Matrimonio Cristiano – Casados y felices

Casados…  ¡y felices!       


por Sixto Porras

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Estar casados es una invitación a algo mucho más profundo que simplemente convivir juntos en una misma casa.  Tres ingredientes claves pueden convertir la relación con su cónyuge en una aventura sin igual.

Llegamos al altar colmados de ilusiones y con fuertes deseos de que esa vida en pareja que iniciamos resulte espléndidamente bien.  Sin embargo, los que adquieren ese compromiso emprenden esa aventura en un mundo que ya no cree en el matrimonio.

Mi amigo, el periodista Edgar Silva, me preguntaba: «Sixto, ¿cómo es el matrimonio?» Yo le contesté: «es bellísimo».  A lo que me respondió: «sos la primera persona que no me afirma que, al casarme, me estoy echando la soga al cuello.  ¡Qué bueno es oír a alguien que habla con esperanza del matrimonio!» Sinceramente deseo que usted alcance éxito en su matrimonio.  Mi esposa y yo hemos gozado veintiún años de casados.  Conozco a Helen y ella a mí.  Confío en ella y ella en mí.  Ella ha conseguido que lo mejor de mí salga a la luz, y yo espero también haber estimulado lo mejor de ella.  Lo que yo soy ahora se debe, en gran parte, a lo que ella ha sembrado en mí.  Cuanto más transcurre el tiempo más crece nuestro amor.  El anhelo de nuestro corazón es envejecer juntos, con el disfrute pleno de esta maravillosa aventura, nuestro matrimonio.

El matrimonio hoy enfrenta la amenaza de los conceptos mal formados y tergiversados que nuestra cultura formula acerca de él.  Esos conceptos se expresan en frases como estas: «si no da resultado, podemos separarnos», «te prometo que estaremos juntos siempre…  mientras siga enamorado», «lo lamento, pero ya no te quiero y por eso, esto debe terminar».  Afirmaciones como estas ¡destruyen las relaciones!  Incluso, ahora, Hollywood está vendiendo una nueva versión del matrimonio, la cual ofrece un contrato con cláusula de ruptura: «Si nos separamos, deberás pagarme una indemnización y devolverme mis bienes».  ¡Qué error¡ El matrimonio es una relación que nació para que dure para siempre.  No quiero que se confunda con lo que he afirmado.  El amor no es algo que simplemente ocurre.  El amor lleva de la mano el compromiso.

El amor es el resultado de una decisión que se sostiene a través del tiempo por un compromiso asumido.  El amor deberá prevalecer sobre las muchas aguas tumultuosas y sobreponerse a los muchos desánimos.  Durante el noviazgo el amor es completamente espontáneo y automático.  Más bien es necesario andar con el «freno de mano», pues los muchachos lo quieren experimentar todo.  En el matrimonio, sin embargo, el amor necesita ser cultivado, protegido y aun deseado.  Es el fruto de un proceso deliberado de ejercitación diaria que lo mantiene vigoroso y hermoso.  Quisiera hablar, en este artículo, de tres ingredientes que son muy importantes para un matrimonio que perdura y crece a lo largo de los años: la amistad, el compromiso y la comunicación.

Primer ingrediente: amistad

En un estudio publicado se entrevistó a centenares de parejas que han tenido matrimonios consolidados.  A cada uno se les preguntó cuáles consideraban ellos que eran las bases del éxito de su matrimonio.  De los treinta y nueve elementos que identificaron, la gran mayoría ubicó en el primer lugar la amistad.  Algunas de las frases que se escucharon una y otra vez fueron: «mi cónyuge es mi mejor amigo»; «me encanta mi pareja como persona».  ¿Puede usted afirmar que ocurre lo mismo en su propio matrimonio?  ¿Es su cónyuge su mejor amigo?  ¿Le ha permitido usted llegar hasta su corazón?  ¿Se muestra usted amigo con su pareja?  ¿A quién llama cuando le ocurre algo verdaderamente importante?  ¡Espero que sea a su pareja!
Francamente, si usted no quiere ser amigo de su cónyuge está perdiendo su vida.  La amistad se desarrolla a partir de la confianza que crece en medio del respeto mutuo, el tiempo compartido y el deseo sincero de estar juntos.  Yo debo querer estar con Helen, debo anhelarlo, y debo inspirar confianza en ella para que desee ser mi amiga.  Un amigo es alguien con quien usted se siente bien, cuya compañía disfruta.  Pueden trabajar y jugar juntos.  Es aquella persona en quien sin reservas deposita su confianza.  Es también un confidente.  Y alguien a quien respeta y lo respeta a usted.  ¿Cómo crecer en la experiencia de ser amigosí  Le ofrezco algunos consejos prácticos:

1.Memorias compartidas

Una de las maneras en que crece la amistad es recordar periódicamente aquellos momentos especiales que marcaron sus vidas cuando eran solo amigos.  Recuerden juntos las situaciones que vivieron cuando empezaban a conocerse.  ¿Qué convertía en especial esos encuentrosí  ¿Qué producía la magia en el ambiente cuando hablaban y no querían que esa tertulia llegara a su fin?  ¿Qué ocurría en medio de ustedesí  ¿Acaso no era la confianza que crecía porque el otro lo escuchaba sin recriminar, ni acusar, ni señalar?  Lo vivido en esos tiempos nos dará importantes pistas para entender los fundamentos que sostienen particularmente nuestra amistad.

2.Detalles cultivados

Préstenle atención a los detalles como las salidas en pareja, las sorpresas, las experiencias que, aun siendo pequeñas, aportan una cuota considerable a la riqueza que comparten juntos en su matrimonio.  La intención detrás de estos detalles es lo que verdaderamente proporciona gozo a nuestra pareja.  En cierta ocasión cuando regresaba a casa, se me ocurrió llevarle un pequeño presente a Helen.  No celebrábamos nada, pero quería sorprenderla.  Pasé por una floristería y encontré justo lo que estaba buscando: una preciosa rosa, fresca, aún con pequeñas gotas de agua, empacada delicadamente en una caja transparente.  Pensé: «voy a quedar súper bien con Helen».  Cuando llegué a casa saqué la cajita con la rosa, y se la presenté a mi esposa.  Ella reaccionó feliz ante la sorpresa, e inmediatamente buscó un florero.  Cuando sacó la rosa de la caja, sin embargo, no pudo evitar soltar la risa.  «¿De qué te ríesí» —le pregunté.  «Mi amor —me respondió—, ¡es artificial!» «Pero se veía tan perfecta» —le comenté.  «Justamente, cuando son tan perfectas, no son verdaderas» —me explicó.  A pesar de mi vergüenza, supe que el gesto igualmente fue importante.  Cultivar esos detalles no demanda mucho dinero.

3. Admiración expresada

Si busca ver crecer la amistad entre ustedes, nunca pierda la capacidad de admirar a su pareja.  Con el tiempo, inevitablemente los cambios llegarán a sus vidas.  Algunos perdemos el pelo.  Otros comienzan a peinar canas o a almacenar kilos.  Vendrá la época en que el paso de los años no se podrá disimular.  En medio de esas alteraciones físicas, sin embargo, la admiración crece porque la aceptación resulta cada vez más fuerte.  Deja de ser importante lo superficial, lo externo, para que sea importante lo que está en lo profundo, lo auténtico y que trasciende a la eternidad.  Jamás se permita dejar de admirar a su pareja.

4.Intereses compartidos

Los amigos también comparten intereses comunes.  Poseen un alto sentido de cooperación mutua.  No se trata de que uno de los dos sirva al que permanece sentado en espera de recibir.  En esta sociedad llamada matrimonio a nadie se le ha dado el rol exclusivo de servir.  Los dos nos servimos mutuamente, nos cuidamos y nos ayudamos en todo.  La amistad no consiste solamente en conversaciones intensas.  Es creer que podemos aceptarnos, compartir intereses, desarrollar proyectos juntos y también valorar los proyectos personales del otro.  En una verdadera amistad el uno no anula al otro.  Esta es la clase de amistad que hace que el matrimonio persista a través del tiempo.  Amistad es asumir el compromiso de aportar para la felicidad del cónyuge, sin perder las características particulares de nuestra identidad y la propia valoración.  Dar no es anularse.  Es sinónimo de identificación, aprecio, comprensión y valoración.  Estoy convencido de que nos quedamos satisfechos con una definición muy limitada de lo que significa «y serán una sola carne» (Gn 2.24).  La frase indudablemente indica que la pareja dejará a padre y madre y los dos se unirán para formar una nueva unidad.  Pero esta unidad no significa que ella debe renunciar a sus proyectos para construir solo los míos.  Significa que nos unimos y seguimos manteniendo nuestra individualidad, personalidad y valoración.  El pacto de amor que hemos asumido me permite ahora afirmar que lo de mi cónyuge es importante.  De hecho, mi compromiso es esforzarme para que sus sueños y deseos se cumplan.

La amistad y el amor promueven la individualidad.  No se relaciona en nada a uniformarnos, ni a obligar al otro a que abandone lo que piensa.  La amistad abre la puerta para que cada uno deje participar a su cónyuge de sus intereses.  Esto obliga a guardar el equilibro entre la unión y la individualidad.  En cuanto uno de los dos deja de ser la persona que es, la muerte del matrimonio se aproxima.  Por esto, el matrimonio que realmente perdura genera el espacio para que cada uno continúe siendo quien es.  El amor no anula las costumbres ni las individualidades, sino que acepta a la otra persona tal como es.

5.Sacrificio practicado

El amor sin el sacrificio y la negación, cuya consistencia se limita a las palabras, es pura espuma.  El legítimo amor sufre.  Espera a la persona que va más lento, acepta a la otra, sin obligarla a ser como yo soy lo que también implica cierta cuota de sufrimiento.  El verdadero amor, el que dura, es generoso, respetuoso, dedicado y comprensivo. 

El segundo ingrediente: compromiso

El amor es un compromiso incondicional en el que dos personas concuerdan.  Comprometerse entraña la disposición de cumplir lo pactado.  A diferencia de un contrato, el pacto se fundamenta en la libre voluntad de los que adquieren la obligación.  Esta relación no puede apoyarse en las emociones, porque fluctúan y dependen de las circunstancias.

En algunas ocasiones pueden ser muy intensas y muy débiles en otras.  En una guerra, por ejemplo, muchos soldados afirman que están dispuestos a sufrir para asegurar el bien de sus familias.  No obstante, cuando regresan a sus hogares, muchas veces esos mismos soldados son los que agraden, lastiman, abandonan o menosprecian a sus seres queridos.  En situaciones adversas, las emociones positivas aumentan y se defiende el amor.  En medio de las diferencias y los desacuerdos, sin embargo, las emociones se tornan frías.  Algunos sostienen: «cuando desaparece el amor, todo termina».  El amor, no obstante, no termina cuando las emociones se mueren, porque las emociones engañan.  Recuerdo que, aún siendo niño, mi papá me disciplinó por algo que hice.  En ese momento pensé: «¡que se muera!».  Dos minutos más tarde, sin embargo, me retractaba: «mejor que no se muera, porque entonces me quedo sin papá».  ¿Eran confiables esos sentimientosí  ¡Claro que no!  Eran el resultado de emociones encontradas.  Necesitamos aprender a leer correctamente nuestras emociones.
En algunos momentos, en nuestro matrimonio, aflorarán en nosotros sentimientos extraños y desagradables; incluso, en ocasiones, desearemos salir corriendo.  ¡No le haga caso a esas sensaciones!  El amor legítimo prevalece en medio de las emociones que suben y bajan.  Y cuando usted se da la oportunidad de pasar, sin ahogarse, por el río turbulento de las emociones encontrará, al otro lado, las sensaciones más preciosas, fruto de entender que el amor es una decisión que se mantiene a través del tiempo basada en el compromiso.

El compromiso es una promesa o voto que confiere obligación.  De esta verdad surgen los dichos como «quien se casa se pone la soga al cuello».  Matrimonio, no obstante, no es yugo, porque la obligación de esta promesa no es por imposición sino por voluntad propia.  La obligación del matrimonio no representa pérdida de libertad.  El compromiso le otorga valor a la palabra que empeñé.  Es un voto que se traslada a la conducta y que debe prevalecer sobre toda diferencia, dificultad y adversidad.  Es precisamente en el ejercicio de mi libertad que decido amar cada día.  ¡Nadie está condenado a amar!  Cada uno elije amar todos los días.  Usted no es fiel porque está casado.  Usted es fiel porque ha empeñado su palabra, porque es libre para decidir.

Hace algún tiempo, de viaje en algún país, luego de recoger mi equipaje y pasar por aduana, tomé un taxi.  Aún no habíamos salido del aeropuerto cuando el taxista me propuso: «oiga; ¿quiere una mujer para esta noche?  Le ofrezco una bonita; es barata y hace todo lo que usted le pida?» ¡Qué oferta!, ¿verdad?  Estaba solo, en un país extraño y tenía tres días para disfrutar.  Le contesté: «Muchas gracias por su ofrecimiento, pero soy casado».
El hombre inmediatamente contestó: «¿Qué tiene?  Todos vienen a lo mismo aquí».  Yo le respondí: «Mi esposa se llama Helen.  Tengo dos hijos: Daniel y Esteban».  Y así comencé a hablarle de mi preciosa familia.  Sencillamente estaba ejerciendo mi libertad de elegir.  Cuando engaño, no engaño a otro sino a mí mismo.  La conciencia no incomoda a otra persona, sino a su dueño.  Asimismo, cuando soy fiel, lo soy para conmigo mismo, y lo decido así porque soy libre.  La persona que pierde la libertad pierde la capacidad de amar.  El día que usted se sienta obligado a amar porque porta un anillo, pierde su libertad.  Usted se obliga porque es libre, porque un día dio su palabra y eso exige compromiso.

Si usted capta la esencia de este concepto usted será capaz de amar intensamente.  Al contarle al taxista de mi familia estaba invitando a Helen y a mis hijos a viajar conmigo en el taxi.  Estaba valorando lo que más aprecio, mi familia.  Continué hablando, «llevo trece años casado.  Sueño vivir con mi esposa al menos cincuenta años más.  ¿Se imagina usted lo que va a significar que estemos juntos el día que nuestros hijos se casen?  Mi sueño es verlos crecer y llegar a ser abuelo, estar allí cuando mis nietos nazcan.  Quiero contarles cómo era el siglo XX y que ellos me pregunten: “Abuelo, ¿qué era esa máquina rara que está en el museo, que se llama fax”» Concluí con esta explicación: «Señor, puedo pasar tres días emocionantes con la dama que usted me ofrece, pero he decidido ser fiel.  No soy fiel porque mi esposa esté o no esté presente, sino por convicción propia».  Esta actitud le permite caminar por la vida con la frente en alto.  La infidelidad genera angustia y temor.

Comprometerse es la disposición de seguir adelante a pesar de las decepciones y las fallas.  Descubrimos que el amor prevalece sobre las diferencias, las desilusiones y aun sobre los cambios físicos.  Un día me contaron de una persona, mal educada, que le reclamó a su cónyuge: «Yo me casé con mujer delgada.  ¡Ahora eres una gorda!» ¿Acaso él no se ve en el espejo?  Ahí no existe compromiso sino egoísmo.  El compromiso acepta al otro tal cual es, pues prevalece aun sobre el paso del tiempo.  Comprometerse es más que soportar.  Es aceptar a la persona con sus costumbres, defectos y metas.

Cuando yo acepto me permite ser más tolerante y me resulta más fácil vivir una vida de compromiso.  Yo he cambiado mucho, porque Helen se ha esforzado en sacar de mí lo mejor.  En lugar de imponerse, me instruye.  Ella también ha cambiado, porque sabe que yo la acepto.  ¿Quiere observar cambios en la otra persona?  Acéptela, admírela y concéntrese en sus fortalezas en lugar de estar destacando las cualidades que no ve en ella.  Exprese con palabras los aspectos bellos que identifican su carácter, aquellos que cautivaron su corazón la primera vez que se conocieron.  Comprometerse es aferrarse a la convicción de que nuestra relación crecerá en las buenas y en las malas, en riqueza o en pobreza, en salud o en enfermedad.  En el libro Cómo hallar el amor de tu vida, el autor afirma: «El compromiso alivia significativamente el miedo que todos tenemos al abandono».  El miedo a que nos dejen es uno de los más intensos y es por eso que la vida matrimonial representa para nosotros un desafío permanente.  Solo la podrán superar aquellos que verdaderamente se sienten libres.  El compromiso facilita que la relación se afirme y otorga libertad para ser uno mismo.  Crea el espacio necesario para expresar, sin miedo, los sentimientos y pensamientos más escondidos en nuestros corazones.

El tercer ingrediente: comunicación

La comunicación es más que el deseo de hablar y escuchar; debe incluir la disposición de lograr objetivos y metas comunes.  Cuando nosotros iniciamos el proyecto de construir nuestra casa varios amigos nos anunciaron: «eso sí que pone a prueba el matrimonio.  Es un terrible desafío.  Muchos sufren sus peores peleas en este tiempo y algunos hasta se divorcian».  Por esto, decidimos ponernos de acuerdo.  Yo le dije a mi esposa: «¿qué te parece si tomamos cada decisión por consenso?» Con el pasar de los años yo he descubierto los dones de Helen.  Ella es la que hace los negocios, y resultan muy bien.  Sabe conseguir buenos descuentos.  Sus elecciones son acertadas, porque elige entre cincuenta alternativas.  No es mi caso.  ¡Yo siempre elijo lo primero que me ofrecen!  En el matrimonio debemos buscar palabras positivas, abundantes, personales, y amorosas.

Positivas, porque siempre voy a hablar bien de la persona que amo, en su presencia o ausencia.  Abundantes, porque voy a esforzarme en reconocerla con palabras, con miradas y con gestos.  Personales, porque existe un código de comunicación en cada pareja que debe pertenecer solo a ellos.  Un cruce de miradas, un gesto con una mano, un movimiento de pie.  Amorosas, porque estas palabras deben partir de un corazón respetuoso, honesto fiel y perdonador, pues la ira, el enfado, el enojo y el dolor, deben dar paso a la reconciliación y al perdón.
La comunicación también implica un compromiso con la honestidad.  Decir siempre la verdad garantiza relaciones sólidas, inspira confianza y permite un conocimiento profundo de la otra persona.  Diga la verdad con gentileza y amabilidad y consideración.  Comuníquese cuando se sienta triste, no comprendido, cansado.  Surgen momentos en los que guardar silencio simplemente se presta para la confusión.

Comparta sus temores.  Cuando comparto mis miedos estoy más cerca de la persona que amo.  Comparta sus frustraciones, las que vienen cuando no entendemos lo que nos ocurre.  Converse con su cónyuge, ella puede ayudarlo a sobrellevar la carga.  Abra su corazón ante la otra persona y sea sincero en sus palabras.  Escuche sin juzgar y criticar aun cuando no está de acuerdo.  Escuchar y pensar antes de hablar, es un gesto de consideración que determina madurez, respeto y valoración.  Conclusión Establecer un buen fundamento para el matrimonio es necesario para alcanzar y mantener el éxito del mismo.

Si usted guarda asuntos sin resolver, resuélvalos.  Si no ha logrado perdonar, perdone.  Si necesita replantear la construcción de su matrimonio, empiece a partir de saberse una persona capaz de sostener en el tiempo la palabra que un día empeñó.  ¡Qué hermoso poder confesar que, con el paso del tiempo, este amor creció y está más vivo que nunca!

Si lo hemos cultivado y protegido, trabajando por ser amigos y compañeros, el amor será cada día más intenso y deleitoso.  Este tipo de amor nunca deja de ser.

El autor, un reconocido conferencista internacional, ha producido más de 5000 programas radiales y televisivos sobre temas relacionados a la familia.  Es el actual Director de Enfoque a la Familia para América Latina.  Vive, junto a su esposa Helen y sus dos hijos varones, en San José, Costa Rica.  ©Apuntes Pastorales XXIV-4, todos los derechos reservados.

Fuente : Desarrollo Cristiano



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Sobre Pastor Carlos Vargas Valdez

Es esposo de la mejor mujer, padre de 2 hijos maravillosos, pastor de jóvenes y director de Desafío Joven. En los últimos 12 años ha trabajado con jóvenes, padres y líderes juveniles. Estudio en Rhema Bible Training Center. Su servicio con la palabra de Dios se ha extendido por más de 27 países en 13 idiomas. Es director ejecutivo y consultor de varios ministerios cristianos, desarrollando conferencias, cursos bíblicos, libros, estudios, devocionales, vídeos y recursos para la vida espiritual.

2 comentarios

  1. “HN” , gracias por compartir con nosotros tu felicidad !! para nosotros es motivo de gozo y regocijo , cuando una parte del cuerpo esta feliz todo el cuerpo se goza con ella .

    Dios continué enseñándonos a todos en esta vida en común llamada Matrimonio para toda la vida y que la sabiduría de Dios resplandezca en nosotros cada para poder reconocer a la persona que Dios asigno para nosotros , es mi deseo y oración para todos nuestros amigos de DEVOCIONALES CRISTIANOS .Bendiciones Miles siempre!!

    Y no olviden esto : “AMOR TAMBIÉN ES ELEGIR A UNA PERSONA Y VOLVERLA A ELEGIRLA TODOS LOS DÍAS”

    Nuevamente gracias HN por escribir .

  2. Agradezco en gran manera la informacion que se encuentra en este espacio sobre el matrimonio. yo creo en el matrimonio y se que Dios ha guiado mis pasos a mi ayuda idonea. cada dia busco mas y mas la mejor manera de que tanto mi futura esposa “D S” y yo vivamos felizmente enamorados sirveindo siempre a DIos. No quiero que perdamos en ningun momento la admiracion el uno por el otro… deseo que nuestra amistad, confianza y todo eso que nos ha unido y que ha hecho nacer en nosotros este cada vez mas hermoso amor crezca mas a cada instante… mi compromiso con ella no inicia en el altar… mi compromiso con ella y con Dios de amarla, cuidarla y ser de bendicion para ella esta desde el primer momento que ore a DIos para que me llevara a ella…. por fin la encontre y estoy muy agradecido con DIos por guiarme a ella, con ustedes por aconsejarme y con ella por decidir tambien amarme 🙂 se que todo esto proviene de Dios 🙂

    “H N”

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