¿Qué Causa El Desánimo Según La Biblia?

¿Qué Causa El Desánimo Según La Biblia?

“LAS FUERZAS DE LOS ACARREADORES SE HAN DEBILITADO…” (Nehemías 4:10)

La historia de Nehemías pone de manifiesto cuatro causas principales del desánimo. Analicemos la primera:

Causa número uno: El cansancio.

El pueblo de Judá dijo: “Las fuerzas de los acarreadores se han debilitado…” (Nehemías 4:10). En otras palabras, han trabajado tanto que están agotados. Estaban exhaustos física, mental y emocionalmente. A veces cometemos el error de pensar que el desánimo es un problema estrictamente espiritual. Y decimos ‘Tal vez tenga que volver a rendir mi vida a Dios’, cuando el único problema es que estamos quemados. Necesitamos descanso y renovación. De hecho, a veces lo más espiritual que puedes hacer es relajarte, ir a la cama o tomarte un tiempo libre. ¿Cuándo aparecieron el cansancio y el desánimo? Veamos el versículo 6: “Edificamos, pues, el muro, y toda la muralla fue terminada hasta la mitad de su altura…” (Nehemías 4:6.).

¿Sabes cuándo somos más propensos a desanimarnos? ¡Cuando estamos a mitad del proyecto! Todo el mundo trabaja duro al principio. La Biblia dice que “…el pueblo trabajó con entusiasmo” (Nehemías 4:6). Cuando pasa la novedad el trabajo se hace aburrido. La vida entra en una monotonía, luego en una rutina y después en una costumbre. Ten cuidado: cuando el cansancio entra en tu vida, la fe sale de ella. Por eso dijo el salmista: “En lugares de verdes pastos me hace descansar; junto a aguas de reposo me conduce. El restaura mi alma” (Salmos 23:2-3). El cansancio es una de las causas mayores del desánimo y a veces se manifiesta a mitad del camino. Por eso dejamos tantos proyectos inacabados. Por lo tanto, si necesitas tomarte un tiempo libre, tómatelo.

“…LOS ESCOMBROS SON MUCHOS. NO PODREMOS TERMINAR DE REPARAR LOS MUROS” (Nehemías 4:10 TLA)

Causa número dos: la frustración.

Los judíos estaban edificando una nueva muralla, pero las piedras rotas de las ruinas estaban tiradas por todas partes, junto con restos de cemento seco y de tierra. Y al ver tantos escombros se desanimaron y perdieron de vista su objetivo. Había tanta “broza” en sus vidas que no sabían cómo seguir con la tarea importante de vivir. Siempre que empiezas un proyecto significativo hay muchos escombros que quitar, y a veces es frustrante. No lo puedes evitar, pero sí puedes aprender qué hacer con ello para no abandonar tu plan.

¿Cuáles son los “escombros” de tu vida? ¿Cosas triviales que te hacen perder el tiempo, que consumen tus energías y te impiden ser lo que quieres? ¿Cosas que te estorban para dedicarte a lo fundamental, como cultivar las relaciones con tu esposa y tus hijos, o ejercer tus dones en la iglesia? Los escombros de la vida son esas cosas que se interponen, esas interrupciones que te impiden realizar las metas. Y con eso necesitas tratar. En otras palabras, tienes que “sacar la basura”. Nadie lo va a hacer por ti. Dios no lo hará y no puedes sencillamente orar para que se vaya. Dios colocó a Adán y a Eva en el Huerto del Edén y les ordenó: ‘Cuidadlo’. Al mantener las bendiciones que Dios te ha dado aprendes a diferenciar entre lo que es importante en la vida y lo que no lo es. Y esa es una lección que siempre estarás aprendiendo.

“…NO PODREMOS RECONSTRUIR EL MURO” (Nehemías 4:10)

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Causa número tres: el fracaso.

La tercera razón por la que nos desanimamos está reflejada en la queja de los israelitas: “…No podremos reconstruir el muro” (Nehemías 4:10). Lo que de verdad estaban diciendo era: ‘Estamos demasiado cansados. No es posible. Es una locura intentarlo. Nos rendimos’. Debido a que no fueron capaces de acabar la labor tan pronto como habían pensado su confianza se vino abajo y se desanimaron. Pregunta: ¿Cómo manejas el fracaso? ¿Te sientas y te regodeas en tu lástima? ¿Dices ‘¡Pobre de mí! no puedo acabar esto’? ¿Empiezas a quejarte: ‘Es imposible, no se puede hacer, fui tonto por siquiera intentarlo’? ¿Echas la culpa a otros: ‘Todos me han decepcionado, no hicieron bien la parte que les correspondía’?

La diferencia entre los ganadores y los perdedores es que los primeros ven el fracaso como un contratiempo pasajero. Han aprendido a sobreponerse, mientras que los perdedores lo consideran como un estado permanente. Cada vez que un ganador se cae, “…vuelve a levantarse…” (Proverbios 24:16 LBLA). Hay un antiguo adagio que dice: “Cuando se enfrentan la corriente y la roca, la corriente siempre gana; no por su fuerza sino por su perseverancia”. Cuanto más cuesta la fidelidad, más necesaria es. Como observa el escritor John Mason: “El secreto del éxito es empezar desde cero, ¡y seguir añadiendo!”. Cuando te desanimas haz tuya esta promesa: “No perdáis, pues, vuestra confianza, que tiene una gran recompensa, pues os es necesaria la paciencia, para que, habiendo hecho la voluntad de Dios, obtengáis la promesa” (Hebreos 10:35-36). Sé valiente, se paciente y al final triunfarás.

“Y NUESTROS ENEMIGOS MAQUINABAN: «…LOS MATAREMOS; ASÍ HAREMOS QUE LA OBRA SE SUSPENDA.»” (Nehemías 4:11 NVI)

Causa número cuatro: el temor.

¿Por qué los enemigos de Israel no querían que se construyeran las murallas de Jerusalén? ¡Por resentimiento! La muralla alrededor de una ciudad garantizaba su protección y prosperidad. Así que empezaron criticando a los judíos y luego los amenazaron. Pero fíjate quién se desanimó primero: “Algunos de los judíos que vivían cerca de ellos venían constantemente y nos advertían: «Os van a atacar por todos lados.»” (Nehemías 4:12 CST). Cuando vives en medio de gente negativa mucho tiempo acabas contagiado de su negativismo. Cuando escuchas a alguien decir continuamente ‘No se puede hacer’, al final acabas creyéndolo. Así que elige bien las compañías. Evita a personas que refuerzan tus temores y ponte al lado de aquellos que edifican tu fe.

¿Tienes temores ahora mismo que te están desanimando e impidiendo desarrollarte y crecer? ¿Temes las críticas o el ridículo? ¿Tienes miedo a dar el gran paso de buscar un nuevo empleo? A lo mejor te asuste el pensar que no vas a dar la talla. Quizás te preocupe que no vayas a saber aguantar la presión. Tal vez sea el temor de creer que tienes que ser perfecto. Una cosa es segura: ¡el temor siempre te va a desanimar! ¿En quién estás confiando? Si es en ti mismo, o en otros, lee esta promesa: “El Señor va delante de ti; Él estará contigo, no te dejará ni te desamparará. No temas ni te intimides” (Deuteronomio 31:8).

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