¿Cómo Es Que Dios Nos Guía?

¿Cómo Es Que Dios Nos Guía?

“TE ENSEÑARÉ Y TE MOSTRARÉ EL CAMINO; TE ESTARÉ OBSERVANDO Y SERÉ TU GUÍA” (Salmos 32:8 PDT)

Antes de explicar en qué consiste la guía divina, aclaremos lo que no es:

1) No es “el último recurso”.

No solemos pensar mucho acerca de la guía espiritual hasta que enfrentamos cuestiones fundamentales como la elección de esposo/a, qué casa comprar o en qué acciones invertir. La guía espiritual no es una línea directa de emergencia. La clave para saber si deseas la voluntad de Dios radica en la pregunta ¿Con cuánta frecuencia busco la guía de Dios cuando no tengo dificultades?

2) No es algo para unos pocos privilegiados.

En el Antiguo Testamento Dios hizo que un burro hablara (véase Números 22:28). Ahora bien ¿qué hubiera pasado si al asno se le hubieran subido los humos y hubiera pensado que era de una casta espiritual superior a la de los demás cuadrúpedos?

3) No es una excusa para no hacer nada.

Alguien dijo que decidió no solicitar cierto empleo porque conseguirlo sin intentarlo sería una señal de la voluntad de Dios. ¿Significa que todo lo que pasa como consecuencia de nuestra pasividad es la voluntad de Dios? No. Eso es como sentarse en el medio de la autopista y decir ‘Si no me atropella ningún coche entiendo que es la voluntad de Dios y no yo actuando en la carne’.

4) No es jugar a lo seguro.

A veces no buscamos guía sino seguridad. Sin embargo la toma de decisiones puede ser algo solitario e intimidante. Hasta las pequeñas decisiones pueden causarnos ansiedad. Dios quiere que tengamos buen juicio, y la única forma de alcanzarlo es tomando decisiones, arriesgándonos y en algunos casos fracasando. Él quiere hijos maduros, no robots. Su propósito no es que simplemente hagamos buenas obras sino que lleguemos a ser personas cabales y rectas.

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“ÉL GUÍA A LOS HUMILDES POR EL BUEN CAMINO…” (Salmos 25:9 PDT)

¿Cómo podemos aprender a ser guiados por el Señor? De tres maneras:

1) Con oración.

Tomás Kelly escribió: “Hay un modo de ordenar nuestra vida mental en varios niveles. En un nivel tal vez pensemos, discutamos, observemos … pero … en otro más profundo podemos estar orando al mismo tiempo … y recibiendo sutilmente la inspiración divina”.

2) Con obediencia.

¿Para qué sirve la guía de Dios si no estás dispuesto a seguirla? ¿Y qué pasa con la guía que ya has recibido de las Escrituras pero que no has puesto en práctica? Frank Laubach, cuya vida fue todo un experimento en escuchar a Dios, escribió: “Nunca viví de verdad … hasta que alcancé el lugar donde de todo corazón … me propuse buscar la voluntad de Dios de continuo, cumplirla y ganar la batalla en mis pensamientos, aunque toda fibra de mi cuerpo se opusiera. Fue como si un pozo artesiano se hubiera afianzado en mi corazón … Dinero, elogios, pobreza, oposición —ninguna de esas cosas contaba porque todas ellas serían olvidadas dentro de mil años—, pero el espíritu que mora en la mente que deliberadamente se rinde, ese espíritu perdura para siempre”.

3) Con fe.

¿Hemos abusado de las palabras ‘El Señor me ha dicho? ¡Por supuesto! A veces los dirigentes religiosos las usan como un arma para conseguir lo que quieren. Aunque así sea, no puedes tirar por la borda lo bueno junto con lo malo, porque lo cierto es que no crecerás espiritualmente si te cierras a la guía del Espíritu Santo. Tienes que creer, por muy desconcertante que parezca, que Dios puede hablar y que habla.

“YO ESTOY CONTIGO, TE GUARDARÉ DONDEQUIERA QUE VAYAS…” (Génesis 28:15)

¿No es irónico que cuando alguien dice que habla con Dios decimos que está orando pero cuando alguien dice que Dios le habla pensamos que está un poco “pirado”? ¿Ha dejado de repente Dios de hablar a sus hijos? ¿Dejarías tú de hablar con los tuyos? Juan Calvino describe la guía de Dios como “el testimonio interno del Espíritu Santo”. Y San Ignacio lo llamó “actos del alma —pensamientos, sentimientos o deseos— …dados por Dios”. Pueden manifestarse como un convencimiento de pecado, o la seguridad del amor de Dios o el llamado a hacer algo; pero todas estas expresiones son imprescindibles para una vida guiada por el Espíritu. Para oír a Dios tienes que ser receptivo ¡y a veces estar desesperado!

Durante una época muy dura en la vida de Jacob Dios se le apareció en un sueño diciendo “Mira, estoy contigo, te protegeré dondequiera que vayas … Después Jacob se despertó y dijo: ‘El Señor está en este lugar y no me había dado cuenta’” (Génesis 28:16 PDT). No se había dado cuenta; ¿te describe eso a ti? Mientras lees estas palabras tus pensamientos están siendo dirigidos por un ser humano: un escritor. ¿No crees que Dios puede hacer lo mismo, y mucho mejor? Él puede guiar tus pensamientos sin la influencia de sonidos ni de imágenes. Mira lo que le ocurrió a Samuel cuando era niño. Dios le habló una noche en el Templo pero el joven no sabía que era el Señor quien le hablaba. Necesitó la ayuda del sumo sacerdote Elí para reconocer Su voz. Pero una vez que lo hizo, su vida cambió dramáticamente. ¡La tuya también puede cambiar!

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