¿Cómo Debe Ser Tu Relación Entre Dios y El Dinero?

DINERO: DONDE ESTÉ TU TESORO, ALLÍ ESTARÁ TAMBIÉN TU CORAZÓN (Mateo 6.21 NVI)

La Biblia nos relata que Jesús miraba cómo el pueblo echaba dinero en el arca (Marcos 12:41). Responde a esta pregunta con sinceridad: ¿Darías lo mismo si fuera Jesús el que pasara el plato de las ofrendas?. Pues lo cierto es que Jesús lo ve. Cada vez que Dios te pide que des, Él observa tu obediencia, tu regularidad y tu generosidad – o la falta de ellas. No te mide por la cantidad que das, sino por lo que das en relación a lo que guardas. Por eso dijo Jesús: donde esté tu tesoro, allí estará también tu corazón (Mateo 6.21 NVI).

Ahora bien, puesto que toda empresa humana está destinada a acabar esfumándose, pero el Reino de Dios “no tendrá fin” (Isaías 9:7). No es difícil entender cuál es el mejor sitio para invertir, ¿verdad? No obstante, ¿quién no se has sentido más emocionado con la idea de una casa de ensueño aquí en la tierra que con una mansión eterna en el cielo? Por eso Jesús nos reta una y otra vez a que nuestros valores y orden de prioridades sean correctos. Resulta curioso ver cuánta gente se apresura a dar donativos para la obra de Dios cuando está cerca de su muerte. ¡A lo mejor es porque desde el coche fúnebre se tiene una mejor perspectiva de la vida! “Haceos tesoros en el cielo” (Mateo 6:20).

Lo que Jesús nos está diciendo es: “No te lo puedes llevar contigo, pero puedes mandarlo al cielo antes de que llegues”. Damos gracias a Dios por los legados financieros de benefactores, pero ¿no piensas que sería mejor darlo en vida, para que puedas experimentar la doble bendición de ver cómo tu dinero ayuda a expandir el Evangelio, mientras tú todavía estás vivo para verlo?

Moraleja: Si quieres saber lo que de verdad es importante para ti, observa tu comportamiento con el dinero.

HONRA AL SEÑOR CON LAS PRIMICIAS DE TODOS TUS FRUTOS. (Proverbios 3:9)

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¿Cómo Debe Ser Tu Relación con Dios Y El Dinero?

Para vivir de acuerdo a los principios de la Palabra de Dios y ser bendecido en tus finanzas, debes tener en cuenta tres cosas.

Primera: Dios es el dueño de todo. Es cierto que tu nombre figura en la cuenta, pero no te engañes, “pues todo es tuyo, y de lo recibido de tu mano te damos” (1 Crónicas 29:14). Tú eres el albacea del testamento de Dios. Por lo tanto, cuando te pide que des cierta cantidad, no digas: “Déjame pensarlo y luego te respondo”. Y no intentes negociar, porque al final de cada acto de obediencia, te espera una bendición. “Si queréis y escucháis, comeréis de lo mejor de la tierra” (Isaías 1:19 Biblia de las Américas).

Segunda: Recuerda que Dios es tu fuente de provisión. No tienes nada que Él no te haya dado: “Toda buena dádiva” desciende de lo alto, del Padre (Santiago 1.17). Está bien que disfrutes del dinero, lo inviertas y lo repartas, siempre y cuando tengas puesta tu confianza sólo en “el Dios vivo, que nos da todas las cosas en abundancia para que las disfrutemos” (1 Timoteo 6:17).

Tercero: Recuerda que cada decisión de gastar en algo es una decisión espiritual. La forma en cómo gastes el dinero reflejará tu escala de valores. ¿Qué revelan tus extractos bancarios? Los cristianos de Macedonia eran maestros en el arte de dar: “Dieron todo lo que podían, y aún más de lo que podían” Primero se entregaron a sí mismos al Señor, y después a nosotros. De este modo, hicieron lo que Dios esperaba de ellos (2 Corintios 8:3-5 Biblia en Lenguaje Sencillo).

Cuando le das a Dios tu corazón, no te costará nada luego darle cualquier otra cosa.

PERO EL NECIO TODO LO DESPILFARRA (Proverbios 21:20 NVI)

Si quieres ser un buen administrador de lo que Dios te ha confiado, haz lo siguiente.

Primero, reduce las deudas que has contraído.

Déjate guiar por la sabiduría, no por los impulsos; la clave de la seguridad financiera es gastar menos de lo que ganas. Cuando estás endeudado hasta los ojos, eso te ata y dicta lo que vas a poder hacer, o no hacer, en el futuro. Tu modo de administrarte ahora tendrá repercusiones para el día de mañana.

Segundo, recuerda que lo mejor es el dinero en efectivo.

No inviertas en esquemas financieros sofisticados hasta que no tengas unos ahorros en el banco que te permitan al menos vivir de tres a seis meses. De esa forma, estarás preparado si surge alguna emergencia ¡y seguro que surgirá! La Biblia dice: “Tesoro preciado” hay en la casa del sabio, pero el hombre insensato todo lo disipa (Proverbios 21:20).

Tercero, trázate unas metas financieras a largo plazo y revísalas regularmente.

Los domadores de leones usan un taburete para controlarlos. ¿Por qué? Porque si no lo hacen, el león tratará de poner su atención en sus cuatro patas a la vez y acabará confundido. No pierdas de vista tu meta a largo plazo.

Cuarto, no te limites a ahorrar, siembra, porque “el que siembra generosamente, generosamente también segará” (2 Corintios 9:6).

No disfrutarás verdadera libertad financiera hasta que tu sentido de seguridad ya no se vea amenazado. Entonces habrás entendido que la siembra continua en el Reino de Dios siempre produce una cosecha segura. ¡No hay mejor forma de vivir que estar siempre sembrando!

¿Cómo Debe Ser Tu Vida entre Dios y tu dinero?

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