¿Cómo Entender Las Tentaciones Según La Biblia?

¿Cómo Entender Las Tentaciones Según La Biblia?

“NO NOS DEJES CAER EN TENTACIÓN…” (Mateo 6:13 BLP)

Muchos sufrimos innecesariamente por nuestro concepto erróneo de la tentación. Primero, porque esperamos que cesen nuestras tentaciones o que por lo menos disminuyan. Cuando los israelitas entraron a la Tierra Prometida, esperaban lo mismo. Se sorprendieron de que los cananeos siguieran allí y se desanimaron pensando que se habían equivocado: ‘Seguro que ésta no puede ser la tierra de la Promesa’.

La Palabra de Dios nos deja claro que la vida cristiana es una guerra de principio a fin. Pablo dice que estamos llamados a “[luchar]… contra principados, contra potestades, contra los gobernadores de las tinieblas de este mundo, contra huestes espirituales de maldad en las regiones celestes” (Efesios 6:12) y la intensidad de las tentaciones aumenta a medida que te acercas a Dios.

Fíjate en que cuando Israel salió de Egipto, Dios no los llevó por el territorio filisteo, aunque fuera el camino más corto, porque dijo: “…Para que no se arrepienta el pueblo cuando vea la guerra, y regrese a Egipto” (Éxodo 13:17). Dios comprendió que eran nuevos en fe y los protegió de los enemigos. Pero más adelante, cuando habían cimentado su fe, les permitió enfrentarse a siete naciones poderosas.

Igual que con la Tierra Prometida, la promesa de una vida victoriosa exige que lidies con la tentación y luches para abrirte camino hacia la victoria, convencido de que “mayor es el que está en [ti] que el que está en el mundo” (1 Juan 4:4). Curiosamente, el ataque del enemigo era una prue ba de que Israel estaba en la Tierra Prometida. Así que sufrir tentaciones es una señal de que permaneces en Cristo.

“BIENAVENTURADO EL HOMBRE QUE SOPORTA LA TENTACIÓN…” (Santiago 1:12)

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Las Tentaciones Y La Biblia

El segundo concepto erróneo es que la tentación es pecado. El diablo quiere que te culpes por las tentaciones que soportas. ¿Por qué? Porque cuando crees que tú eres el causante, te sientes condenado y desanimado. A medida que sucumbes al desánimo, te conviertes en una presa fácil y satanás te convence para seguir por ese camino y rendirte ante la tentación. Curiosamente, te rindes ante el pecado por miedo a ya haber fallado. La tentación en sí no es pecado; sólo lo cometes cuando te rindes a él.

Muchos nos vemos espiritualmente deficientes, distantes de Dios, incluso farsantes, porque creemos que nosotros iniciamos la tentación. Imagínate que un ladrón entrara en tu casa y cuando lo pillas te acusa a ti de ser el ladrón. ¿Lo creerías? ¡Por supuesto que no! Eso es lo que hace satanás con nosotros. Después de tentarnos, nos acusa con pensamientos como: “¡Un verdadero cristiano nunca pensaría así!”.

Puesto que conocemos nuestras debilidades, sus acusaciones nos suenan convincentes y le creemos. Luego nos sentimos condenados, nos sumimos en el desánimo y nos rendimos a la tentación. No olvides que la condenación viene de satanás (1 Timoteo 3:6). La Biblia dice: “…Ninguna condenación hay para los que están en Cristo Jesús…” (Romanos 8:1).

Cuando satanás envía la tentación, el Espíritu Santo comienza a trabajar en nosotros para ayudarnos a rechazar sus sugerencias y recordarnos que Jesús está pronto para ayudarnos a triunfar. “Pues en cuanto Él mismo padeció siendo tentado, es poderoso para socorrer a los que son tentados” (Hebreos 2:18). Por lo tanto, cuando seas tentado rechaza la condenación de satanás y busca el auxilio victorioso de Cristo.

“…GOZAOS PROFUNDAMENTE CUANDO OS HALLÉIS EN DIVERSAS PRUEBAS” (Santiago 1:2)

Satanás sabe que cuando lo reconoces como el causante de la tentación, está en desventaja. Sabe que cuando seas consciente de que fue él quien dio lugar a la tentación, la resistirás más rápido que si pensaras que fuiste tú quien la originó. Si satanás se te acercara y dijera: ‘He venido para hacerte pecar y para que luego te sientas condenado’, tu vulnerabilidad ante sus tentaciones se evaporaría. Claro que no te lo dirá así, pero si eso te sirve para acordarte, le sacarás ventaja.

Tal como lo expresó Pablo: “… No ignoramos sus artimañas” (2 Corintios 2:11 CST). Otro concepto erróneo es pensar que la tentación es tiempo perdido y esfuerzo malgastado. Cuando la tentación dura largos periodos sentimos que hemos cedido terreno en lugar de recuperarlo. Pe ro no es así, aguantar la tentación es “[pelear] la buena batalla de la fe…” (1 Timoteo 6:12), y ahí es donde Dios forma tu carácter.

“…Cuando se hallen en diversas pruebas (tentaciones), sabiendo que la prueba de su fe produce paciencia (perseverancia)… para que sean [hombres y mujeres] perfectos y completos…” (Santiago 1:2-4 NBLH). Lo que recibes a cambio tiene repercusiones más allá de tu progreso actual, puesto que te depara recompensas eternas.

“…Aunque ahora por un poco de tiempo… tengáis que ser afligidos en diversas pruebas, para que, sometida a prueba vuestra fe… sea hallada en alabanza, gloria y honra cuando sea manifestado Jesucristo” (1 Pedro 1:6-7). Súmale a esto la gloriosa garantía que Dios nos da: “Bienaventurado el hombre que soporta la tentación… recibirá la corona de vida…” (Santiago 1:12).

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Un comentario

  1. Sino que cada uno es tentado cuando es llevado y seducido por su propia pasión.
    Santiago 1:14

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