Aborto – QUIENES MUEREN EN CADA ABORTO? Y TESORO BIBLICO

Hola mis amados:

Es un tema el siguiente polémico, porque el mundo y sus gobernantes piensan muy diferente a lo que ha dicho Dios con respecto a no matar y al ser humano en general, por eso que nosotros seamos los voceros principales en contra del aborto en donde vivimos, compartamos este mensaje con hombres y mujeres que hayan pasado por esto y sepan que Dios es perdonador y que esta dispuesto a sanar las heridas que esto ha provocado en sus vidas, que ellos sean voceros para detener esta ola de muertes de infantes y que no se vierta mas sangre inocente en este planeta, esto trae consecuencias funestas y solo depende de nosotros el evitar que siga sucediendo.

¿QUIÉNES MUEREN EN CADA ABORTO?

Por: Fernando Pascual En todo aborto muere más de un ser humano.  Sí; en el aborto, aunque muchos cierren los ojos, no sólo muere el hijo (pequeñito, quizá minúsculo) que vivía en un lugar caliente y seguro.  Muere un poco, y no sólo un poco, el corazón de una madre.  Muere, o queda gravemente herida, la vocación de un médico o de algún enfermero.  Estaban llamados a servir y proteger a los débiles y un día, quién sabe por qué, empezaron a practicar abortos.  Muere también la conciencia de la sociedad, que quizá permite legalmente el que inocentes, embriones o fetos indefensos, puedan ser eliminados.

Lo mejor que podemos hacer para ayudar a una mujer que ha abortado es ayudarle a decir abiertamente lo que siente, sin miedo.  Ha permitido, ha provocado, la muerte del hijo.  ¿Todo termina ahí?  No; todo comienza ahí.

El inicio de una purificación de la conciencia, de un cambio radical, se produce cuando llamamos a las cosas por su nombre, cuando reconocemos nuestras responsabilidades, nuestros defectos, nuestros delitos.  El mundo está lleno de ladrones que no sólo creen que son inocentes, sino que incluso presumen de sus grandes "hazañas".  El mundo está lleno de políticos que no dudan en hacer trampas para ocupar un cargo público, y que incluso consideran que esto es parte del "sistema".  Pero cuando un ladrón, un día de sol o de lluvia, reconoce abiertamente, con sencillez, que ha cometido un robo, que ha sido injusto, puede rescatarse para la sociedad, puede empezar a cambiar a fondo.

En la actualidad, nos encontramos con países y gobiernos que han cerrado los ojos al drama del aborto, a su condición de crimen de seres inocentes.  En algunos lugares se ha establecido todo un sistema de leyes, de procedimientos médicos, incluso de asistencias psicológicas, para que el aborto pueda ser llevado adelante sin grandes traumas.  Mientras, su verdad dramática queda oculta, incluso con toda una terminología que llega a convertir al hijo en "producto de la concepción", un "preembrión" o un conjunto de células sin mayor valor que el que pueda tener una verruga en la cara.

Lo que nos está pasando ha ocurrido en otros tiempos.  Ha habido sociedades enteras que han aceptado y practicado delitos que hoy nos llenan de dolor.  La esclavitud es un botón de muestra: millares de esclavos han sido vendidos y usados como objetos, han visto humillada su dignidad, han muerto como animales en barcos de transporte.  Todo un sistema legal "regulaba" una estructura de violencia, en la que hasta existían normas que, si eran incumplidas, se convertían en un delito dentro del delito.

Con el aborto pasa algo parecido: en algunos países "civilizados" se establecen normas legales, módulos de inscripción, consultorios.  Las leyes dictaminan si el aborto se puede hacer antes o después de los tres primeros meses de embarazo, bajo qué condiciones, con qué equipo médico.  Mientras, detrás de las sábanas y de los bisturís esterilizados, se consuma silenciosamente, injustamente, la eliminación de los más pequeños miembros de nuestra especie humana.  Pero mil leyes no pueden convertir en derecho (algo recto, algo justo) lo que es un delito.  Ni pueden acallar esa voz interior que susurra, a veces que grita, que ese niño, que ese hijo, tenía derecho a vivir.

Es tortura psicológica ignorar el sufrimiento de la madre que ha abortado.  Es injusticia no permitirle el desahogo de las lágrimas y el consuelo de la verdad.  Porque la verdad no está solamente en declarar su culpa, sino en iniciar su victoria.  Si, además, tiene fe, podrá descubrir que Dios no la condena, sino que la comprende y la acoge como nadie puede hacerlo.  Sólo Dios es capaz de limpiar las heridas más profundas del corazón humano.

También la sociedad de algunos países necesita quitarse escamas y descubrir un sistema de muerte y de injusticia que ha sido "reglamentado".  Es urgente hacerlo ya, para que nuestros hijos no nos acusen de cobardes ni lleguen a pensar en que fueron "afortunados", pues pudieron escapar a un sistema criminal que admitió la muerte, quizá, de alguno de sus hermanos.  Los mismos médicos necesitan limpiar sus conciencias y construir, como lo han hecho millares de colegas, un mundo de justicia y de salud, donde nadie, aunque tenga defectos genéticos graves, pueda ser excluido de la sociedad.

La lucha contra la discriminación no termina con la supresión del racismo.  Hay discriminación cuando niños no nacidos, tal vez marcados por alguna enfermedad o defecto genético, o simplemente hijos de familias pobres o de mujeres solteras, son excluidos del mundo de los vivos, precisamente por quienes podrían ayudarles a un nacimiento digno e higiénicamente seguro.  Hay discriminación cuando una pareja decide abortar al feto porque es niño (y querían una niña), o porque es niña (y querían un niño).  Las feministas no pueden callar ante los abortos discriminatorios.  Los "masculinistas" tampoco.

Se habla mucho de "salud reproductiva".  Por desgracia, detrás de esa fórmula muchos defienden un presunto y falso "derecho al aborto" cuando un embarazo no es querido o no es conveniente.  La verdadera "salud reproductiva" es la que respeta a todos los vivientes.  También al que no ha nacido.  Lo contrario es, simplemente, discriminación e injusticia.  Y no la queremos para nadie, aunque sólo tenga unos pocos milímetros en el seno de su madre.
Fernando Pascual

ESCRITURA:
"Este es el día que hizo Jehová; nos gozaremos y alegraremos en Él" (Salmos 118:24).
TESORO BÍBLICO:
¿Alguna vez ha escuchado a alguien decir: "El tiene más tiempo que yo."?  Bueno, eso no es verdad.  Nadie tiene más tiempo.  Hay sólo 86.400 segundos en un día.  Nadie tiene más tiempo que ese.  Ni aun ese hombre en Suiza con un reloj que cuesta $7 millones de dólares, de acuerdo a un artículo, posee ni un segundo más de lo que usted tiene.  Usted tiene un día que Dios lo hizo.  Es un regalo de Dios.  Por eso se le llama "presente".  Cada mañana Sus misericordias son nuevas.  Cada día Dios le da suficiente tiempo para aprender, suficiente tiempo para trabajar, suficiente tiempo para reír, suficiente tiempo para amar.  Él le da suficiente tiempo para hacer, con total gracia, todas las cosas que Él quiere que usted haga.  Es un regalo.  ¿Qué clase de administrador de ese regalo es usted, hoy?

Aunque el día tiene el mismo numero de horas, minutos y segundos vemos que no alcanza para lo que hemos decidido hacer, por esa razón es que debemos invertirlo bien y en lo edifica, es bueno y traerá frutos agradables, pero depende solo de que tan buenos administradores seamos de ese regalo que Dios nos ha dado en Su infinita Misericordia que es nueva cada día, por tanto que al ir a dormir veamos que lo que hicimos fue lo mejor y que disfrutamos de ese regalo que Dios nos ha dado y somos agradecidos con El por dárnoslo en Su amor.

Los amo y bendigo en Jesucristo.

MAGNOLIA.

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Sobre Pastor Carlos Vargas Valdez

Es esposo de la mejor mujer, padre de 2 hijos maravillosos, pastor de jóvenes y director de Desafío Joven. En los últimos 12 años ha trabajado con jóvenes, padres y líderes juveniles. Estudio en Rhema Bible Training Center. Su servicio con la palabra de Dios se ha extendido por más de 27 países en 13 idiomas. Es director ejecutivo y consultor de varios ministerios cristianos, desarrollando conferencias, cursos bíblicos, libros, estudios, devocionales, vídeos y recursos para la vida espiritual.

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