Devocionales Cristianos – La fortaleza de la vanidad

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Los zapatos rojos

Había una vez, una niña hermosa y muy pobre, tanto, que no tenía zapatos. La viuda del zapatero se conmovió de su situación y le confeccionó unas zapatillas rojas con dos viejas tiras de paño colorado.  Karen, que así se llamaba, recibió las zapatillas el día que enterraron a su madre. Y aunque no eran adecuadas para el luto, se las puso, pues no tenía otra cosa. Cuando estaban en el cementerio, una anciana adinerada vio a la niña y se apiadó de ella. Pidió al cura que le permitiera criarla.  Karen creía que todo se lo debía a las zapatillas rojas, pero a la dama le parecían horribles y los tiró. La niña aprendió a leer, coser y recibió nuevos vestidos.

Un día pasó por el pueblo la reina, acompañada por su hija. La joven princesita salió al balcón de palacio para saludar al pueblo. Se veía hermosa con su vestido blanco y sus zapatos rojos, y Karen estaba admirada de aquellos zapatos.

Cuando vino la edad de la confirmación de Karen, la anciana mandó hacer un nuevo vestido y quería comprarle zapatos nuevos. Fueron al mejor zapatero de la ciudad, en sus vitrinas, tenía zapatos y botas, todos preciosos, pero la anciana tenía poca vista y no los apreciaba. Entre los zapatos que se exhibían, había un par de color rojos, exactamente iguales a los de la princesa. Eran de charol, muy brillantes. Como le quedaban bien, la anciana se los compró, pero de haber sabido que eran rojos, jamás habría consentido en permitir a la niña asistir a la confirmación con zapatos de semejante color.

Pero como la mujer nada sabía, Karen fue a su confirmación con los zapatos rojos. Todo el mundo le miraba los pies, y la niña sólo pensaba en su calzado todo el tiempo, sin atender al bautismo, ni al cura. Cuando la señora se enteró de que los zapatos de la niña eran rojos, se molestó mucho. Ordenó que desde entonces, la niña llevaría zapatos negros a la iglesia, pues los zapatos rojos eran contrarios a la modestia.

Al siguiente domingo, la niña desobedeció a la anciana y llevó sus zapatos rojos. Cuando llegaban a la iglesia, se cruzaron con un viejo soldado con muletas y una larga barba roja, que le dijo: – ¡Qué preciosos zapatos de baile! Ajústatelos bien cuando bailes.  Entraron en la iglesia y todos los presentes miraban los pies de la niña, y ella estaba absorta en sus pensamientos, concentrada en su calzado rojo, tanto que olvidó cantar el salmo. Cuando salieron, mientras abordaban el carruaje, el viejo soldado exclamó: – ¡Qué preciosos zapatos de baile! Y la niña no pudo resistir la tentación de bailar y cuando empezó, no pudo parar, como si los zapatos hubiesen tomado el control sobre sus piernas. El cochero debió subirla en brazos al coche, pero los pies seguían bailando. Finalmente, pudo quitarse los zapatos.

Al llegar, la anciana mandó guardar las zapatillas, pero la niña no podía evitar contemplarlas de cuando en cuando. Cierto día, la señora cayó gravemente enferma y la pequeña debió cuidarla y así lo hizo. Pero cuando se enteró que habría un gran baile en la ciudad, sintió grandes deseos de ir. Como la anciana estaba desahuciada, Karen pensó que no empeoraría la situación si concurría con sus zapatos rojos. Se puso los zapatos y llegó al baile y comenzó a bailar, pero los zapatos hacían su voluntad. La llevaron hasta la calle y bailó sin parar hasta salir de la ciudad, alcanzó un bosque donde vio brillar una luz y se acercó bailando. Era el viejo soldado de barba roja, que nuevamente exclamó: -¡Qué hermosos zapatos de baile! La joven sintió miedo y trató de quitarse los zapatos, pero no pudo más que arrancarse las medias. Siguió bailando por campos y valles, al sol y bajo la lluvia, de noche y de día. Llegó hasta el cementerio, pero no pudo reposar, siguió hasta la iglesia donde había un ángel en la puerta, con una espada en la mano, que le decía: – ¡Bailarás en tus zapatos hasta que estés muerta! De puerta en puerta, para que los niños vanidosos te vean y sientan miedo.

¡Piedad!- suplicaba la pequeña, mientras los zapatos la arrastraban por los caminos. Una mañana pasó por su casa, al tiempo que sacaban el féretro de la anciana señora. Pero siguió bailando a pesar de su tristeza. Los pies le sangraban, pero no podía parar. Llegó hasta la casa del verdugo y golpeó a su ventana y el verdugo respondió:- ¿Acaso no sabes quién soy? – ¡Córtame los pies, por favor! Para que pueda expiar mis pecados. El verdugo cortó los pies con los zapatos rojos, pero estos siguieron bailando y se fueron lejos. El hombre le hizo unas muletas y unos zuecos, también le enseñó el salmo de los penitentes. Karen besó la mano que empuñaba el hacha y se marchó rumbo a la iglesia para que todos la vieran. Estaba llegando a la puerta y vio que los zapatos estaban bailando frente a ella. Muerta de miedo, regresó corriendo.

Al domingo siguiente, volvió a salir para la iglesia, pero los zapatos aguardaban en el cementerio. Nuevamente huyó y fue a casa del predicador, donde suplicó para ser su criada. La familia se apiadó de ella y la tomaron en su hogar. Karen fue diligente como había prometido.

Cuando llegó el domingo, la invitaron a la iglesia, pero ella se quedó en su cuartito leyendo los salmos y llorando. Pidió ayuda a Dios con todas sus fuerzas. Entonces apareció el ángel del cementerio, que llevaba una rama de rosas en la mano y convirtió las paredes para que se uniera con la iglesia. Allí estaban todos, la familia del pastor la saludó. Y luego cantaron los niños y la muchacha se sintió tan feliz que su corazón estalló de alegría. Y su alma subió a los cielos.

Hans Christian Andersen

Definición de vanidad: La vanidad es la excesiva confianza y creencia de la propia capacidad y atracción muy por encima de otras personas y cosas. La vanidad es el orgullo basado en cosas vanas. La vanidad hace siempre traición a nuestra prudencia y aún a nuestro interés.

Pobres pero vanidosos, leí un artículo muy interesante sobre el consumismo en nuestros países donde aunque la situación económica no es la mejor,  la gente igual se endeuda con tal de tener lo último en la moda, los más acaudalados, compran las marcas más caras y extravagantes, pero como la vanidad es para todos los niveles, los más pobres buscamos en las copias pasables estar al nivel de la moda o mejor diríamos, de la vanidad. A pesar de los niveles de pobreza en América Latina no escasean los almacenes con artículos de lujo, marcas de moda y los artilugios más actuales. El poder adquisitivo del pueblo podrá ser bajo, pero la gente se ve portando los últimos atuendos, o celulares sofisticados, reproductores de sonido, relojes, gafas y demás artículos. El fenómeno puede ser reflejo del progreso en los niveles de vida, el deseo de superación o una simple vanidad.

No alimentes a un futuro narcisista, no críes a un vanidoso antipático, si empiezas a darle al pequeñito que te hace berrinche, todos los gustitos en esta próxima navidad, si le permites a esa pequeñita que todavía no empieza la pubertad a permitirle que imponga su gusto en ropas y maquillajes, si toleras que tu niñito exija ropa de tal o cual marca porque si no, no se lo pone, estás educando a un futuro narcisista y no a un muchacho con la correcta autoestima de un hijo de Dios.

Este mismo pequeñín se convertirá en un adolescente que más pronto de lo que imaginas se mostrará auto confiado, marcado por la fe en sí mismo, una especie de héroe y conquistador, un experto en moda, música, madurez y mundo, aunque todavía esté lejos del alcance de las heridas o los accidentes,  ellos serán audaces y arrojados, ambiciosos en la búsqueda de metas, fanáticos y líderes, pero todo con un  sentimiento de grandeza personal donde buscará disfrutar, el ser visto por los demás, se dejará ir en fantasías de poder, éxito, belleza o inteligencia ilimitados; se sentirá único y especial.

Los chicos con principios de vanidad se sobrevaloran y desde allí esperan que se les reconozca y se les trate con respeto, o se irritan cuando son contrariados. Viven desde sí mismos y de sus necesidades, y pueden pasan sin darse cuenta de que están pisando al del lado.

El vanidoso es insaciable, por eso este defecto va unido al egoísmo, la vanidosa mira siempre lo que tienen los demás y se irrita si tiene menos; la vanidad es un pecado, y aunque ahora nos parezca simpático ver a un muchacho que se ve bien porque viste y calza con la última moda, o a una jovencita que le queda bien el maquillaje a corta edad, debemos, sin caer, en extremos, cuidar los corazones de nuestros hijos, de que caigan en “la vanidad y aflicción de espíritu”.

Eclesiastés 4:4 “He visto asimismo que todo trabajo y toda excelencia de obras despierta la envidia del hombre contra su prójimo. También esto es vanidad y aflicción de espíritu”.

Textos bíblicos que hablan sobre la vanidad

Gálatas 5:25-26  Si el Espíritu nos da vida, andemos guiados por el Espíritu. No dejemos que la vanidad nos lleve a irritarnos y a envidiarnos unos a otros.

Filipenses 2:1-4  Por tanto, si sienten algún estímulo en su unión con Cristo, algún consuelo en su amor, algún compañerismo en el Espíritu, algún afecto entrañable, llénenme de alegría teniendo un mismo parecer, un mismo amor, unidos en alma y pensamiento. No hagan nada por egoísmo o vanidad; más bien, con humildad consideren a los demás como superiores a ustedes mismos. Cada uno debe velar no sólo por sus propios intereses sino también por los intereses de los demás.

1 Samuel 12:20-22  Y Samuel respondió al pueblo: No temáis; vosotros habéis hecho todo este mal; pero con todo eso no os apartéis de en pos de Jehová, sino servidle con todo vuestro corazón.     No os apartéis en pos de vanidades que no aprovechan ni libran, porque son vanidades.

2 Reyes 17:14-16 Mas ellos no obedecieron, antes endurecieron su cerviz, como la cerviz de sus padres, los cuales no creyeron en Jehová su Dios.  Y desecharon sus estatutos, y el pacto que él había hecho con sus padres, y los testimonios que él había prescrito a ellos; y siguieron la vanidad, y se hicieron vanos, y fueron en pos de las naciones que estaban alrededor de ellos, de las cuales Jehová les había mandado que no hiciesen a la manera de ellas. Dejaron todos los mandamientos de Jehová su Dios, y se hicieron imágenes fundidas de dos becerros, y también imágenes de Asera, y adoraron a todo el ejército de los cielos, y sirvieron a Baal;

Job 15:30-32  No confíe el iluso en la vanidad,  Porque ella será su recompensa. El será cortado antes de su tiempo,  Y sus renuevos no reverdecerán.

Salmos 4:1-5Hijos de los hombres, ¿hasta cuándo volveréis mi honra en infamia, Amaréis la vanidad, y buscaréis la mentira?  Sabed, pues, que Jehová ha escogido al piadoso para sí;  Jehová oirá cuando yo a él clamare.

Eclesiastés 5:10 El que ama el dinero, no se saciará de dinero; y el que ama el mucho tener, no sacará fruto. También esto es vanidad.

1 Reyes 16:13 Por todos los pecados de Baasa y los pecados de Ela su hijo, con los cuales ellos pecaron e hicieron pecar a Israel, provocando a enojo con sus vanidades a Jehová Dios de Israel.

2 Reyes 17:15 Y desecharon sus estatutos, y el pacto que él había hecho con sus padres, y los testimonios que él había prescrito a ellos; y siguieron la vanidad, y se hicieron vanos, y fueron en pos de las naciones que estaban alrededor de ellos, de las cuales Jehová les había mandado que no hiciesen a la manera de ellas.

Salmos 31:6  Aborrezco a los que esperan en vanidades ilusorias; Mas yo en Jehová he esperado.

Gálatas 5:24-28  Los que son de Cristo Jesús han crucificado la naturaleza pecaminosa, con sus pasiones y deseos. Si el Espíritu nos da vida, andemos guiados por el Espíritu. No dejemos que la vanidad nos lleve a irritarnos y a envidiarnos unos a otros.

Filipenses 2:2-4 Llénenme de alegría teniendo un mismo parecer, un mismo amor, unidos en alma y pensamiento. No hagan nada por egoísmo o vanidad; más bien, con humildad consideren a los demás como superiores a ustedes mismos. Cada uno debe velar no sólo por sus propios intereses sino también por los intereses de los demás.

Proverbios 30:7-9  Dos cosas te he pedido,  no me las niegues antes que muera: Vanidad y mentira aparta de mí, y no me des pobreza ni riquezas, sino susténtame con el pan necesario,  no sea que, una vez saciado, te niegue y diga: ¿Quién es Jehová?, o que, siendo pobre, robe  y blasfeme contra el nombre de mi Dios. Hay generación que maldice a su padre y que a su madre no bendice.  Hay generación limpia en su propia opinión,  si bien no se ha limpiado de su inmundicia.  Hay generación de ojos altivos  y párpados altaneros. Hay generación cuyos dientes son espadas y sus muelas cuchillos,  para devorar a los pobres de la tierra y a los menesterosos de entre los hombres. La sanguijuela tiene dos hijas que dicen: ¡Dame! ¡dame!  Tres cosas hay que nunca están hartas,  y aun la cuarta nunca dice: ¡Basta!

Orando con la Palabra de Dios

Padre reconozco que la vanidad provoca tu enojo, cuando me dejo llevar por  el envanecimiento te abandono, te pongo a un lado y sigo la corriente de este mundo, tu no oyes ni miras al soberbio, al petulante que se vanagloria de lo que tiene, como si él sólo lo hubiera alcanzado, él espera en vanidades ilusorias en vez de confiar en ti.

Envía tu mano desde lo alto; Redímeme, y sácame de las muchas aguas, De la mano de los hombres extraños,  Cuya boca habla vanidad,  Y cuya diestra es diestra de mentira.  Oh Dios, a ti cantaré cántico nuevo;  Con salterio, con decacordio cantaré a ti.

Padre, los que son de Cristo Jesús han crucificado la naturaleza pecaminosa, con sus pasiones y deseos. Que tu  Espíritu me de vida, para andar solamente  guiado por el Espíritu Santo.  No permitas que mi familia, mi iglesia y todas mis relaciones tengan esta debilidad no sea que la vanidad nos lleve a irritarnos y a envidiarnos unos a otros.

Padre dos cosas te pido,  no me las niegues antes que muera: Vanidad y mentira aparta de mí, y no me des pobreza ni riquezas, sino susténtame con el pan necesario,  no sea que, una vez saciado, te niegue y diga: ¿Quién es Jehová?, o que, siendo pobre, robe  y blasfeme contra el nombre de mi Dios.

Padre la generación de hoy  maldice a su padre y a su madre no bendice.  Hoy la  generación moderna se cree limpia en su propia opinión,  pero ellos mismos no se han limpiado de tanta vanidad.  Hay muchachos  de ojos altivos  y párpados altaneros. Hay jovencitas cuyos dientes son espadas y sus muelas cuchillos, son como las hijas de la  sanguijuela  que dicen: ¡Dame! ¡Dame! nunca están hartas, nunca dicen: ¡Basta!

Renuncio a este pecado Padre, no le daré la bienvenida a mi hogar, quiero ahora llenarte de alegría Señor, ayúdanos para tener  un mismo parecer, un mismo amor, unidos en alma y pensamiento. Que no hagamos  nada por egoísmo o vanidad; más bien, con humildad considerando a los demás como superiores a nosotros  mismos. Voy a  velar no sólo por mis propios intereses sino también por los intereses de los demás, así como tú hiciste por mí, ayúdame Señor a darle ejemplo a mi familia de humildad, y total dependencia a ti.

Todo esto te pido Señor en el Nombre de Jesús, Amén.

Con amor

Martha Bardales

Libros Ebooks Cristianos

Sobre Pastor Carlos Vargas Valdez

Es esposo de la mejor mujer, padre de 2 hijos maravillosos, pastor de jóvenes y director de Desafío Joven. En los últimos 12 años ha trabajado con jóvenes, padres y líderes juveniles. Estudio en Rhema Bible Training Center. Su servicio con la palabra de Dios se ha extendido por más de 27 países en 13 idiomas. Es director ejecutivo y consultor de varios ministerios cristianos, desarrollando conferencias, cursos bíblicos, libros, estudios, devocionales, vídeos y recursos para la vida espiritual.

2 comentarios

  1. Que hermoso mensaje en un dia en que Dios me pone a prueba

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