Dios Siempre Va Un Paso por Delante de Nosotros

“ANTES QUE CLAMEN, YO RESPONDERÉ; MIENTRAS AÚN ESTÉN HABLANDO, YO HABRÉ OÍDO” (Isaías 65:24)

Cuando el marido de Wilda Lahmann se despertó una madrugada respirando con gran dificultad y apretándose el pecho, no había tiempo para esperar una ambulancia. Ella lo subió al coche y él se desplomó contra la puerta. Wilda escribió: “25 kilómetros hasta el hospital … no llegamos. ‘Por favor, socórrenos, ¡Señor!’ A poco más de un kilómetro vi algo. ¿Me engañaban mis ojos? Era una ambulancia con un enfermero al lado. ¿Nos estaban esperando? ¿Quién lo habría sabido y llamado? Frené de golpe y corrí pidiendo ayuda a gritos. En seguida se pusieron a tratar a Randy y lo llevaron a prisa al hospital. Los siguientes tres días se debatió entre la vida y la muerte.

No me separé de su lado y oraba para que se despertara. Cuando lo hizo, preguntó: ‘¿Qué ha pasado?’. ‘Tuviste un infarto gravísimo. Uno o dos minutos más y ¡quién sabe!’. ‘¿Llamaste a la ambulancia?’, preguntó Randy. ‘No’, respondí, ‘habían acudido a un aviso de accidente en el mismo cruce. Incluso llamaron a la central para confirmar que estaban en el lugar correcto y justo llegamos unos segundos después’. 25 kilómetros de carretera vacía en plena noche; el infarto de Randy habría sido funesto de no haber estado allí la ambulancia. Pero allí estaba, en el lugar preciso”.

En muchas emergencias no hay tiempo de llamar al pastor o al compañero de oración y entonces es cuando debes saber que Dios dijo: “Antes que clamen, Yo responderé; mientras aún estén hablando, Yo habré oído” (Isaías 65:24). Él está activo día y noche y es “el que rescata del hoyo tu vida” (Salmos 103:4) mucho antes de que tú sepas que estás en apuros.

Dios siempre va un paso por delante aunque no lo Sepas

“…SU FIDELIDAD TE PROTEGERÁ COMO UN ESCUDO” (Salmos 91:4 DHH)

En una feria, un vendedor ambulante le dio a Mavis Gustafson Pigford una Biblia de los Gedeones. Mavis la guardó en el bolso y se olvidó de ella. Más tarde, mientras caminaba, se acercó un coche, el conductor la apuntó con una pistola y le ordenó subirse. Ella relata: “Hice como dijo. El hombre se acercó e intentó forzarme ahí contra el asiento. Forcejeé … y al final me ordenó salir del coche. Antes de que mis pies tocaran suelo, oí un disparo y sentí un dolor agudo en mi costado. Sufrí un colapso y el hombre se aproximó … cogió mi monedero … me tiró el bolso a la cabeza y disparó en la misma dirección. Sentí un impacto espantoso.

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Dios Siempre Va Un Paso por Delante de Nosotros

Aun consciente … oí cómo se alejaba el coche y dando traspiés me dirigí a un caserío cercano. La mujer pidió ayuda … y mientras me llevaban corriendo al hospital, la policía capturó al conductor drogado que me había atacado. Antes de la operación para extraerme la bala del costado, vino a verme mi hermana. ‘¿Sabes qué te salvó la vida?’, preguntó. Sacó la Biblia de mi bolso y me la dio. Allí se había incrustado una bala cuya cabeza apuntaba precisamente al Salmo 37:14-15: “Los malvados sacan la espada … para matar a los que viven con rectitud. Pero su propia espada les atravesará el corazón, y su arco quedará hecho pedazos (Salmos 37:14-15 CST)”.

Otro ejemplo más de que Dios siempre va un paso por delante: “Sólo Él puede librarte de trampas … te cubrirá con Sus alas, y bajo ellas estarás seguro. ¡Su fidelidad te protegerá como un escudo! … mandará que Sus ángeles te cuiden por dondequiera que vayas” (Salmos 91:3-4, 11 DHH). El Señor dice: “Yo lo pondré a salvo … porque él Me ama y Me conoce” (Salmos 91:14).

Dios siempre va un paso por delante para nuestro cuidado

“NINGÚN MAL HABRÁ DE SOBREVENIRTE…” (Salmos 91:10 CST)

Para Keith Pulles, de nueve años, preparar la piscina de casa para el invierno marcaba el fin del verano. Escribió: “Observaba con tristeza desde la ventana cómo abría mi padre un bote y empezaba a echar productos químicos en la piscina. Luego cogía otro y seguía echando más. ‘¡Pero cuántas cosas echa en la piscina!’, pensaba yo. Justo entonces sonó el teléfono y corrí a ver el número registrado; en la pantalla se leía: “Nombre desconocido, número desconocido”.

Mis padres me habían advertido de no hablar con desconocidos, pero ese día una voz en mi interior me incitaba a cogerlo. El ansia era tal que levanté el aparato y respondí. ‘¿Podría hablar con Steve Pulles, por favor?’ Salí con el teléfono en la mano y grité: ‘¡Papá! ¡Teléfono!’. Mi padre vino desde el jardín bordeando el garaje y cogió el inalámbrico que yo sostenía. ‘¿Sí, diga? ¿Sí? ¿Quién llama?’, voceó. Unos segundos después, se alejó el teléfono del oído y colgó. ‘Nadie’, dijo. De repente se produjo una enorme explosión en el jardín. ‘¡La piscina!’, exclamó mi padre. Resultó ser que había mezclado dos químicos incompatibles. La mezcla explotó en el agua desprendiendo gases tóxicos … si mi padre hubiera estado ahí en ese momento, podría haber muerto. ¿Número desconocido? Lo dudo. Aquel día, quien fuera que llamó tenía indiscutiblemente nuestro número”.

El salmista afirmó: “Ningún mal habrá de sobrevenirte, ninguna calamidad llegará a tu hogar” (Salmos 91:10 CST). Hoy, Dios te está protegiendo a ti y a tus seres queridos.

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