¿Que Deben Esperar Tus Hijos De Ti?

¿Que Deben Esperar Tus Hijos De Ti?

“LOS HIJOS SON UN REGALO DEL SEÑOR…” (Salmos 127:3 NTV)

Tus hijos deben esperar ciertas cosas, tales como:

1) Tu tiempo.

No los minutos que te sobran al final del día, sino momentos especiales dedicados a ellos. Si tu vida está marcada por horarios apretados y actividades de las que tus hijos no forman parte, haz algo al respecto; de lo contrario, muy pronto llegará el día en que tú no estés incluido en sus actividades. Ver la televisión juntos durante tres horas no cuenta; hay que estar “emocionalmente presentes”. A veces eso significa dejar que sean testigos de tus temores y tus inseguridades, así como lo son de la alegría que ellos te dan y de tu amor por ellos.

2) Transparencia.

Hay mucho que nuestros hijos nos pueden enseñar acerca de sí mismos, de nosotros y de quién es Dios. Cuando nos demos cuenta de que no tenemos todas las respuestas, dejaremos que Dios nos hable a través de nuestros hijos. Esa receptividad refuerza su fe, les ayuda a seguir siendo enseñables y a ti a seguir siendo joven de espíritu.

3) Orden.

Es vital, sobre todo durante los años formativos, poner reglas y fijar límites. Los niños necesitan un marco y unas normas para sentirse seguros. Cuando son pequeños eso incluye cosas como una hora fija de acostarse, la cual se retrasará con la edad. Hacer esto les hará ver que a más edad, mayor responsabilidad, que no pueden tenerlo todo de golpe porque la libertad conlleva responsabilidad y que no están listos para manejarla como ellos creen estarlo. No intentes ser el mejor amigo de tus hijos. Ni busques que ellos satisfagan tus necesidades emocionales, pues no están preparados todavía para llevar esa carga. Ten confianza en Dios y en tu identidad como padre. Busca ayuda externa de personas con buenos principios. En definitiva, procura ser ese padre (o madre) firme y comprensivo que tu hijo necesita.

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Los Hijos Y Padres En La Biblia

“ACÉRCALOS… Y LOS BENDECIRÉ…” (Génesis 48:9)

Veamos otras tres cosas que tus hijos deben esperar de ti:

1) Perdónalos y estate dispuesto a pedirles perdón.

Al hacerlo, les estás enseñando que:
a) Todos tenemos que tratar con las consecuencias de nuestros actos, y al hacerlo maduramos.
b) Tus fallos no hacen de ti un fracasado; son parte del proceso de aprendizaje y de crecimiento, parte del paquete.
c) Debemos ser rápidos en brindar a otros la misma gracia que se nos ha brindado tantas veces a nosotros.

2) No les sobrecargues con tu bagaje emocional.

Un hombre empezó a deprimirse y angustiarse cuando su hijo iba a cumplir 12 años. Muy poco después del cumpleaños del chico, el padre estaba mirando un álbum de fotos de su infancia. Y fue ahí donde se dio cuenta de que él tenía 12 años cuando su padre abandonó a la familia y luego se suicidó. Al ver que su hijo se acercaba a esa edad, se sintió muy temeroso, porque volvieron a abrirse las viejas heridas que no habían sanado. Un consejero le ayudó a recuperar la perspectiva y el equilibrio emocional haciéndole ver que él era un hombre muy distinto a su padre y que no iba a abandonar a su familia.

3) Bendícelos.

“—Son mis hijos, los que Dios me ha dado aquí —respondió José a su padre. —Acércalos ahora a mí, y los bendeciré —dijo Israel” (Génesis 48:9). Los principios por los que vives y las bendiciones que disfrutas son para pasárselos a tus hijos y a tus nietos. Ya sea que les expreses verbalmente lo que está en tu corazón o que les mandes una nota o un correo diciéndoles lo orgulloso que te sientes de ellos, bendice a tus hijos a cada oportunidad que se presente.
“…PARA QUE TE VAYA BIEN A TI Y A TUS HIJOS…” (Deuteronomio 4:40)

A veces nos asustamos porque nuestros hijos nos recuerdan demasiado a nosotros. Vemos en ellos los mismos temores e inclinaciones con las que nosotros hemos luchado. Los observamos desviarse del camino de la vida y tropezar en los mismos baches donde nosotros caímos y nos lastimamos. Lo natural es querer evitarles esas cosas, pero a veces no podemos. Ellos tienes su mentalidad, sus dotes y sus ideales. Y si la parábola del Hijo Pródigo nos enseña algo, es que hay buenos padres con hijos que solo aprenden a las duras. Si este es tu caso ¿qué puedes hacer? Orar por ellos, y “estar ahí” cuando regresen. Muchos adultos a quienes les va muy bien en la vida fueron un día hijos pródigos salvados por las oraciones de un padre o una madre que se negó a rendirse.

Si tus muchas ocupaciones te impiden sacar tiempo para interceder por tus hijos, tu escala de prioridades no es adecuada. No hay nada más valioso que el tiempo que pasas delante de Dios intercediendo por ellos. Si no sabes cómo hacerlo, prueba con la siguiente oración:

“Padre, me preocupa la dirección que mi hijo/a está tomando. Parece que está fuera del alcance de mi voz y mi influencia. Pero tú puedes alcanzarlo/a. Puedes recordarle lo que le hemos enseñado y acomodar las circunstancias que lo traigan de vuelta. Tu Palabra dice que si te obedezco me irá bien a mí y a mis hijos (Deuteronomio 4:40). Me aferro a tu promesa, creyendo que mi hijo/a va a decidir servirte y caminar en tu bendición por el resto de su vida. En el nombre de Jesús te lo pido. Amén”.

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