¿Cómo Saber Si Dios Te Está Guiando?

¿Cómo saber si Dios te está guiando?

“…ABRAHAM… OBEDECIÓ… Y SALIÓ SIN SABER A DÓNDE IBA” (Hebreos 11:8)

El sistema de orientación del transbordador espacial Columbia sólo entra en funcionamiento cuando la nave espacial se encuentra a varios kilómetros de la Tierra. ¿Y a qué viene esto? El sistema de orientación de Dios solamente tiene efecto cuando estás en marcha. Eso significa que debes “despegar” de la “plataforma de lanzamiento”. ¿Te encuentras atascado en el mismo lugar orando: “Señor, no voy a dar un paso hasta que Tú no me lo digas”, mientras que Él te está diciendo: “No vas a oírme hasta que hagas lo que ya te he puesto delante”? A veces sabemos lo que Dios quiere que llevemos a cabo, pero no nos gusta. Así que, oramos esperando que cambie de opinión y nos diga lo que queremos oír…

La Biblia dice: “Por la fe Abraham, siendo llamado, obedeció para salir al lugar que había de recibir como herencia; y salió sin saber a dónde iba” (Hebreos 11:8). Cuando sigues al Señor, saldrás sin saber todo lo que te gustaría saber. Pese a los consejeros, grupos de estudio bíblico, comités, planes de negocios y trasfondos, llega el momento en el que tienes que moverte en la dirección que Dios te está mostrando. ¿Tendrás preguntas sin respuesta y preocupaciones sin expresar? ¡Pues claro que sí! Lo mismo que las luces delanteras de tu coche no exponen lo que hay a la vuelta de la próxima esquina o al otro lado de la colina siguiente, El Señor te guiará cuando lo necesites. Por eso es que Pablo escribió: “…por fe andamos, no por vista…” (2 Corintios 5:7). De hecho, ¡es la única manera! Te mantiene cerca de Dios, dependiente de Él, y te ayuda a recordar de Quién es el mérito de todos tus logros. Y a propósito: generalmente se tarda una vida en aprender el sistema de orientación del Señor.

“…ABRAHAM… OBEDECIÓ… Y SALIÓ SIN SABER A DÓNDE IBA” (Hebreos 11:8)

Dios nos guía cerrando una puerta y abriendo otra después. Abraham no sabía a dónde iba, pero sí sabía que no podía quedarse donde estaba, y eso fue lo suficiente para originarle que tomara una iniciativa en la dirección correcta. Saber que no puedes seguir donde estás es a menudo la señal de que el Señor está empezando a guiarte hacia algo distinto. Y normalmente, esto comienza con una agitación interior y un desasosiego en el alma. Las épocas de la vida tienen un principio y un fin. Cuando una ha terminado, intuyes que es hora de moverte.

“…intentaron ir a Bitinia, pero el Espíritu no se lo permitió. Entonces, pasando junto a Misia, descendieron a Troas. Una noche, Pablo tuvo una visión. Un varón macedonio estaba en pie, rogándole y diciendo: ‘Pasa a Macedonia y ayúdanos’. Cuando vio la visión, en seguida procuramos partir para Macedonia, dando por cierto que Dios nos llamaba para que les anunciáramos el evangelio” (Hechos 16:7-10). Fíjate en que cuando el Señor impidió a Pablo que fuera a Asia, él no se quedó allí orando y preguntando por qué, sino que siguió su camino. Para él, intentar algo que luego no tendría buenos resultados no era gran cosa. Creía que su dádiva hacia Dios era su corazón dispuesto además de su movilidad y que el obsequio del Señor para él era que siempre le guiaría hacia donde tuviera que estar. Lo que Dios nos impide, nos deniega o nos mantiene alejados de ello es tan guía divina como lo que Él permite y nos demuestra. Cada “puerta” que no se te abrió, cada oportunidad que no tuviste o cada llamada que no recibiste es tan guía divina como las que se hicieron realidad. ¡Piénsao!

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