La Mayordomía Bíblica. ¿Que Es Mayordomía Cristiana?

La Mayordomía Bíblica. ¿Qué Es Mayordomía Cristiana?

DA CUENTA DE TU MAYORDOMÍA (Lucas 16:2)

Para entender la definición del concepto de la mayordomía bíblica, es preciso entender el concepto de propiedad. El mayordomo no es dueño de la propiedad que administra, por lo tanto tiene que dirigir los asuntos con vistas a agradar a su jefe, el dueño. Hoy en día esa definición nos incomoda, porque pensamos: Mi tiempo me pertenece. Mis capacidades son mías y las usaré para avanzar en mi carrera porque las he desarrollado con mi duro trabajo. Éstas son mis cosas, las he comprado y pagado yo. La Biblia dice: ¿Qué tienes que no hayas recibido? Y si lo recibiste, ¿por qué te glorías como si no lo hubieras recibido?. (1 Corintios 4:7). Todas las cosas buenas que tienes son un regalo de Dios, ¡no se te olvide!

Como inversor inteligente, el buen administrador hace tres cosas:

1) Mira al futuro.

No se deja influir o distraer por aquellos que queman todo lo que tienen en placeres inmediatos, viviendo sólo para el presente.

2) Es disciplinado y paciente.

Se mantiene firme en medio de los momentos buenos y malos de la vida, con el conocimiento de que a su tiempo segaremos, si no desmayamos (Gálatas 6:9).

3) Se arriesga a favor de su jefe.

No toma riesgos a la ligera, sino aquellos que ha sopesado bien y por los que ha orado. Ningún inversor puede tener la total seguridad de que su futuro financiero no se va a desplomar si ocurriera algo drástico. Pero aquí está la diferencia: cuando seguimos el plan de Dios para nuestras vidas, incluso si tuviéramos alguna pérdida en la tierra, de todas formas siempre vamos a ganar mucho más en el cielo.

EL SEÑOR DE AQUELLOS SIERVOS ARREGLÓ CUENTAS CON ELLOS (Mateo 25:19)

En la conocida parábola de los talentos, Jesús hizo hincapié en dos cosas en relación a nuestra mayordomía bíblica delante de Dios.

1) Dio a cada uno conforme a su capacidad(Mateo 25:15).

Dios sabe lo que eres capaz de manejar y no te va a dar más, así que no se lo pidas. Él sabe para lo que te ha llamado. El señor no le puso la carga de cinco talentos al siervo que sólo podía rendir con uno o viceversa. No quiere decir que aquellos que tienen muchos bienes sean los mejores administradores, o que los que tienen poco deben de ser malos mayordomos; Dios nos conoce a todos a la perfección y trata con nosotros de acuerdo a ese conocimiento. Así que no tendrás que rendir cuentas a Dios de lo que no te dio, ni de lo que dio a otra persona. Sólo respondes por ti mismo. Sea lo que sea que Dios te haya confiado, lo ha hecho sabiendo que eres capaz de ocuparte de ello.

2) Después de mucho tiempo regresó el señor de aquellos siervos y arregló cuentas con ellos (Mateo 25:19).

Puede que nos parezca algo lejano, pero ¡Jesús vuelve otra vez! No ha cambiado de opinión ni de planes. La primera vez vino a salvar, la segunda vez vendrá a reinar y a recompensar a sus mayordomos. ¿Quién es el mayordomo fiel y prudente al cual su señor pondrá sobre su casa? Bienaventurado aquel siervo al cual, cuando su señor venga, lo halle haciendo así (Lucas 12:42-43). No te canses ni te distraigas. Mantén tu mirada en el premio. Imagínate al Maestro diciéndote: ¡Buen siervo!. Eso es lo que quieres oír ¿verdad?

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BIEN, BUEN SIERVO Y FIEL.. (Mateo 25:21)

En la parábola de los talentos, los dos primeros siervos fueron recompensados por multiplicar lo que se les había confiado. El primer mayordomo dijo:

He ganado (Mateo 25:20). Ahora bien, cuando Dios nos confía algo, no se sienta en el cielo y tira de las cuerdas como si fuéramos marionetas, controlando cómo dirigimos sus asuntos. Somos libres para escoger. Podemos echar a perder lo que nos ha confiado o sacar el máximo rendimiento. Los dos primeros siervos hicieron con el dinero de su señor exactamente lo que se esperaba de ellos. Dios nos lo da pero nosotros tenemos que administrarlo, porque Él no lo va a hacer por nosotros. Prueba de esto es lo que le ocurrió al tercer administrador, que dijo: “Señor, te conocía que eres hombre duro por lo cual tuve miedo, y fui y escondí tu talento en la tierra” (Mateo 25:24-25). El tercer siervo se parecía a esos que dicen: “Dios exige demasiado. Tengo miedo de que si le digo que sí, me va a demandar demasiado. Mejor me quedo aquí al otro lado de la barrera donde me siento seguro”. Eso es mala mayordomía y aun peor teología. No dejes que nadie te haga creer que no puedes hacer lo que Dios espera de ti, porque por su gracia, sí puedes. Los dos primeros siervos conocían las expectativas de su dueño; eso es lo que significa ser un buen mayordomo. Sabemos lo que Dios demanda de nosotros porque lo ha escrito en Su Palabra. El elogio del maestro era importante para los mayordomos, puesto que se habían esforzado en su labor. Se les había dado una responsabilidad y la habían llevado a cabo fielmente. Si tu fidelidad a Dios se reflejara en una gráfica, ¿dónde te encontrarías hoy? Si no estás seguro, ¡examínate!

QUE SI ALGUNO NO QUIERE TRABAJAR, TAMPOCO COMA (2 Tesalonicenses 3:10).

Se cuenta de un hombre que llegó a la iglesia con una expresión muy triste. ¿Qué te pasa? le preguntó el pastor. Pues que hace dos semanas se murió un tío y me dejó 75.000 euros. Hace una semana se murió mi tía y me dejó 50.000 euros. El pastor le preguntó: Pero entonces, ¿por qué estás tan triste?. Pues porque no se ha muerto nadie esta semana. Es un buen chiste, pero el problema es que la Biblia dice pide a este hombre que trabaje, haciendo con sus manos lo que es bueno, para que tenga qué compartir con el que padece necesidad. (Efesios 4:28). El primer trabajo que Dios le dio a Adán fue cuidar el jardín del Edén y ser productivo. Aunque se encontraba en un entorno perfecto, Adán tuvo que trabajar. Si quieres ser un buen mayordomo, usar los recursos de tu Señor y aumentarlos, tienes que hacer trabajo productivo para que tenga[s] qué compartir con el que padezca necesidad (2 Tesalonicenses 3:10). Por eso apostar es malo, no puedes sustituir la suerte por el trabajo; y no tienes por qué ayudar a aquellos que no quieran trabajar. Escribe Tony Evans: “En lugar de preguntarse dónde le van a regalar un pedazo de pan, el buen administrador se pone a hacer pan, disfruta del resultado y comparte lo que tiene con otros”. Algunos cuestionan si es correcto invertir, porque no encaja con su idea de lo que es trabajo. Pero no es así; Dios le dijo a Adán que plantara semillas. Plantar semillas es una inversión que se hace esperando una cosecha. Desde la caída, hemos estado inventando maneras de evitar el trabajo honrado y productivo. Tu trabajo es parte de tu mayordomía. ¿Lo estás realizando como si Dios fuera tu empleador? ¡Pues lo es!

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