¿Qué Hacer Cuando Estés Sobrecargado?

¿Qué Hacer Cuando Estés Sobrecargado?

“…TUS CONSOLACIONES ALEGRABAN MI ALMA” (Salmo 94:19b)

Antes de que un violín pueda producir música, sus cuerdas deben ser tensadas. Pero si las estiras demasiado, se pueden romper. Lo mismo pasa contigo. Suficiente estrés hace que el combustible fluya y ayuda a hacer las cosas, pero más allá de eso, revientas. Alguien bromeaba: “Te das cuenta de que estás sobrecargado cuando no tienes tiempo para preparar una cena rápida, el gato toma tranquilizantes y las reuniones familiares tienen que ser moderadas por la policía”. Ahora en serio, antes de llegar a este extremo, haz dos cosas:

(1) Pide ayuda.

Durante el huracán Katrina, ocho delfines se salieron del acuario y acabaron en el mar, pero como se quedaron juntos, pudieron ser rescatados. Si alguno se hubiera salido del grupo, habría perecido. Cuando estás demasiado tiempo solo, pierdes perspectiva. Si el enemigo consigue aislarte, puede influenciarte. Dios diseñó a su familia para que estuviera unida o como dijo Pablo: “…para que… todos los miembros se preocupen los unos por los otros” (1 Corintios 12:25).

(2) Sé sincero con el Señor.

Bajo presión, la oleada de emociones negativas puede ser abrumadora, y si no alivias tu alma con Dios, vas a estallar con las personas equivocadas. El salmista lo expresó así: “Echa sobre el Señor tu carga y Él te sostendrá…” (Salmo 55:22); “¡Derramad delante de Él vuestro corazón! ¡Dios es nuestro refugio!” (Salmo 62:8). No es una mera coincidencia que muchos de los salmos empiecen con el salmista clamando al Señor por ayuda y acaben con él regocijándose por haber podido descargar sus frustraciones acumuladas.

“NO PUEDO CONCILIAR EL SUEÑO…” (cfr. Salmo 77)

No puedes escapar del estrés, pero sí aprender a sobrellevarlo tomando el control de tu vida en pequeñas pero importantes áreas. Aquí tienes dos:

(1) Piensa en otra persona en vez de en ti.

David estaba tan fatigado que se pasaba las noches en vela. ¿Te suena? En esos momentos es cuando necesitas que por nada estés angustiado, sino sean conocidas tus peticiones delante de Dios en toda oración y ruego, con acción de gracias. Y la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento, guardará tu corazón y tus pensamientos en Cristo Jesús (cfr. Filipenses 4:6-7). Elías estaba deprimido y tenía una tendencia suicida cuando el Señor le mostró cómo ayudarse a sí mismo. ¿Y de qué manera fue? Dejando la cueva donde se escondía y saliendo afuera para ayudar a otros. Centrarte en algo que no seas tú te da perspectiva. Pablo dijo: “…el Dios…de misericordias y… de toda consolación, el cuál nos consuela en todas nuestras tribulaciones, para que podamos también nosotros consolar a los que están en cualquier tribulación, por medio de la consolación con que nosotros somos consolados por Dios” (2 Corintios 1:3-4). ¿Necesitas ayuda? Tiende la mano a otros. Es al “conectar” cuando te realizas.

(2) No te amargues.

La vida se trata de un 10 % de lo que te pasa y un 90 % de cómo reaccionas a ello. El arzobispo Fulton Sheen dijo: “Nada crea una ansiedad tan profunda como la falsa suposición de que la vida debería estar libre de ansiedades”. Cuando alguien en quien confías te traiciona o te decepciona, o tienes problemas financieros siendo el caso que has estado ofrendando fielmente durante años, es fácil sentirte maltratado por la vida. Pero “…que no brote ninguna raíz de amargura…” (Hebreos 12:15b), porque destruye tus relaciones y te aparta de la presencia del Señor. La solución es aprender a dar gracias en todo, porque ésta es la voluntad de Dios para contigo (cfr. 1 Tesalonicenses 5:8).

“…NO OS ANGUSTIÉIS…” (Mateo 6:34)

Todo lo que pudo salir mal, salió mal. Tu hijo adolescente se hizo un “piercing” en la nariz, tu perro vomitó en la alfombra, el inodoro rebosó y el coche perdió aceite. ¡Claro que estás estresado! Cuando te agobies, recuerda:

(1) Dios sigue cuidándote.

Cuando las cosas se ponen feas, recuerda que el Señor es más grande que tus problemas: “…no os angustiéis por el día de mañana, porque el día de mañana traerá su propia preocupación” (Mateo 6:34).

(2) No pienses en abandonar.

Cada vez que llegas al límite, es una prueba. Tienes ante ti una serie de decisiones que te llevarán hacia el abandono o hacia la victoria a través de la perseverancia. Pablo fue azotado, encarcelado, naufragó y se escapó de la ciudad, pero se negó a rendirse a las circunstancias, y al final pudo decir: “He peleado la buena batalla, he acabado la carrera, he guardado la fe” (2 Timoteo 4:7).

(3) Si no tiene tu nombre “escrito”, no te lo apropies.

Mucho del estrés viene de “micro-”dirigir a otros y asumir responsabilidades que no te corresponden. Es preciso que establezcas unos límites saludables. Si no estás seguro de qué es lo más conveniente, pídele a Dios que te muestre hasta dónde debes involucrarte en las vidas de tus amigos y familiares.

(4) Tus puntos límite pueden suponer el principio de un cambio radical.

¿Has escuchado alguna vez la expresión “llegar al límite”? Los deportistas la usan para expresar que están agotados y desean abandonar. Pero los deportistas maduros saben que si aguantan el dolor, llega un segundo aliento y experimentan el “estirón” que les llevará hasta la meta. Así que, sigue adelante, porque por la gracia del Señor lo vas a conseguir.

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Un comentario

  1. Gracias por sus publicaciones me ayudan cuando estoy mal aparesen para hablarme justo cuando mas agobiada estoy

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