Dé gritos de alabanza y victoria

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Desde el nacimiento del sol hasta donde se pone, sea alabado el nombre de Jehová. – Salmos 113:3

Alabe a Dios. Alábelo por la mañana. Alábelo al mediodía. Alábelo por la noche. Si usted nunca ha alabado a Dios en su vida, entonces comience ahora mismo. Alábelo por la libertad que usted tiene. Alábelo por la sanidad y por el Calvario. Alábelo por el nombre de Jesús.

Cuando va hacia el trabajo o hacia la casa, usted debería ir dando gritos de alabanza. Si hay algo que el diablo no soporta es la alabanza.

Si le ha quitado territorio al diablo y él viene contra usted para recuperarlo, no es hora de quejarse ni de lamentarse de lo difícil que están las cosas ni es hora de pensar que Dios se ha olvidado de usted. Es hora de meterse en la Palabra y volver a aferrarse a las promesas de Dios; es hora de tener presente esas promesas y guárdarlas en su corazón; es hora de hacer la oración de fe y estar firmemente apoyado en lo que Dios ya le ha dado y es hora de seguir haciendo las cosas que usted sabe hacer.

Cuando Satanás empiece a sacudir su monte, no empiece a buscar la salida ni a esconderse; háblele al monte con la autoridad que usted tiene en el nombre de Jesucristo. Una vez que haya acabado con ese problemita, empiece a gritar alabanzas y victoria.

Usted no tiene por qué temerle a Satanás; más bien, él debería temerle a usted.

Salmos 50:1-23

50:1 El Dios de dioses, Jehová, ha hablado, y convocado la tierra,

Desde el nacimiento del sol hasta donde se pone.
50:2 De Sion, perfección de hermosura,
Dios ha resplandecido.
50:3 Vendrá nuestro Dios, y no callará;
Fuego consumirá delante de él,
Y tempestad poderosa le rodeará.
50:4 Convocará a los cielos de arriba,
Y a la tierra, para juzgar a su pueblo.
50:5 Juntadme mis santos,
Los que hicieron conmigo pacto con sacrificio.
50:6 Y los cielos declararán su justicia,
Porque Dios es el juez. Selah
50:7 Oye, pueblo mío, y hablaré;
Escucha, Israel, y testificaré contra ti:
Yo soy Dios, el Dios tuyo.
50:8 No te reprenderé por tus sacrificios,
Ni por tus holocaustos, que están continuamente delante de mí.
50:9 No tomaré de tu casa becerros,
Ni machos cabríos de tus apriscos.
50:10 Porque mía es toda bestia del bosque,
Y los millares de animales en los collados.
50:11 Conozco a todas las aves de los montes,
Y todo lo que se mueve en los campos me pertenece.
50:12 Si yo tuviese hambre, no te lo diría a ti;
Porque mío es el mundo y su plenitud.
50:13 ¿He de comer yo carne de toros,
O de beber sangre de machos cabríosí
50:14 Sacrifica a Dios alabanza,
Y paga tus votos al Altísimo;
50:15 E invócame en el día de la angustia;
Te libraré, y tú me honrarás.
50:16 Pero al malo dijo Dios:
¿Qué tienes tú que hablar de mis leyes,
Y que tomar mi pacto en tu boca?
50:17 Pues tú aborreces la corrección,
Y echas a tu espalda mis palabras.
50:18 Si veías al ladrón, tú corrías con él,
Y con los adúlteros era tu parte.
50:19 Tu boca metías en mal,
Y tu lengua componía engaño.
50:20 Tomabas asiento, y hablabas contra tu hermano;
Contra el hijo de tu madre ponías infamia.
50:21 Estas cosas hiciste, y yo he callado;
Pensabas que de cierto sería yo como tú;
Pero te reprenderé, y las pondré delante de tus ojos.

Kenneth Copeland

 

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