Limpia tu Vaso de Honra

vaso-limpio-biblia“No se amolden al mundo actual, sino sean transformados mediante la renovación de su mente.” Romanos 12:2 a (NVI)

Limpia tu vaso de Honra

Con Juampi nos hacemos menos problema por las cosas sucias o desordenadas. Está en nuestros genes masculinos. Pero para Connie o para Miri, el desorden o un vaso sucio es inhibidor. Y es capaz de quedarse con sed, en lugar de tomar de un vaso usado. En casa no hay problema, pero debo reconocer que estando fuera de casa, yo actúo igual. Al momento de elegir de donde tomar, siempre busco el vaso más limpio.

Nadie juzga la calidad del vidrio del vaso, ni lo refrescante del líquido que contiene. Pero la suciedad exterior descarta ese vaso como una opción de primera instancia. Escuchaba esta comparación en un mensaje que me hizo reflexionar. ¡Con que facilidad sabemos distinguir y elegir lo limpio de lo sucio en lo que respecta a nuestra vida cotidiana, y cuanto nos cuesta aplicar el mismo concepto a nuestra vida espiritual!

Manchamos nuestra alma con malas decisiones a diario sin que nos importe demasiado y nos convertimos en pecadores habituales de faltas “supuestamente menores” porque consideramos que hay otros pecados más graves. Difícilmente alguno de nosotros sea un asesino serial, pero todos mentimos. En nuestra mente, lo segundo es menos grave que lo primero y minimizamos nuestras faltas.

Pero para Dios, la apariencia de pureza no sirve. A trasluz, siempre se puede ver nuestra suciedad. Aunque intentemos esconderla, aunque quisiéramos aparentar, las manchas de nuestra vida siempre están presentes en el Trono de Dios. Se nota el vaso sucio. Dios lo nota y eso es lo grave. No importa que nuestros amigos, el pastor, los líderes o la gente del trabajo no lo noten. Dios lo ve y le duele.

Dios jamás toma de ningún vaso sucio, porque su pureza natural se lo impide. Por eso Pablo nos recomienda no amoldarnos a las costumbres de este mundo, a mantener una mente renovada, a vivir una vida cotidiana santa, a guardarnos de tonterías y malas decisiones.

¿Por qué es que no nos importa hacer parte a Dios de nuestros pecados diarios, sabiendo que tanto le molesta nuestra suciedad? Si fuéramos consientes de lo mucho que le duele a Dios cada una de nuestras faltas, tendríamos mucho más cuidado al actuar. Pero como Dios nunca se queja, ni lo vemos, ni lo escuchamos molesto, parece que no le importa y no cambiamos.

REFLEXIÓN – Limpiá tu vaso.

Un gran abrazo y bendiciones

Dany

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