencias, cursos bíblicos, libros, estudios, devocionales, vídeos y recursos para la vida espiritual.

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