Pastor, reordena tus prioridades en tu vida cristiana

Pastor, reordena tus prioridades en tu vida cristiana

“…DESCENDIÓ UN SACERDOTE… ASIMISMO UN LEVITA… PASÓ DE LARGO” (Lucas 10:31,32)

Cuando la víctima de un asalto fue dejado como muerto en el camino a Jericó, tanto un sacerdote como un levita pasaron por el otro lado. Pero, ¿y si pasaron por alto al hombre no porque les faltaba compasión, sino porque iban a llegar tarde a un estudio bíblico o una reunión de oración? ¿Hubieran sido justificadosí

Un pastor dijo: “No entendí esta parábola hasta después de estar en el ministerio muchos años. Había pasado al lado de tantas personas que hubiera podido ayudar, pero por estar tan distraído con los programas de la iglesia, las vidas rotas `en la cuneta’ raramente encajaban en mi agenda. El amor no tiene nada que ver con buen rendimiento, porque no puede ser programado. Este hombre herido no hubiera podido esperar tres semanas para recibir una cita o para que el samaritano lanzara primero un ministerio para cuidar víctimas como él”.

En la vida, las experiencias más gratificantes vienen muy pocas veces en “paquetitos ordenados”. Se presentan en encuentros inesperados y en momentos críticos de los miembros de tu congregación. De hecho, es probable que algunas personas que no pueden recordar tu último sermón, son capaces de contarte en detalle lo que les dijiste el año pasado en el hospital o tomando café; les tocó personalmente. Nada es más seductor que pensar que tu trabajo de parte de las multitudes justifica que ignores a aquéllos que sólo pueden ser alcanzados individualmente. Jesús dijo: “Si un hombre tiene cien ovejas y se descarría una de ellas, ¿no… busca(r) la que se ha descarriado?” (Mateo 18:12).

Cuando Pedro dijo: “…Señor… te quiero (Juan 21:16b), Jesús le respondió: “Pastorea mis ovejas” (versículo 16). Pastor, ¡Él te está diciendo lo mismo a ti!

“…EL BUEN PASTOR SU VIDA DA POR LAS OVEJAS” (Juan 10:11b)

Cierto pastor dijo: “Nunca olvidaré la cara de mi consejera espiritual cuando se enteró que yo iba a entrar en el ministerio. “¡Pero ni siquiera te atrae la gente!”, exclamó. Me recuerdo que pensé: `¿Y qué importa eso? El ministerio tiene que ver con predicar y llevar a la congregación a mayores alturas. No hace falte que me preocupe por los individuos’. Pero esto es un mito. No debemos llegar a estar tan centrados en nuestros programas que huimos de la próxima persona que Dios nos pone en el camino. Estoy asombrado de lo lejos que van las burocracias al efectuar cambios en el sistema en vez de hacer una excepción que fácilmente arreglaría el problema.

Algunos de nosotros pensamos que la dificultad a la hora de suplir las necesidades de una manera personal es que podrían multiplicarse “como conejos”. Además, los programas existen para prevenirte el agotamiento, ¿verdad? ¡Falso! El “mito del ministerio” que dice: “Lo que haces para uno debes hacer para todos”, es una “receta” para la fatiga. Jesús pasó la vida ayudando a otros. Él dijo: “…el buen pastor su vida da por las ovejas” (Juan 10:11b). Pero para que puedas realizar esto, debes: (a) hacer un hueco en tu vida para lo inesperado; (b) aprender a decir “no” amablemente.

Muchos pastores se esconden detrás de programas apretados (y secretarios) simplemente para evitar tener que decir “no”. Jesús sabía cuándo debía involucrarse y cuando no. Nunca podrás responder eficazmente si continuamente te sientes obligado a satisfacer cada necesidad. Y Dios no te lo pide. Él sólo espera que reacciones a lo que te mande y que animes a otros a hacer lo mismo.

“ÉL LES DIJO: ‘VENID… Y DESCANSAD UN POCO…'” (Marcos 6:31)

Wayne Muller dijo: “Porque no descansamos, nos perdemos en el camino. Atosigados por la creencia que las cosas buenas sólo vienen cuando tengamos una determinación constante y nos esforcemos sin cesar, nuestras vidas están en peligro por falta de descanso”.

Hay dos clases de cansancio. La diferencia es como la desigualdad entre nubes hinchadas de lluvia de primavera y aquéllas que preceden a un tornado. La primera es temporal y normal; se presenta a consecuencia de un trabajo bien hecho, y después de un periodo de descanso vuelves a la vida de antes. La segunda es una fatiga crónica interior que se acumula durante meses y no siempre se manifiesta en agotamiento físico. De hecho, se camufla dentro de una actividad frenética y un comportamiento compulsivo:

(a) no puedes relajarte durante la comida o tomando un café; (b) continuamente estás pasando y repasando tus mensajes y e-mails; (c) tu mesita de noche tiene un montón de periódicos para que sigas “por delante del juego”; (d) parece imposible tomar un día libre; (e) no tomas descansos ni vacaciones y durante todas ellas trabajas; (f) no puedes dormir bien; (g) cuando hay un rato libre, tienes que pasarlo de forma “escapista”, como comiendo, bebiendo, gastando dinero o mirando la tele.

Pero mientras que estás ocupado trabajando duro y dando la impresión de ser importante, puedes perder tu habilidad de oír la voz de Aquél que te llamó a la posición que tenías al principio. Claro que Dios espera que trabajes bien, pero no cuando pongas en peligro tu salud, tu familia o tu tiempo con Él. Si te encuentras así hoy, Jesús te está diciendo:

“ven(id)… y descansa(d) un poco…” (Marcos 6:31). Por lo tanto, deja lo que estás haciendo, toma un descanso y paso un rato con Él.

“EN LA QUIETUD Y EN CONFIANZA ESTARÁ VUESTRA FORTALEZA” (Isaías 30:15b)

Cuando estás emocionalmente y espiritualmente exhausto, fuera de control, y “movido por aquí y por allá” por las expectaciones de la gente, es fácil que llegues a ser entumecido hacia todo la gama de emociones humanas. Mientras el ser libre de emociones negativas puede parecer como un alivio, también las positivas son difíciles de encontrar, porque no sientes mucho de nada, ni de cosas buenas ni de malas. Cuando esto ocurre, es muy probable que termines ser guiado por impulsos como: (a) programar demasiado; (b) planificar tu tiempo mal; (c) estar preocupado por tu apariencia; (d) tener pocos límites; (e) tolerar relaciones destructivas; (f) pena o dolor no resuelto y (g) metas equivocadas.

Entonces, ¿cuál es la respuesta? Dios dijo: “en la quietud y en confianza estará vuestra fortaleza” (Isaías 30:15b). En otras palabras, para recibir descanso rápidamente, debes ir más despacio. En lugar de apretar y luchar para poder seguir adelante, haz un alto en el camino y háblale al Señor acerca de lo que está pasando. En vez de sentirte aislado y agobiado con la imposibilidad de tu situación, invítale en tu “cruce de caminos” orando: “Señor, ayúdame a centrar mis pensamientos en Ti (Ver Isaías 26:3b). Durante este tiempo de tanta actividad y estrés, ayúdame a reordenar mis prioridades conforme a tu voluntad, a pensar como Tú pienses y que la mente de Cristo (Ver 1 Corintios 2:16b) tenga su autoridad legítima en mi vida. Tu Palabra dice que has ordenado paz para mí (Ver Isaías 54:13b). Porque Tú eres mi Fortaleza y mi Libertador (Ver Salmo 144:2b), no me permitiré estar atormentado ni que tenga miedo. Gracias por guardar mi corazón y mis pensamientos en Cristo Jesús (Ver Filipenses 4:7)”.

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