¿Cómo Tratar Con La Frustración Según La Biblia?

¿Cómo Tratar Con La Frustración?

“SAMUEL CRECÍA Y EL SEÑOR ESTABA CON ÉL…” (1 Samuel 3:19)

Bienvenido al club; ¡La frustración está garantizada! El diccionario la define como: “Cuando no se cumplen las expectativas, produciendo ira, decepción, tristeza y desánimo”. He aquí algunos ejemplos para ayudarte cuando:

(1) Te decepcionan aquellos a los que admiras.

Piensa en Samuel y Elí (1 Samuel 1-4). La madre de Samuel encomendó su hijo a Elí, el Sumo Sacerdote, confiada en que éste, como mentor, le prepararía para servir a Dios. Pero Elí tenía un problema importante con su carácter. Era un padre débil y pasivo, que no hacía nada mientras que sus hijos abusaban de los privilegios del sacerdocio, trayendo la vergüenza y el descrédito al ministerio sacerdotal. ¿Quién hubiese acusado al joven Samuel de descarriarse, cuándo el hombre al que tanto respetaba había caído tan estrepitosamente? Pero no fue así; controló la frustración y fijó sus ojos en Dios: “Samuel crecía y Jehová estaba con él…” (1 Samuel 3:19). Y como resultado, Dios le convirtió en uno de los grandes profetas mayores de Israel. Así que, ¡mantén los ojos fijos en el Señor!.

(2) Te decepcionan los que viven contigo.

Si alguien te va a defraudar, ésa va a ser tu familia. ¿Correcto? ¡Nooo! Pregúntale a José. Cuando Dios le prometió un gran futuro, pensó que sus hermanos lo iban a celebrar. Muy al contrario, reaccionaron con resentimiento, celos, ironía y acabaron vendiéndolo como esclavo. Lejos de sus amigos y de su casa, languideció en una prisión por un delito que no había cometido. Qué invitación a la venganza, rememorando las heridas que tanta amargura le causaron. Sin embargo, en lugar de esa reacción, dejó que Dios le reivindicara, usando sus circunstancias para posicionarle, prepararle y ascenderle a Primer Ministro de Egipto: Es así como debes tratar con la frustración.

VE, PUES, AHORA, LLEVA A ESTE PUEBLO A DONDE TE HE DICHO (Éxodo 32:34)

He aquí dos tipos de frustración que te vas a encontrar en la vida:

(1) Frustración con tus compañeros de trabajo de los que dependes.

Para tener éxito necesitas a los demás, no puedes hacerlo sin ellos. Y cuando éstos fallan, es doloroso. Imagínate la decepción de Moisés. Le deja a Aarón, de máximo responsable, en tanto que él va a tener una reunión con Dios, en la que recibiría los 10 mandamientos. A su vuelta, encuentra a Israel en una total anarquía, idolatría e inexplicable perversión. ¿Y dónde encuentra a Aarón? ¡Liderando la rebelión! Cuando Moisés más le necesitaba, Aarón le falla miserablemente. Pero mira la reacción de Moisés y cómo el verdadero liderazgo resplandece en una honda frustración. Él se enfrenta a Aarón, pide a Dios que arregle el caos, al mismo tiempo que pide perdón para Israel. Dios le hace caso y le recuerda su cometido: (Es frustrante Moisés, pero…) “Ve, pues, ahora, lidera a este pueblo… Mi ángel irá delante de ti” (v. 34). La frustración no te exime de lo que tienes que hacer, – o de la presencia de Dios -. Haz lo que Él te ha mandado hacer.

(2) Frustración con aquellos a los que les has dedicado tu vida.

Volvamos de nuevo a Moisés, el pastor fundador de la Iglesia de los Críticos y los Desagradecidos. Una congregación de antiguos esclavos liberados, bendecidos abundantemente, en camino a la Tierra Prometida, pero sin ninguna rasgo de lealtad o gratitud al hombre que lo dio todo por ellos. Recién salidos de Egipto se volvieron contra Moisés acusándole, culpándole y reprochándoselo (Éxodo 14). ¿Se frustró Moisés y fue herido? ¡Claro que sí! Pero siempre que quería abandonar, deliberaba el asunto con Dios, oraba por su quejumbroso pueblo, recibía nuevas órdenes del centro de mando y al final volvía a su tarea. Eso es lo que los hombres y mujeres llamados por Dios hacen, cuando se sienten decepcionados y quieren abandonar.

“PERO TENEMOS ESTE TESORO EN VASOS DE BARRO” (2 Corintios 4:7)

Finalmente hay: Frustración con nosotros mismos.

Éste es, potencialmente, el tipo más extenuante de decepción, porque te puede envolver en una espiral de tal forma, que es difícil parar y de salir de ella.

Pedro había jurado amor eterno y lealtad a Jesús. “Aunque tenga que morir contigo, no te negaré” (ver Mateo 26:33-75), y él lo decía de todo corazón, pero cedió a la presión de la crucifixión y negó tres veces conocer a Jesús. Más tarde, recordó Sus palabras “Antes que el gallo cante, me negarás tres veces”, y Pedro, con el corazón destrozado por su tremendo fracaso “saliendo fuera, lloró amargamente” (Lucas 22:62). Alguna vez te has preguntado: ¿Dios, cómo puedes usar a un desastre como yo? Pedro no pudo cumplir sus propias expectativas y se deprimió. Pero Jesús no estaba sorprendido. Era muy consciente de los defectos de Pedro cuando le llamó al ministerio. Él también sabía que su tan directo y bravucón discípulo tenía un corazón tierno, por lo que le llenó de gracia en vez de quitarle el cargo. Fue a raíz de cuando Cristo ordenó a Sus discípulos, después de la resurrección: “Pero id, decid a sus discípulos, y a Pedro, que él va delante de vosotros a Galilea” (Marcos 16:7), que Él reafirmó la elección de Su fracasado discípulo. El resto de la historia de Pedro se encuentra en el Nuevo Testamento.

Cuando (¡No si!) te enfrentas al fracaso: (a) no le añadas insultos al fracaso, dejando que la frustración te lleve a la desesperanza y desesperación. (b) Humíllate y arrepiéntete. Confiesa tu pecado; no te excuses, racionalices o culpes a las circunstancias, o a otras personas. (c) Recibe la gracia de Dios y Su perdón por la fe, no por tus sentimientos. No permitas que Satanás te convenza, de que tu caso está fuera del alcance de la gracia de Dios. (d) Busca toda la ayuda que necesites para volver al camino; lo más pronto posible.

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