¿Cómo Manejar Los Fracasos Según La Biblia?

Los Cristianos Y Los Fracasos En La Biblia

“…EL CORAZÓN DEL PUEBLO DESFALLECIÓ Y SE VOLVIÓ COMO AGUA” (Josué 7:5)

Todos, hasta los creyentes más veteranos, fracasamos alguna vez, y la pregunta clave en esos momentos no debería ser ‘¿Cómo pude dejar que ocurriera?’, sino ‘¿Cómo puedo rectificarlo?’ Lo más natural es albergar pensamientos de autocondenación, pero eso no ayuda a nada; más bien produce desánimo y añade fracaso al fracaso. Por culpa del pecado de Acán, Israel fue derrotado en Hai y huyó delante de sus enemigos. Así como hacemos nosotros ante la derrota, “…el corazón del pueblo desfalleció y se volvió como agua” (Josué 7:5).

Su fe los abandonó y “el pueblo se desalentó” (v.5 BLP). Incluso su líder Josué “se postró” (v. 6) desesperado porque las cosas iban de mal en peor. ¿Te ha sucedido eso alguna vez? Reconoce el círculo vicioso: derrota, desánimo, desesperación y más derrota. ¿Cuál fue la respuesta de Dios? “¡Levántate! ¿Qué haces ahí postrado? Los israelitas han pecado… ¡Levántate! ¡Purifica al pueblo!…” (Josué 7:10-13 CST).

Él es un Dios de arrepentimiento y no de estancarse en el remordimiento; un Dios de levantarse y no de sumirse en el fracaso. La santidad es un camino, no un lugar. Cuando estás descarriado, el plan de Dios es sencillo: vuelve al sendero inmediatamente. Confiesa tu pecado (1 Juan 1:9). Por fe, acepta la misericordia y el perdón de Dios. Y rechaza la condenación de Satanás (Romanos 8:1). “…Olvidando ciertamente lo que queda atrás… prosigo a la meta…” (Filipenses 3:13-14).

Como un niño que aprende a andar, cuando caigas no te quedes en el suelo rendido. Permanece ahí el menor tiempo posible, levántate y vuelve a andar. Recuerda que el momento que te hace consciente del pecado debería también llevarte a confesarlo y ofrecerte la seguridad del perdón.

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Los Fracasos, La Biblia Y ¿Cómo Superarlos?

“VOLVEOS… Y OS CURARÉ DE VUESTRA INFIDELIDAD” (Jeremías 3:22 CST)

¿Cuál es la raíz de nuestros fracasos? El fracaso no reside en la fuerza del enemigo, ni en nuestras propias debilidades, ni en la reticencia de Dios a ayudarnos a vencer. Israel fue derrotado en una pequeña ciudad después de haber conquistado la imponente Jericó. Su fracaso, como el nuestro, fue la consecuencia de un pecado no confesado (Josué 7).

Pero una vez que su pecado fue sacado a luz y tratado el asunto, Dios animó al pueblo: “No tengas miedo… toma a todo tu ejército… te daré la victoria sobre el rey de Hai y su gente. Su ciudad y sus territorios serán tuyos” (Josué 8:1 DHH). Si no reconoces el pecado, éste te dejará derrotado, pero si lo confiesas, te traerá el perdón y la restauración que te conduzcan a la victoria.

La escritora Hannah Whitall Smith cuenta que después de mudarse de casa, se percató de que en el sótano había un barril de sidra que parecía limpio, sellado a ambos lados. Se debatió entre abrirlo y ver qué había dentro o dejarlo como estaba, y optó por lo segundo. Cada primavera y otoño al hacer la limpieza general se acordaba del barril pero no se atrevía a abrirlo. Sin motivo aparente, muchas polillas empezaron a llenar la casa. Usó todos los remedios que conocía para deshacerse de ellas, pero sin éxito. Por fin se acordó del barril, lo abrió y ¡salieron miles de polillas de golpe!

La enseñanza es muy clara: todo a lo que nos apegamos que sea contrario a la Palabra de Dios hará que caigamos ante nuestros enemigos. Ten siempre presente la oración de David: “Examíname, Dios, y conoce mi corazón…Ve si hay en mí camino de perversidad…” (Salmos 139:23-24). Confiesa inmediatamente lo que Dios te muestre y recibe por fe Su perdón y Su limpieza. Así serás capaz de mantenerte en pie y victorioso delante de tus enemigos.

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Un comentario

  1. Saludos Devocionales
    Esta reflexion no tiene desperdicios.
    En hora buena
    Gloria al señor por ser un Dios de arrepentimiento. Y no un Dios para el estancamiento.
    Siempre, para Dios hay tiempo para levantarse despues de haberse caido.
    Y que bueno que solo debemos confesar nuestros pecados para que el venga en nuestro auxilio

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