¿Cómo Aprender A Estar Satisfecho Según La Biblia?

¿Cómo Aprender A Estar Satisfecho Según La Biblia?

“HE APRENDIDO A SENTIRME SATISFECHO”.(Filipenses 4:12, Versión Castellana)

A veces el contentamiento significa:

1) Aprender a ser felices con menos.

Un alto ejecutivo decidió pasar unos días en un monasterio. “Espero que su estancia sea muy bendecida” le dijo el monje que le acompañó a su celda. “Si necesita algo, háganoslo saber. Le enseñaremos cómo vivir sin ello”. La felicidad no consiste en conseguir todo lo que quieres, sino en disfrutar lo que Dios te ha dado. Pablo dijo que había aprendido a sentirse satisfecho “así para estar saciado como para tener hambre, así para tener abundancia como para padecer necesidad. Todo lo puedo en Cristo que me fortalece”. (Filipenses 4:12-13, Versión Castellana).

2) No te olvides de que las cosas podrían ser peores.

Snoopy estaba tumbado en su casita de perro un Día de Acción de Gracias, quejándose de tener que estar en ese lugar comiendo comida de perro, mientras todos esos humanos estaban adentro en sus casas comiendo pavo con salsa y pastel de calabaza. Pero, podría ser peor, claro reflexionó al fin, “yo podría haber nacido pavo”. El recordarnos a nosotros mismos que “podría ser peor” puede ser un arma poderosa para fomentar nuestro contentamiento.

3) Entiende que lo que buscas es espiritual, no material.

Pablo nos advirtió que tuviéramos cuidado con “la avaricia, que es idolatría”. (Colosenses 3:5). Nuestro problema no es querer más; lo que condiciona todos nuestros deseos es el querer, de verdad, tener a Dios. Como dijo San Agustín: “Nuestras almas no descansarán hasta que descansen en Ti”. ¿Cómo va a dejarnos Dios que nos sintamos como en casa, cuando este mundo no es nuestra casa? Nuestra insatisfacción, si se lo permitimos, puede agudizar nuestra hambre espiritual e incitarnos a orar: “Venga tu reino. Hágase tu voluntad, como en el cielo, así también en la tierra”. (Mateo 6:10).

“…HE APRENDIDO A SENTIRME SATISFECHO” (Filipenses 4:12, Versión Castellana)

Michael Drosnin escribió un libro acerca de un hombre que quería más riquezas, así que levantó uno de los imperios financieros más grandes de su época. Quería más placeres, entonces pagó para tener a las mujeres más hermosas que el dinero podía comprar. Quería más aventura, entonces batió récords de velocidad aérea y construyó y pilotó el avión más espectacular del mundo. Quería más poder, así que adquirió tal influencia política, que era la envidia de los demás senadores. Quería más glamour, así que fue dueño de estudios cinematográficos y cortejaba a las estrellas del cine. Drosnin nos dice cómo acabó la vida de este hombre: ‘Era una figura de porte tétrico, de aspecto cadavérico. Consumido, con poco más de 50kg repartidos en sus 1,90m de estatura… una barba rala y desaliñada le caía por encima de su pecho hundido, unas uñas largas y espantosas en forma de garras amarillentas grotescas… Muchos de sus dientes estaban podridos y desgastados. Le estaba empezando a salir un tumor por un lado de la cabeza… innumerables marcas de jeringuillas…Howard Hughes era un drogadicto. Un drogadicto multimillonario’.

Entonces la pregunta es la siguiente: Si Hughes hubiera conseguido otro contrato más, ganado otro millón y probado otra aventura, ¿habría sido suficiente? Existe la falacia de pensar que si tenemos más, seremos más agradecidos. Pero no es así. Si damos a un niño todo lo que quiere, destruimos su iniciativa y opacamos su sentido de agradecimiento y contentamiento. ¿No te parece curioso que el mismo hombre que escribió: “He aprendido a sentirme satisfecho” también escribió: “Dad gracias en todo, porque ésta es la voluntad de Dios para con vosotros en Cristo Jesús” (1 Tesalonicenses 5:18). En tus propias fuerzas no puedes hacer de ti, una persona más agradecida o satisfecha, pero puedes orar por ello y abrir tu corazón para que suceda.

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