La Puerta del Muladar – Los Muros de Jerusalén

La Puerta del Muladar – Los Muros de Jerusalén

“Reedificó la puerta del Muladar, Malquías hijo de Recab, gobernador de la provincia de Bet-haquerem, él la reedificó, y levantó sus puertas, sus cerraduras y sus cerrojos.” Nehemías 3:14 (RVR)

El libro de Nehemías relata la historia de la reedificación de los muros de Jerusalén, en medio de una gran contra. Entre las muchas perlas que se relata, se hace mención de esta puerta.

El gran muro exterior de Jerusalén tenía muchas puertas. Esta llama la atención. El muladar era el lugar de la basura, donde toda la ciudad tiraba lo que sobraba, lo sucio, lo que nadie usaba. Era un lugar de mal olor, de bichos y ratas, un lugar que daba asco.

Tal vez Malquías se sintió ofendido porque de las doce puertas que había que reconstruir, a él le tocó la peor de todas. Había puertas mejoras para reconstruir, más importantes, más limpias, con menos olor. Sin embargo, no se registra ninguna queja de este gobernador. Aceptó la tarea y la cumplió. Y siguiendo el plan diseñado por Nehemías, en el tiempo que fue programado, la puerta del muladar quedó levantada, segura y cerrada, con sus cerraduras y cerrojos.

¿Por qué era tan importante levantar esta puerta? Solo servía para sacar la basura. En la mente de Dios, Jerusalén era su ciudad santa. Y es incompatible la santidad con la suciedad. Por eso Dios desde siempre, se preocupó por el saneamiento y la limpieza de su pueblo, dándole normas de higiene personal, comunitarias y alimenticias.

Esta puerta era un ejemplo más de la vocación de Dios de mantener limpio a su pueblo. La puerta debía tener cerrojo para que no entre de nuevo, la basura que habían sacado. ¡Qué gloriosa enseñanza para nosotros hoy en el siglo XXI! Con qué facilidad hoy volvemos a mancharnos con la basura y el pecado del que nos arrepentimos y abandonamos unos días atrás.

El umbral de santidad que tenemos hoy es bastante bajo, y nuestras barreras para limpiar nuestro corazón, no son tan efectivas. Sacamos la basura del alma, pero nuestra puerta del muladar está siempre abierta y permite que lo que sacamos vuelva a entrar. Dios demanda santidad y limpieza. ¿Cómo está tu mente? ¿Cómo está tu alma? Tus puertas del muladar son tus ojos, tus oídos, tu boca y tus sentidos.

Levantá tus puertas, poneles cerrojo, clausurá con cerradura de santidad tu corazón.

REFLEXIÓN – Dios te quiere limpio.

Un gran abrazo y bendiciones

Dany

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