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El Cristiano y el despojarse del pecado

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“Por tanto, también nosotros, que estamos rodeados de una multitud tan grande de testigos, despojémonos del lastre que nos estorba, en especial del pecado que nos asedia, y corramos con perseverancia la carrera que tenemos por delante.” Hebreos 12:1 (NVI)

Jugábamos mi mamá y mis tías a “La canasta”, un juego de cartas. Entre sus reglas, hay una que me había olvidado. Si al terminar el juego te quedas con un tres negro entre tus cartas, sos sancionado con 100 puntos en contra. Considerando que cada carta vale 5 o 10 puntos, es una sanción muy grande para cualquier descuidado. Se estaba acabando el juego cuando Merita me dice: “Acordate que si te quedás con los tres negros, vas a tener 100 puntos en contra por cada uno”. Pero la advertencia llegó tarde. Ya no tenía tiempo de despojarme de esas cartas y finalmente fui penalizado.

Mientras se reía, Merita me dice: seguro que eso va a ser el devocional de mañana: Y acá está. La aplicación espiritual a mi descuido de ayer, es casi obvia pero necesaria de recordar. Durante el juego, el tres negro te sirve para molestar a tus contrincantes, para cuidar tu juego. Pero si te descuidás, las consecuencias pueden ser muy duras. La sanción por tenerlo en la mano al final del juego es muy pesada.

Tanto como el descuido de mantener un pecado casi sin darnos cuenta. Es como el lastre que se va acumulando y que termina molestando. No te das cuenta. Parece que no molesta, incluso te seduce y pensás que te beneficia. Que lo podés dominar y usar en tu provecho. Pero el pecado siempre te gana. Y su consecuencia es dura y pesada para la vida.

No es un juego del que podemos entrar y salir según queramos. El pecado esclaviza, domina, encadena y perjudica. Por eso la recomendación de Dios es a liberarnos del peso adicional, a despojarnos de cada pecado apenas lo cometemos. De no acumular suciedad ni peso para no causarnos un daño mayor.

Porque no hay beneficio por acumular pecados, sino la pérdida de la comunión con Dios y de sus bendiciones. Ninguna ganancia, solamente pérdidas. Y lo más grave es que esto lo sabemos pero no le hacemos caso. Pensamos que podemos quedar eximidos de esta regla general.

Se está acabando el año, ¿te despojaste de todo el peso de tus pecados del 2012? Hoy es un buen momento.

REFLEXIÓN – No te quedes con lastre.

Un gran abrazo y bendiciones

Dany

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