La Rueda del desempeño y la aceptación en la Vida Cristiana

rueda-de-desempeno1La “Rueda del desempeño y la aceptación” en la Vida Cristiana

“…PORQUE EN ÉL VIVIMOS, NOS MOVEMOS Y SOMOS…” (Hechos 17:28)

Dios te ama tanto en tus días malos como en los buenos. ¿En serio? ¿Cómo es eso posible? Porque te acepta basado en tu posición (en Cristo) y no en tu condición (en la carne). Escucha: “Al que no conoció pecado [Cristo], por nosotros lo hizo pecado [en forma virtual], para que nosotros seamos [dotados de, vistos como estando en y ejemplos de la] justicia de Dios en Él [lo que deberíamos ser, aprobados y aceptados y en una correcta relación con Él, por su (y no nuestra) bondad]” (2 Corintios 5:21).

En el Calvario, Dios tomo todos los pecados que jamás pudieras cometer y los puso sobre su Hijo. Cuando vienes a la Cruz como un pecador, Él toma toda la justicia de Cristo y te envuelve en ella. Desde ese momento sólo te ve de una manera – ¡en Cristo! ¡Qué liberador!

Liberador – ¡si! Porque ahora vemos que nuestro valor no está basado en lo que hacemos, si no en lo que somos en Cristo. El Señor, en realidad, te asignó valor al permitir que Jesús muriera en tu lugar. “Pero no me puedo creer que a Dios no le importe lo que haga”. ¡Estás en lo cierto! Él Señor quiere que hagas buenas obras – pero no quiere que dependas de ellas; quiere que las hagas por amor a Él. Una vez que entiendas tu posición, cuando entiendas quién eres en Cristo, podrás bajarte de la “rueda del desempeño y la aceptación” y empezar a hacer las cosas apropiadas por las razones correctas.

“…EL HOMBRE ES JUSTIFICADO POR LA FE SIN LAS OBRAS…” (Romanos 3:28)

Es esencial que entiendas lo que te hace aceptable a los ojos de Dios. Si tienes verdadera fe, harás buenas obras pero no dependerás de ellas. No, las harás como un acto de amor y obediencia – en vez de una obra de la “carne” por la cual esperas ser aceptado por Él.

Pasamos nuestras vidas sintiéndonos mal acerca de nosotros mismos. Y desafortunadamente, el mundo nos lo confirma promoviendo la idea de que de algún modo nuestro valor está conectado a lo que hacemos. Al crecer, nos comparan constantemente. Cuando nos preguntaban por qué no teníamos los mismos buenos resultados como nuestro hermano o nuestra hermana o el hijo del vecino, sentimos que estábamos haciéndolo lo mejor que podíamos, por lo que no pudimos responder. Por eso, decidimos esforzarnos más, pero no importa cuánto lo intentáramos, siempre había alguien que no estaba satisfecho con nosotros. Aún nos llegaba el mensaje: “Algo está mal contigo”. Esto nos deja quemados, confundidos, desanimados, y en algunos casos enfermos mentalmente. Esto lleva a multitudes a buscar terapia, cuando en realidad todo lo que necesitan es el amor incondicional de Dios. Capta esto: tus conductas equivocadas no cambiarán de modo definitivo hasta que entiendas que el Señor te ama separado de lo que hagas. Todos lo necesitamos – ¡y eso fue lo que Jesús hizo posible por medio de la Cruz!

¿Por qué es tan importante creer esto? Porque hasta que no sepas quièn eres en Cristo, andarás a tientas creyendo que tu aceptación de parte de Dios está basada en tu empeño. Es verdad que está basado en rendimiento, pero no en el tuyo – ¡en el de Cristo! Compréndelo, y ¡empezarás a disfrutar tu vida con el Señor!

“NO TENEMOS UN SUMO SACERDOTE QUE NO PUEDA COMPADECERSE…” (Hebreos 4:15)

Jesús te ama incondicionalmente y se ha comprometido a trabajar contigo. ¡Y lo mejor de todo es que Él no te condena mientras lo hace! Escucha: “No tenemos un sumo sacerdote que no pueda compadecerse… fue tentado en todo según nuestra semejanza…” (Hebreos 4:15).

Nota la palabra ‘compadecerse’. Jesús se compadece de nosotros incluso cuando nadie más lo hace. ¡Él nos comprende aun cuando no nos comprendemos a nosotros mismos! La gente ve lo que hacemos y quiere saber por qué no lo hacemos mejor – o incluso por qué lo hacemos. Pero Jesús entiende por qué nos comportamos de la manera que lo hacemos. Él se da cuenta de las heridas emocionales de nuestro pasado. Y Él sabe para qué fuimos creados. Conoce el temperamento que nos fue dado al nacer. El entiende nuestras luchas; e incluso comprende la base errónea en la que fundamos nuestra autoestima.

¡Y Él no sólo comprende, se preocupa! Una vez que comenzamos una relación personal con Él, Jesús empieza un proceso de aliviar nuestro dolor, revelar nuestro verdadero valor, y liberar nuestros dones. Poco a poco, Él restaura todo lo que Satanás nos robó. Y mientras todo esto ocurre, Dios nos ha asentado firmemente “en Cristo”, por lo que siempre somos aceptos por Él. La Salvación, incluido el ser completamente aceptados por Dios, lo cual Jesús ganó por nosotros en la Cruz, llega a ser nuestra desde el momento en que empezamos a creer por fe. ¡El saber esto hace la vida maravillosa!

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