La pregunta de Tomas

La pregunta de Tomas

“Dijo entonces Tomás: Señor, no sabemos a dónde vas, así que ¿cómo podemos conocer el camino?” Juan 14:5 (NVI)

Jesucristo estaba a horas de comenzar su calvario. Era la última vez que iba a estar reunido con sus apóstoles antes de la crucifixión y tendría muchos temas pendientes por resolver. Juan nos deja las últimas enseñanzas personalizadas de Jesucristo en estos capítulos. Entre ellas, nos deja algunas perlas de actitudes para enseñarnos.

Esta de Tomás es una de ellas. Este no fue uno de los discípulos más destacados. Tuvo poca participación o comentarios registrados en los evangelios. No era del grupo selecto de los tres principales (Pedro, Juan y Jacobo), y sus dos intervenciones más famosas son dos dudas. Esta y la duda sobre la resurrección de Cristo, con su frase: si no pongo mi dedo en el hueco no creeré.

Es notable como Cristo tiene otra visión de la misma realidad. Somos propensos en juzgar y censurar a Tomás por su pregunta. Nadie más la hizo. Algunos creen que no la hicieron, no porque no la tuvieran sino porque no se animaron. Jesucristo conoce en detalle los pensamientos de cada persona y sabía perfectamente que había en la mente de cada uno de sus discípulos en ese momento.

Tal vez vio la misma duda de Tomás en la mente de los demás, por eso, en lugar de enojarse por la pregunta, en lugar de censurarlo; le responde y lo ilustra. Y nos deja uno de los textos más célebres de toda la escritura: Yo soy el Camino, y la Verdad y la Vida, nadie viene al Padre si no es por mí.

¿Hubiera Jesucristo dicho esto si Tomás no le preguntaba? La verdad es que no lo se. Pero gracias a la duda de este hombre, tenemos hoy una aclaración preciosa que necesitábamos. Nos acostumbramos a censurar las preguntas. Algunas veces nos molestan, o nos incomodan. Y nos burlamos de quienes dudan.

En el colegio no se pregunta por miedo a la burla por no saber, en el trabajo no se pregunta por miedo a ser despedido o marcado por no saber, en la iglesia no se pregunta por miedo a hacer el ridículo. Y la realidad es que nadie nació sabiendo. Mientras escribía esto, recordaba las cientos de veces que quise preguntar algo y me dio vergüenza y me quedé con la duda. Nunca nadie se enteró, pero nunca obtuve mi respuesta.

REFLEXIÓN – Preguntár tus dudas te hace crecer.

Un gran abrazo y bendiciones

Dany

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