Tome una Galleta ! – (Recomendado)

Estudios Biblicos – Tome una galleta

Por Kenneth Copeland

Hace aproximadamente un año, cuatro palabras comenzaron a surgir en mi espíritu: Ten fe en Dios.
Éstas son palabras conocidas, las cuales he estudiado desde hace más de 40 años, así como también los versículos que se encuentran en Marcos 11. Sin embargo, por alguna razón, en septiembre de 2009, Dios comenzó a repetírmelas una y otra vez. Si me despertaba a mitad de la noche, me las repetía: Ten fe en Dios. Si enfrentaba algún reto durante el día, preguntándome qué debía hacer al respecto, de inmediato recibía la respuesta: Ten fe en Dios.

Ten fe en Dios. El Señor me recordaba esas palabras todo el tiempo.
De cierta manera, eso era desconcertante para mí. Pues había estado viviendo por fe durante más de cuatro décadas. Yo creía que tenía fe en Dios, lo cual era cierto.

Sin embargo, Él me estaba animando y preparando para aprender más de lo que Jesús quiso decir cuando exclamó: «…Tened fe en Dios. Porque de cierto os digo que cualquiera que dijere a este monte: Quítate y échate en el mar, y no dudare en su corazón, sino creyere que será hecho lo que dice, lo que diga le será hecho.

Por tanto, os digo que todo lo que pidiereis orando, creed que lo recibiréis, y os vendrá» (Marcos 11:22-24).
Y el 11 de octubre, comenzó la lección:

Dios me despertó como a las cuatro de la mañana, y vi a Jesús en el espíritu.
No lo vi con mis ojos físicos, sino con mi espíritu lo pude visualizar de una forma muy clara. Él se encontraba de pie al final de mi cama, no sobre el piso, sino un poco elevado.

En Sus manos sostenía una bandeja tan grande que tuvo que abrir por completo Sus brazos para sostenerla, y ésta se encontraba llena de galletas.
Un serio mandato Usted creería que si alguien está sosteniendo una bandeja llena de galletas debería estar sonriendo. Pero esa mañana, Jesús no estaba sonriendo. Con el ceño fruncido, mirándome muy serio, fijó Sus ojos en mí, y me dijo: ¡Toma una galleta!

Comprendí por completo esa orden. De inmediato, supe que estaba utilizando el mismo tono de voz que usó cuando le dijo a los discípulos en Marcos 11: «…Tened fe en Dios…».
Cuando ellos escucharon esa frase, no estaban viendo una bandeja con galletas, sino una higuera seca a la que Jesús le había hablado un día antes. Cuando Jesús encontró sólo hojas y no halló fruto, le dijo a la higuera:
«…Nunca jamás coma nadie fruto de ti. Y lo oyeron sus discípulos» (versículo 14).
Él no lo dijo en voz baja, sino con un tono de voz lo suficientemente fuerte para que todos los discípulos lo escucharan.

Entonces, 24 horas después, cuando vieron la higuera marchita desde la raíz, surgieron las preguntas. Ellos deseaban saber cómo lo había realizado, y si ellos también podían hacerlo.

Como siempre, Jesús les dio una respuesta directa. No alardeó diciendo: “Amigos, no intenten llevarlo a cabo. Yo soy el Hijo de Dios, por esa razón, pude hacerlo. Por tanto, no le hablen a los árboles ni llamen las cosas que no son como si fueran. Pues fracasarán, y eso nos traerá una mala reputación a todos”.
No, Jesús siempre esperaba que Sus discípulos siguieran Su ejemplo. Los retó para que vivieran por fe, así como Él; entonces en Marcos 11, les respondió con el mismo tono de autoridad, y les dijo:
«…¡Tened fe en Dios!…».

Conozco el tono que utilizó, pues yo mismo lo escuché cuando me dijo: ¡Toma una galleta!
Ha pasado mucho tiempo desde que tomé una galleta; sin embargo, esa mañana sabía que si Dios me la estaba ofreciendo, era porque iba a dármela. Y Jesús me indicó cómo tomarla: Tu respuesta será: “Yo creo, yo estoy dispuesto, yo lo tomo, yo lo recibo, yo te agradezco”.

Luego agregó: Ahora bien, si alguien te pregunta si deseas una galleta, diles: “No, ya tengo una galleta, gracias”.

Primero… perdone Por supuesto, todo el tiempo supe que Jesús en realidad no estaba hablando de galletas, sino de fe. La bandeja llena de galletas, simplemente representaba las cosas dulces que nos pertenecen por medio de Su obra redentora. Éstas simbolizaban los dones del Espíritu y las promesas de Dios, las cuales pueden solucionar cualquier problema que enfrentemos en el mundo, haciendo de nuestra vida algo dulce.
Por medio de esa visión, Jesús me dio una fresca revelación de cómo recibimos esas cosas. Me estaba mostrando que nosotros activamos el proceso de fe al declarar: Yo creo, yo estoy dispuesto, yo lo tomo, yo lo recibo, yo te agradezco.

Ten fe en Dios. El Señor me recordaba

Después de declarar esas cinco frases, agregó lo siguiente: Lo primero que siempre debes hacer con tu fe, es liberar el poder del perdón. En Marcos 11:25-26, se nos confirma: «Y cuando estéis orando, perdonad, si tenéis algo contra alguno, para que también vuestro Padre que está en los cielos os perdone a vosotros vuestras ofensas. Porque si vosotros no perdonáis, tampoco vuestro Padre que está en los cielos os perdonará vuestras ofensas».

Para analizar este tema, Jesús me recordó lo que está escrito en Mateo 9:2-7, donde se relata la historia del hombre que fue llevado ante Jesús por sus amigos:

Y sucedió que le trajeron un paralítico, tendido sobre una cama; y al ver Jesús la fe de ellos, dijo al paralítico: Ten ánimo, hijo; tus pecados te son perdonados. Entonces algunos de los escribas decían dentro de sí: Este blasfema. Y conociendo Jesús los pensamientos de ellos, dijo:
¿Por qué pensáis mal en vuestros corazonesí
Porque, ¿qué es más fácil, decir: Los pecados te son perdonados, o decir: Levántate y anda? Pues para que sepáis que el Hijo del Hombre tiene potestad en la tierra para perdonar pecados (dice entonces al paralítico): Levántate, toma tu cama, y vete a tu casa. Entonces él se levantó y se fue a su casa.
Mientras meditaba en esos versículos, Jesús me habló de nuevo y me indicó: Siempre recuerda que es el mismo poder. El poder para perdonar es el mismo poder para sanar.

Eso es cierto. Lo he comprobado una y otra vez.

He visto personas que se enferman, oran para recibir sanidad, y luego se dan cuenta que tienen amargura en contra de alguien. Entonces cuando perdonan, reciben su sanidad.

¿Por qué sucede eso?

Porque una ley espiritual está obrando.
Cosechamos lo que sembramos. Si sembramos gracia y misericordia hacia los demás, cosecharemos gracia y misericordia de parte de Dios (Efesios 6:8).

“Hermano Copeland, ¿está diciendo que si no perdono a los demás, Jesús utilizará mis pecados en mi contra?”.
No, eso no significa que Jesús no perdonará sus pecados, sino que Él no podrá actuar a favor suyo. Al no perdonar, está rechazando el perdón.Piénselo de esta manera. Jesús es perdón, gracia, amor y misericordia. Cualquiera que rechace estas cosas, se coloca a sí mismo en un lugar donde el perdón y la gracia, que Jesús ya liberó a través de la Cruz y de la Resurrección, no pueden obrar a su favor.

Por esa razón, es vital que cuando estemos orando, en primer lugar, perdonemos.
Los seis Yo concernientes a la fe Cuando mi visión terminó, estaba despierto. Me sentía tan emocionado que apenas podía contenerlo. En los siguientes meses, las seis declaraciones que Jesús me enseñó —las cuales yo llamo: Los seis Yo concernientes a la fe— se quedaron en mi corazón todo el tiempo.
Mientras más las repito, más las comprendo. Y cuando más medito en ellas, más entiendo cuán íntegras son.

• Yo creo: Involucra nuestro espíritu, pues es ahí donde habita la verdadera fe bíblica.
• Yo estoy dispuesto: Involucra el alma y la pone de acuerdo con nuestro espíritu.
• Yo lo tomo: Pone nuestra fe en acción. (En Santiago 2:26, se nos afirma que la fe sin obras o sin acciones está muerta). Jesús afirmó en Marcos 11:24 que debemos creer que recibimos. En esta cita, el término significa: tomar. Es una palabra activa, no pasiva.

• Yo lo recibo: Es nuestra confesión de fe, a la cual nos aferramos (Hebreos 4:14). Ésta la repetimos de continuo después de haber realizado la oración de fe.
• Yo te agradezco: Es nuestra expresión de gratitud y de acción de gracias hacia Dios, pues Él nos ha dado lo que le pedimos.
• Yo perdono: Nos mantiene conectados con la misericordia y el favor de Dios, a fin de que podamos recibir por gracia.

Me siento tan emocionado por el poder de esas seis declaraciones que ahora las utilizo todo el tiempo.
Hace un par de meses, el diablo intentó atacarme con síntomas de gripe, y lo primero que pensé fue en los seis Yo concernientes a la fe, y en Jesús diciéndome:

¡Toma una galleta!

En esa situación, la galleta era sanidad divina —liberación de la gripe—. Gracias a Dios, ¡descubrí esa galleta espiritual hace más de 35 años! Pronto aprendí en mi vida de fe que el dulce regalo de la sanidad me pertenece como hijo de Dios.

Recuerdo una ocasión, a principio de los años 70, cuando la gripe de Hong Kong afectó fuertemente. Evacuaron las escuelas a causa de ésta. Todos estaban alarmados por no saber cómo obtendrían las vacunas contra la gripe. Gloria y yo llamamos a los niños, y les explicamos qué haríamos:

«Tomaremos nuestras vacunas contra la gripe».
John, el más pequeño, se asombró y se preocupó.
Pero cuando me vio tomar mi Biblia, comprendió que la vacuna sólo era la Palabra de Dios. (Él lo entendió, pues ésa era la manera en que actuábamos siempre).

Fue un evento histórico para nuestra familia.

Nos sentamos alrededor de la mesa, y leímos Deuteronomio 28:61, donde se nos afirma que toda enfermedad es parte de la maldición. Luego leímos Gálatas 3:13: «Cristo nos redimió de la maldición de la ley…», y juntos declaramos con fe: «Soy redimido de la maldición de toda enfermedad y dolencia, y esto incluye la gripe».
Desde ese momento, ésa ha sido mi confesión.

Así que cuando los síntomas de gripe intentaron enfrentarme recientemente, tomé de nuevo esa postura de fe. Expresé: «Yo creo, yo estoy dispuesto, yo tomo mi redención de la gripe. Recibo esa redención ahora. Señor, yo te agradezco por ella. Yo perdono y libero la gracia y la misericordia de Dios sobre todas la personas en el nombre de Jesús».

Entonces, sin darme cuenta, el Señor me indicó que dijera: «Yo creo, yo estoy dispuesto, yo tomo mi lugar de descanso en el lugar secreto del Dios Altísimo».

¡Hablando de una bandeja de galletas! Justo en medio de esos síntomas de gripe, encontré la paz y la presencia de Dios; y en una hora, todos los síntomas desaparecieron.

Sus herramientas de fe Quizá usted diga: “Pero hermano Copeland, lo intenté, también repetí: Yo creo, yo estoy dispuesto, yo lo tomo, yo lo recibo, yo te agradezco y yo perdono; sin embargo, continúo enfermo.
Supongo que debo seguir creyendo que uno de estos días recibiré mi sanidad”.

Espere un momento. Usted dijo que ya la había tomado, usted expresó que ya la tenía.
“Sí… pero aún me siento mal. Sería una mentira decir lo contrario”.

No, no estaría mintiendo, se lo explicaré a continuación. Las palabras no sólo son un medio de comunicación. Son las herramientas que utilizamos por fe para que el resultado se manifieste. Ésa era la enseñanza de Jesús en Marcos 11:23. Nos estaba enseñando a utilizar las palabras, así como lo hace Dios.

Nuestras palabras determinan nuestro futuro.

Jesús lo aclaró en Mateo 12:34-36. Sin embargo, muchos cristianos desconocen esto. Si lo supieran, no hablarían como lo hacen. No se expresarían de la siguiente manera: “Me muero del miedo”. “Me muero por hacerlo”. “Creo que me va a dar gripe”. “Si despidieran a alguien de ese puesto, sería mío”.

“Hermano Copeland, las personas en realidad no quieren decir eso. Sólo están hablando”.
Al diablo no le importa la intención de sus palabras, él es legalista. El enemigo utilizará esas palabras en su contra. Y lo peor de todo, es que mientras continúen hablando de esa manera, Dios no podrá confiarles mucho poder espiritual. Si Él lo hace, destruirán todo lo que haya a su paso.

Sería como colocar un arma en las manos de un niño de diez años.

Sé lo que eso significa, pues cuando mi hijo John era un niño, comencé a enseñarle a cazar. Pronto disparaba tan bien como yo lo hacía; no obstante, no tenía la madurez para controlar su habilidad, entonces yo lo vigilaba todo el tiempo.

Un día, él y yo estábamos cazando aves, cuando vimos una araña monstruosa pegada a un lado del granero. John vio la araña, le apuntó con la escopeta y estaba a punto de matarla, cuando lo detuve, y le dije: «No, ¡no le dispares! ¡Harás un agujero en el granero!».

Él me respondió: «No había pensado en eso».

Así como John debía aprender más acerca de las armas, nosotros, como creyentes, tenemos que aprender más acerca de las palabras. Éstas son poderosas. Debemos practicarlas con el propósito de liberar nuestra fe. Habituémonos a declarar: “Yo creo, yo estoy dispuesto, yo lo tomo, yo lo recibo, yo te agradezco, yo perdono”.

En este preciso momento, Jesús les está hablando a cada uno de ustedes en relación a esas seis declaraciones de fe; con el mismo énfasis que me las expresó durante mi visión esa madrugada.
Él les está indicando que utilicen sus palabras, con el fin de manifestar LA BENDICIÓN en un mundo que está clamando por ella. Él está sosteniendo una bandeja frente a ustedes, mostrándoles las cosas dulces celestiales, ordenándoles que tengan fe en Dios; no sólo para que puedan ser bendecidos, sino también para que puedan convertirse en LA BENDICIÓN que ha destinado que ustedes sean. VICTORIA

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Sobre Pastor Carlos Vargas Valdez

Es esposo de la mejor mujer, padre de 2 hijos maravillosos, pastor de jóvenes y director de Desafío Joven. En los últimos 12 años ha trabajado con jóvenes, padres y líderes juveniles. Estudio en Rhema Bible Training Center. Su servicio con la palabra de Dios se ha extendido por más de 27 países en 13 idiomas. Es director ejecutivo y consultor de varios ministerios cristianos, desarrollando conferencias, cursos bíblicos, libros, estudios, devocionales, vídeos y recursos para la vida espiritual.

5 comentarios

  1. la verdad doy gracias por lo que me mandan es muy edificante para mi la verdad me ayuda a comprender mucho mas la palabra y a su ves me da soltura para predicar a otras personas que aveces no se como encararlas se mi deber es predicar la palabra y ruego a dios que fluya en mi su espiritu y su verdad y esto me ayuda mucho mas mil gracias bendiciones

  2. Qué valiosa enseñanza tiene este estudio Bíblico! Son palabras muy ciertas y agradezco el que la hayan compartido con nosotros. Jesús es extraordinario, sus enseñanzas son incomparables. Yo también he tomado de esa galleta y sé que habrán suficientes para todo el que la desee. No pierdas esta oportunidad si aún no has tomado tu galleta pues las intenciones de Jesús son positivas y los efectos secundarios al tomar de esta galleta son mejores.

  3. Hoy tomo una galleta, comprendo que cosecho lo que siembro y de cierto digo que partir de hoy voy a ser mejor a los ojos de el Señor, te agradezco Dios padre santo por haberme dado a conocer mas de tu palabra, invito a todos aquellos que no lo son a serlo y perdono.

  4. Este mensaje es la galleta más exquisita que pueda comerse y viene con la receta,ingrediente por ingrediente la que satisface el alma. El Señor está iluminando en este tiempo a los hermanos ministradores de y con la palabra….Hermana Brendaliz, Monterroza, Dany, Esparza.. etc,etc..Están llegando a cada uno de nosotros en el momento exacto de la necesidad. Por esto pido oración de bendiciónes y gracia para todos los que están con esfuerzo, cumpliendo con el trabajo de ir haciendonos conocer y entender cada dia más al Señor y a su Palabra. Mil gracias por esta galleta . Aida Aurelia Gonzalez Puerto Madryn CHUbut. Argentina

  5. Hoy tomo una galleta y entiendo que cosecho lo que siembro y afirmo publicamente que Jesus es el señor,el hijo de Dios y nuestras palabras determinan nuestro futuro.Jesus es perdon,gracia,amor y misericordia.

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