El Amor Nunca Deja De Ser: 1 Corintios 13:8

“EL AMOR NUNCA DEJA DE SER…” (1 Corintios 13:8)

La Biblia dice: “El amor nunca deja de ser…” (1 Corintios 13:8). Piénsalo bien: el dinero no da la felicidad, la fama no da autoestima y la venganza no da satisfacción. Lo único que nunca falla es el amor. Cuando Teresa de Calcuta se dirigió a los dignatarios mundiales en las Naciones Unidas, estos le preguntaron: ‘¿Cómo podemos tener paz en el mundo?’ Su respuesta fue: ‘Id a casa y amad a vuestras familias’. Si todos lo hiciéramos, el “Paraíso Perdido” se convertiría en el “Paraíso Encontrado”. La agudeza intelectual y el intenso narcisismo de Napoleón Bonaparte hacen que la siguiente declaración de él acerca de la supremacía del liderazgo en amor resulte bastante sorprendente: “Alejandro Magno, César, Carlomagno y yo fundamos grandes imperios. ¿Pero con qué impusimos la creación de nuestro genio? Con fuerza. Solamente Jesús creó su imperio con amor, y hasta el día de hoy millones de personas están dispuestas a morir por Él”.

Muchas veces los líderes no son más que meros “acaparadores de poder” (o dictadores). Y puesto que no puedes amar a los demás sin hacerte vulnerable, consideran la expresión de amor como una debilidad. Pero el hecho es que no puedes amar sin algún tipo de compromiso. Para amar de verdad —a tu esposa, tus hijos o tus subordinados— tienes que entregarte sin reservas y de tal modo que puedas ser herido y hasta rechazado. El principio fundamental en el que operan los “dictadores”es protegerse a sí mismos y todo lo que tienen. Mientras que el principio fundamental del buen liderazgo es precisamente darse sin reservas. El amor como característica intrínseca de liderazgo parece algo pasado de moda, y sin embargo según las Escrituras sigue siendo la estrategia ganadora. La Biblia dice: “…No nos ha dado Dios espíritu de cobardía, sino de poder, de amor y de dominio propio” (2 Timoteo 1:7).

“SI AMÁIS A LOS QUE OS AMAN, ¿QUÉ MÉRITO TENÉIS?…” (Lucas 6:32)

El amor del que habla la Biblia no es un sentimiento romántico que te enternece. Es compasión, cuidado y preocupación por el bienestar de otros. Está basado en el compromiso, no en la conveniencia. Es un acto de la voluntad, no un reflejo de las emociones. Jesús hace una pregunta que da en el clavo: “Si amáis a los que os aman, ¿qué mérito tenéis? También los pecadores aman a los que los aman. Y si hacéis bien a los que os hacen bien, ¿qué mérito tenéis? También los pecadores hacen lo mismo” (Lucas 6:32-33). Amar es lo más difícil que nunca hagas, y para ello necesitarás toda la gracia de Dios.

Jesús continúa: Amad, pues, a vuestros enemigos, haced bien, y prestad, no esperando de ello nada; y vuestra recompensa será grande, y seréis hijos del Altísimo, porque él es benigno para con los ingratos y malos. Sed, pues, misericordiosos, como también vuestro Padre es misericordioso. No juzguéis y no seréis juzgados; no condenéis y no seréis condenados; perdonad y seréis perdonados. Dad y se os dará; medida buena, apretada, remecida y rebosando darán en vuestro regazo, porque con la misma medida con que medís, os volverán a medir” (Lucas 6:35-38). Probablemente pienses que Jesús ha puesto el listón muy alto. Es cierto, y por eso el amor es la estrategia ganadora.

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“…AMARÁS AL SEÑOR TU DIOS CON TODO TU CORAZÓN…” (Mateo 22:37)

Un día los detractores de Jesús le preguntaron: “Maestro, ¿cuál es el gran mandamiento en la Ley?” (Mateo 22:36). Su respuesta es una recordatorio muy apropiado tanto para los líderes como para los seguidores (los que se sientan en los bancos y los que están en el púlpito): “’Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma y con toda tu mente’. Éste es el primero y grande mandamiento” (Mateo 22:37-38). Como líder, siempre debes dejarles muy claro a todos quién es Dios, y quién no es —tú mismo—. El Señor ordenó: “No tengas ningún otro dios aparte de mí” (Éxodo 20:3 NTV). Y eso es importante, porque el mayor peligro viene cuando la gente empieza a alabarte. Es normal que enseñemos a las personas a respetar, honrar y recompensar a los buenos líderes, pero el dirigente que imita a Cristo no promueve la adulación y huye a toda costa del estrellato.

Juan el Bautista cumplió tan bien su función de predicador que cuando acabó de hablar sus oyentes se fueron a Jesús. Al referirse a ello, Cristo comentó más tarde algo así ‘Juan, ¡has hecho un trabajo excelente!’. Por lo visto Juan estuvo de acuerdo porque dijo: “Es necesario que Él crezca, pero que yo mengüe” (Juan 3:30 RVR 1960). Isaías escribió: “En el año que murió el rey Uzías vi yo al Señor sentado sobre un trono alto y sublime…” (Isaías 6:1). Tuvo que morir el rey antes de que Isaías viera al Señor. Solamente cuando el líder sea indiferente al aplauso y a la aprobación morirá al ego y Dios podrá glorificarse en su liderazgo. De hecho, cuando solo Cristo es exaltado, el auténtico líder llamado por Dios sonríe y dice ‘Gracias Señor, así es como debe ser’.

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