¿Cómo Es La Economía De Dios Para Los Tiempos Difíciles?

“…NO OS ANGUSTIÉIS POR EL DÍA DE MAÑANA…” (Mateo 6:34)

Un presentador dijo recientemente con humor: ‘A propósito de la economía, si no fuera por las malas noticias, ¡ya no habría noticias!” Cada vez que aparece una nueva crisis económica nos olvidamos de que ya ha habido otras y de que las hemos superado con la gracia de Dios. Nos parecemos al pueblo de Israel, y nos ponemos a vaticinar cosas negativas, acrecentamos el desánimo, nos unimos a los que se quejan del gobierno o anhelamos siempre “antaño, cuando las cosas eran mejores”.

¿Cómo espera el Dios que hizo salir agua de la roca, que envió el maná del cielo y cuervos para alimentar al profeta hambriento, que su pueblo reaccione ante la importante crisis financiera?

La respuesta es: ¡Elige la economía correcta!

Como creyente que eres, tienes que elegir entre dos economías.

La primera es el Reino de Dios, donde Él dirige y controla, es dueño de todos los recursos y los dispensa generosamente para suplir las necesidades de su pueblo, sea cual sea la coyuntura económica mundial.

La segunda es la economía de los reinos de este mundo donde los hombres compiten de manera egoísta para ser los primeros.

En el Reino atípico de Dios las reglas están al revés. Él dice: “Así son mis caminos más altos que vuestros caminos y mis pensamientos más que vuestros pensamientos” (Isaías 55:9).

En el reino de este mundo, en el que el lema es: “Consigue todo lo que puedas y usa todo lo que consigas”, siempre serás propenso a la avaricia y a la manipulación. Dios dijo a su pueblo: “…Escogeos hoy a quién sirváis…” (Josué 24:5).

¿Qué economía vas a elegir? Si eres sabio, depositarás tu fe en la economía de Dios, confiarás en Él y “no te angustiarás por el día de mañana.”

¿Cómo Es La Economía De Dios Para Los Tiempos Difíciles?

“…NO OS ANGUSTIÉIS POR EL DÍA DE MAÑANA…” (Mateo 6:34)

A menos que seas uno de los que vivió la Gran Depresión, la situación económica actual no tiene precedente: el colapso de los bancos y las ayudas gubernamentales para rescatarlos, el embargo de los inmuebles, el desempleo, etc.… Puedes ver el miedo en el rostro de la gente y palparlo en sus palabras.

¿Adónde acudimos? ¿A los políticos, los economistas, a nuestros propios recursos? Ninguna institución humana es capaz de ofrecernos respuestas. Por lo tanto, ¡conoce la fuente de tus recursos!

La Biblia ya predijo que los reinos y las entidades del mundo serían zarandeados “…para que queden las [cosas] inconmovibles” (Hebreos 12:27). Pero mientras que las burocracias, las empresas y los bancos han sido sacudidos hasta el fondo, nuestro Rey y Su Reino siguen siendo las rocas sólidas.

La Biblia dice que “…poderoso es Dios para hacer que abunde en vosotros toda gracia, a fin de que, teniendo siempre en todas las cosas todo lo necesario, abundéis para toda buena obra” (2 Corintios 9:8).

Fíjate cuántas veces la abundancia absoluta de esta promesa, se refleja en palabras como “todo”, “todas”, “toda”. ¿Qué más se puede pedir?

Tu familia, tu salud, todo lo espiritual, todo lo material, tu seguridad presente y futura están garantizadas en las cláusulas de “la póliza de seguros” emitida por el Reino inamovible de Dios.

Tu fuente de ingresos no es la economía del hombre. Ésta no es más que un conducto que el Rey decide usar, o no usar, para suplir tus necesidades como ciudadano de Su Reino. Tranquilízate, sabiendo que Dios, tu fuente inagotable “suplirá todo lo que os falta conforme a sus riquezas en gloria en Cristo Jesús” (Filipenses 4:9).

¿Cómo Es La Economía De Dios Para Los Tiempos Difíciles?

“…NO OS ANGUSTIÉIS POR EL DÍA DE MAÑANA…” (Mateo 6:34)

El temor hace que reaccionemos de forma irracional y que nos equivoquemos. Abandonamos los principios de la Escritura y acaparamos todo lo que podemos, reteniéndolo, por si acaso empeoran las cosas.

No sucumbas ante el temor prevaleciente en la cultura en que vivimos, cada vez más materialista y atea. Por el contrario, sigue los principios de la economía de Dios en todo tiempo. Cuando los israelitas seguían las normas divinas, sus cosechas eran muy abundantes. Pero cuando acaparaban y retenían lo que Dios había provisto, éste les dijo: “Malditos sois con maldición…, la nación toda…” (Malaquías 3:9).

La clave de su escasez o de su abundancia, estaba en su actitud y sus actos respecto a la economía de Dios. Sus principios demandaban: “Traed todos los diezmos al alfolí…” (Malaquías 3:10); el diezmo de todo, no de una parte. Si hubieran cumplido con “Honra al Señor… con las primicias de todos tus frutos”, entonces sus graneros habrían sido colmados con abundancia y sus lagares habrían rebosado de mosto (Ver Proverbios 3:9-10).

Jesús enseñó “Dad y se os dará… porque con la misma medida con que medís, os volverán a medir” (Lucas 6:38). Eres tú mismo, y no la economía, quien determina la abundancia de tu cosecha, de acuerdo a la semilla que siembras.

La Biblia dice: “El que siembra escasamente, también segará escasamente; y el que siembra generosamente, generosamente también segará” (2 Corintios 9:6).

La forma en que opera la economía de Dios es que los que “…retienen más de lo justo… acaban en la miseria”, sin embargo “quienes reparten les es añadido más…”. Dios promete que “…el alma generosa será prosperada, el que sacie a otros, también él será saciado” (Proverbios 11:24-25). ¡Pruébalo! Los principios de Dios funcionan en cualquier coyuntura económica.

¿Cómo Es La Economía de Dios?

¿Cómo Es La Economía de Dios?

¿Cómo Es La Economía De Dios Para Los Tiempos Difíciles?

“…NO OS ANGUSTIÉIS POR EL DÍA DE MAÑANA…” (Mateo 6:34)

Para prosperar en momentos económicamente difíciles, haz lo siguiente: 1) Resiste la tentación de la avaricia: “No codiciarás…” (Éxodo 20:17).

El procurar estar a la altura de los vecinos nos agobia y esclaviza. Tocante a la codicia, Jesús aplica la ley de “rendimientos decrecientes” (a la larga se obtiene menos, no más, a pesar de invertir cada vez más en ello).

“Mirad, guardaos de toda avaricia, porque la vida del hombre no consiste en la abundancia de los bienes que posee” (Lucas 12:15).

En definitiva: tu valía personal nunca debe depender de tu patrimonio, sobre todo en la economía de Dios. Juan dice: “Porque nada de lo que hay en el mundo… proviene del Padre, sino del mundo” (1 Juan 2:16).

Lo que produce verdadera satisfacción y un gozo duradero es compartir los bienes, no acapararlos.

2) No seas fiador de nadie.

“No seas de aquellos que salen fiadores de deudas ajenas. Si luego no tienes con qué pagar, ¿por qué habrán de quitar tu cama de debajo de ti?” (Proverbios 22:26-27).

Éste no es sólo un buen consejo, sino una directiva divina. Cualquiera que se haya “pillado los dedos” por avalar a alguien, te dirá lo mismo. Dios no está diciendo que no ayudes a los demás, porque Él bendice a los que ayudan a los necesitados. Pero la forma correcta de colaborar es por medio de la oración, de ofrendas, de prestar sin esperar a que sea devuelto, de un consejo sabio, etc, pero no asumiendo su deuda.

3) Trabaja duro.

“La mano negligente empobrece, pero la mano de los diligentes enriquece” (Proverbios 10:4).

“La fortuna obtenida con fraude disminuye, pero el que la recoge con trabajo la aumenta” (Proverbios 13:11, Biblia de las Américas). “¿Has visto un hombre cuidadoso en su trabajo? Delante de los reyes estará, no delante de gente de baja condición” (Proverbios 22:29). Aun en medio de una coyuntura económica difícil, Dios hará que los honrados, los hábiles y los buenos trabajadores asciendan a puestos de mayor prosperidad.

¿Cómo Es La Economía De Dios Para Los Tiempos Difíciles?

NO OS ANGUSTIÉIS POR EL DÍA DE MAÑANA (Mateo 6:34)

El Dr. Adams cuenta la historia de un hombre que decidió dejar de preocuparse. Cuando un amigo notó lo relajado que estaba, le preguntó cómo había superado la preocupación, a lo que el otro contestó: Muy fácil, he contratado a un hombre para que se preocupe por mí. ¿Y cuánto te ha costado eso? insistió el amigo. Pues 10.000 euros al mes replicó el primero. ¿Y de dónde vas a sacar el dinero?, continuó el amigo. Con mucha calma, el otro respondió: Ése es su problema, no mío.

Jesús nos dice que le entreguemos nuestras preocupaciones. Él sabe que estamos angustiados por las finanzas y que nos preocupa el pensar que no vamos a poder comprar lo necesario.

Así que nos pide: No os angustiéis, pues, diciendo: ¿Qué comeremos, o qué beberemos, o qué vestiremos?” (Mateo 6.31). Fíjate bien que lo que conlleva a la ansiedad es la combinación de “preocuparse” y “expresarlo”.

Tus monólogos y las palabras que dices a otros acerca de tus temores son factores negativos que reafirman tus sentimientos, distorsionan tu percepción, aumentan tu temor y hacen que te sientas desesperanzado e impotente respecto a las circunstancias y al futuro. ¡No hagas eso! Aprópiate del pasaje de “mucho más” que Jesús nos dio en Mateo 6. Mirad las aves del cielo vuestro Padre celestial las alimenta. ¿No valéis vosotros mucho más que ellas? (v.26). Y si a la hierba del campo Dios la viste así, ¿no hará mucho más por vosotros? (v.30). Los no creyentes son los que se tienen que preocupar, no los ciudadanos del Reino:

Porque los gentiles se angustian por todas estas cosas [comida, bebida y ropa] (v.32). Que su Reino y su justicia sean el foco de tu atención, no la economía humana impredecible, a fin de que “todas estas cosas os [sean] añadidas” (v.33).

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Un comentario

  1. Hermosas palabras, han sido de bendición para mi

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