El Espíritu Santo

El Espíritu Santo de Dios

“[OS] DEJO UN REGALO: PAZ EN LA MENTE…” (Juan 14:27)

La vida nos da sorpresas. Unas son bienvenidas y otras no. Un verano te vas a la playa y al verano siguiente la playa está cubierta de alquitrán. Un mes tu capital aumenta y crecen las inversiones y luego, de repente, se va todo a pique. Y los “cerebros” que se suponía mandaban en el sistema se sientan en sus despachos de poder y dicen: ‘No lo vimos venir’. Y en esas etapas cortas en las que crees que el mundo ha vuelto a su cauce, ¡atento! Una célula maligna puede aparecer en el colon o un tornado embestir un barrio y arrasar una casa. ¿Qué haces tú en esos casos?

Cuando Jesús les dijo a sus discípulos que los iba a dejar, les entró el pánico; por eso, les tranquilizó: “…Cuando el padre envíe al Abogado defensor como mi representante -es decir, al Espíritu Santo-, Él [os] enseñará todo y [os] recordará cada cosa que [os] he dicho. [Os] dejo un regalo: paz en la mente y en el corazón. Y la paz que yo doy es un regalo que el mundo no puede dar. Así que no [os angustiéis] ni [tengáis] miedo” (v. 26-27 NTV). Necesitas reconocer la presencia del Espíritu Santo que vive en ti, y fomentar una relación con Él. No es ningún objeto, cosa o ser etéreo que esté fuera de nuestro alcance. Es el “representante” de Cristo. Está dispuesto a enseñarte lo que no sabes y a recordarte las cosas que olvidas fácilmente. Y lo mejor de todo es que Él te dará “paz en la mente y en el corazón” no importa lo que te depare la vida.

“[OS] DARÁ OTRO CONSEJERO”. (Juan 14:16 PDT)

En la Biblia, Salomón enumera veintiocho diferentes fases de la vida, que son: “Un tiempo para nacer y un tiempo para morir. Un tiempo para sembrar y un tiempo para cosechar. Un tiempo para matar y un tiempo para sanar. Un tiempo para derribar y un tiempo para construir. Un tiempo para llorar y un tiempo para reír. Un tiempo para entristecerse y un tiempo para bailar. Un tiempo para esparcir piedras y un tiempo para juntar piedras. Un tiempo para abrazarse y un tiempo para apartarse. Un tiempo para buscar y un tiempo para dejar de buscar. Un tiempo para guardar y un tiempo para botar. Un tiempo para rasgar y un tiempo para remendar. Un tiempo para callar y un tiempo para hablar. Un tiempo para amar y un tiempo para odiar. Un tiempo para la guerra y un tiempo pa ra la paz” (Eclesiastés 3:2-8 NTV). Dios determina cada fase de tu vida.

El salmista escribió: “En tu mano están mis tiempos…” (Salmos 31:15). Entonces, ¿qué deberías hacer cuando comienzas una nueva etapa? Recurre a la ayuda del Espíritu Santo porque Él es un “Consejero”. Jesús les dijo a sus discípulos: “Le pediré al Padre y [os] dará otro Consejero para que esté siempre con [vosotros]” (Juan 14:16 PDT). Cuando necesites consejo, porque no sabes adónde encaminarte, el Espíritu Santo está ahí para guiarte. Eso significa que tienes que prestar atención cuando te señale un fragmento de las Escrituras, o te traiga a la mente un pensamiento una y otra vez, o te hable por medio de un amigo. No estás solo, a menos que quieras estarlo. Consulta al “Consejero” que mora en ti.

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El Espíritu Santo De Dios

“…EL ESPÍRITU SANTO… [OS] ENSEÑARÁ TODO…” (Salmos 31:15 NTV)

Igual que un profesor al dejar su puesto presenta a su remplazo a los alumnos, Jesús nos presenta al Espíritu Santo. ¡Y el respaldo que Le da no puede ser mejor! Llama al Espíritu Santo Su “representante”. El Espíritu Santo que mora en ti actúa en el nombre de Cristo con la misma autoridad y poder. ¡Qué tranquilidad da saber eso cuando estás empezando una nueva etapa en la vida en la que muchas cosas serán diferentes! Este versículo está traducido diferente según las distintas versiones de la Biblia: “Consejero”, en el sentido de “amigo”; “El que ayuda”; “Intercesor”; “Abogado”, “El que fortalece”. En la versión original en griego, se hace referencia al Espíritu Santo como Parakletos, una palabra compuesta por “para”, que significa “al lado de” y “kletos”, que significa “alguien que ha sido designado para ti”.

Al Espíritu Santo se le ha asignado que vaya a tu lado. Él es la presencia de Jesús en ti. Fíjate cómo los discípulos necesitaban que se les animara: es la noche del jueves antes de la crucifixión; al amanecer abandonarían a Jesús; en veinticuatro horas Él estaría colgado de la cruz y ellos se sentirían como si se les hubiera venido el mundo encima. Pero Jesús quería que supieran que ya nunca más tendrían que enfrentarse al futuro sin Su ayuda. Y tú tampoco. Te lleve a donde te lleve la vida, Él estará ahí a tu lado. Como dice la letra de un antiguo himno cristiano: “El conmigo está, puedo oír su voz, Y que suyo, dice, seré, Y el encanto que hallo en Él allí, Con nadie tener podré”.

“NUESTROS SUFRIMIENTOS… NOS CONDUCEN” (2 Corintios 4:17 PDT)

Todo lo que Jesús hizo por Sus seguidores lo hace el Espíritu Santo por ti. Jesús nos enseñó y ahora lo hace el Espíritu Santo. Jesús sanó y ahora nos sana el Espíritu Santo. Jesús nos consoló y ahora nos consuela el Espíritu Santo. Jesús nos lleva a nuevas etapas y nos envía a Su Consejero. El viaje de la vida lo haces en compañía del Espíritu Santo, quien te “…enseñará todas las cosas y [te] recordará todo lo que [Jesús] te ha enseñado” (Juan 14:26 TLA). Cuando lleguen los cambios, acéptalos; no te resistas. No sólo forman parte del transcurrir de la vida, sino que también son parte necesaria de la estrategia de Dios.

A fin de usarnos para cambiar el mundo, nos cambia los planes. Gedeón, el agricultor, se convirtió en general. María, la campesina, se convirtió en la madre de Cristo. Pablo, el rabino, se convirtió en un evangelista mundial. Dios hizo de José, el hermanito menor, un príncipe egipcio. Hizo de David, un pastor de ovejas, un rey. Pedro quería pescar en el Mar de Galilea, pero Cristo lo llamó a dirigir la primera iglesia.

Dios nos da los planes, pero ¿qué pasa con los cambios que duelen, esos que son difíciles de entender? Como el feto crece en el útero, tú te estás desarrollando para un tiempo mejor afuera. Dentro del útero tenías la máxima comodidad y seguridad, pero sólo afuera podrás hacer realidad el propósito que Dios tiene para ti. La meta de tu vida en este mundo es prepararte para la vida en el siguiente. Por eso escribió Pablo: “…Los sufrimientos ligeros y efímeros que ahora padecemos producen una gloria eterna que vale muchísimo más que todo sufrimiento” (2 Corintios 4:17 CST). ¡Una gloria eterna e inimaginable!

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Un comentario

  1. Muchas gracias por el devocional muy alentador y la alabanza que completa el tema, hermoso mensaje.

    DIOS le bendiga Pastor…..

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