¿Cómo Controlar Tus Emociones Según La Biblia?

¿Cómo Controlar Tus Emociones Según La Biblia?

“…CAÍN: “¿POR QUÉ TE HAS ENOJADO Y POR QUÉ HA DECAÍDO TU SEMBLANTE? (Génesis 4:69)

A no ser que aprendas a dominar tus emociones, perderás la credibilidad, distanciarás a otros, y perderás grandes oportunidades. Las emociones se parecen a un coche: correctamente entendido y manejado te puede llevar a muchos lugares, pero fuera de control te puede destruir. Cuando Dios preguntó a Caín: “¿Porque te has enojado con tu hermano?” (Génesis 4:69 parafraseado), lo que estaba diciendo era: “Escúchame bien, Caín. Tus emociones te están enviando un mensaje. Si no consigues manejar esto, crearás un lío tan grande que no podrás vivir con él. Sí, te arrepentirás y lo lamentarás, pero no serás capaz de deshacer lo que hayas hecho”. Pero Caín no quiso escuchar. La situación pareció injusta; se sintió menospreciado. Pensó que la bendición de su hermano había venido a su costo. ¿Qué clase de emociones se estaba manifestando aquí? Celos, resentimiento, compatibilidad y sentirse la víctima. Estas fuerzas descontroladas hicieron que asesinara a su hermano Abel y que cruzara una línea de donde no podía regresar.

La mayoría de nosotros tiene un “mecanismo” de reacción interior que no es controlado necesariamente por el lado racional de nuestro cerebro; reacciona a personas y acontecimientos y como una tormenta repentina surge con fuerza desde dentro, abrumándonos a veces. Gordon McDonald escribió: “Solía estar muy orgulloso sobre el hecho de que yo guardaba mis emociones para mí. Nunca me vi como una persona colérica… Después me casé y mi esposa me informó que yo, después de todo, tenía mucha ira incontrolada. Mientras raras veces se manifestó en palabras, se mostró “a todo color” en la expresión de mi cara (lo llamábamos el “don de echar chispas”), de lo cual yo nunca era consciente. Así que, había un trabajo que hacer. Tenía emociones que tuvieron que ser controladas”. Y tú, ¿qué tal lo llevas?

“DEJA LA IRA Y DESECHA EL ENOJO; NO TE EXCITES EN MANERA ALGUNA A HACER LO MALO…” (Salmo 37:8)

Mike Singleterry, que jugó para el equipo de fútbol americano Chicago Bears, era un jugador estrella y un creyente. Un día, sin embargo, mientras estaban perdiendo, los aficionados del equipo de la ciudad natal empezaron a comportarse mal y le lanzaron insultos, y eso no le gustó nada. Las cámaras televisivas enfocaron la cara de Singleterry mientras él fruncía el entrecejo hacia la muchedumbre. De repente perdió los estribos y se dirigió hacia las tribunas, respondiendo a gritos. No era su mejor momento… Pero es posible que uno de los mejores momentos de Mike fuera después de la jugada, cuando se reunió con la prensa y pidió perdón. No dio pretextos ni culpó a nadie, sólo pidió disculpas. Había dejado escapar sus emociones y tomó responsabilidad de ello. Quizás Singleterry había leído estas palabras: “La cordura del hombre aplaca su furor, y un honor le es pasar por alto la ofensa” (Proverbios 19:11). Mientras pasas por la vida, la gente te ofenderá. A veces será deliberadamente, otras veces sin querer. La pregunta es: ¿qué vas a hacer al respecto?

Las personas espiritualmente maduras controlan sus emociones y se aseguran que reflejan la realidad fielmente. Pueden estar tristes, alegres, enfadadas o eufóricas de modo apropiado en ocasiones apropiadas. Se declinan a permitir que sus emociones determinen su conducta, actitud u opciones. Un autor cristiano escribió: “Cuando siento que las cosas van en contra mía, cuando sentimientos de cólera y resentimiento empiezan a surgir, es hora de parar y preguntarme qué es lo que está pasando: ¿Sirve esto para algo, o no?”. “¿Me está hablando Dios, o no?”. ¿Gobernará mi carne este momento, o mi espíritu?. ¡Esto es un buen consejo para nosotros también!

“…TUVO COMPASIÓN DE ELLOS Y SANÓ A LOS QUE DE ELLOS ESTABAN ENFERMOS” (Mateo 14:14b)

Antes de que te felicites a ti mismo por tener tus emociones bajo control tienes que entender que hay “otro lado de la moneda”: un control emocional sin compasión, indignación moral acerca del sufrimiento humano pero sin ninguna acción correspondiente que la acompañe. Juan se refería a tales personas que se congregaban también. Ven el dolor y las necesidades sin cubrir de otros. Tienen la capacidad de hacer algo acerca de ello pero carecen de buena voluntad o de cariño, así que se alejan diciendo en voz baja que están demasiado ocupadas, o tratan de aliviar su conciencia regalando un “vale”. Juan preguntó: “…¿cómo mora el amor de Dios en él?” (1 Juan 3:17b). ¡Buena pregunta! ¿Si nosotros no nos responsabilizamos, entonces ¿quién? ¿Si nosotros no hacemos algo, ¿quién lo hará? “…la fe sin obras está muerta…” (Santiago 2:20).

Sólo capacitas tus emociones cuando las “traduces” en acciones serias. Y tu comentario: “Alguien debería hacer algo acerca de esto” no logrará que estés absuelto de responsabilidades. William Barclay escribió: “No hay nada más peligroso que la experiencia repetida de una emoción positiva sin que haya ninguna intención de ponerla en acción. Es un hecho que cada vez que un hombre siente un impulso noble sin que tome medidas, hay menos probabilidad que haga algo al respecto en alguna otra ocasión. En cierto modo es verdad decir que nadie tiene ningún derecho a sentir compasión a no ser que la quiera poner en acción. Este tipo de emoción no es algo para guardárnosla y punto. Más bien es para ponerla en práctica en la vida cotidiana a costa de esfuerzo, trabajo duro, disciplina y sacrificio”. Esto más o menos lo dice todo, ¿verdad?

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