NAAMÁN ERA UN GRAN HOMBRE PERO LEPROSO

NAAMÁN ERA UN GRAN HOMBRE PERO LEPROSO (2 Reyes 5:1 Biblia de las Américas)

Al considerar la historia de Naamán el leproso, comenzamos mirando su condición: “Naamán” general del ejército Era un gran hombre “pero leproso” (2 Reyes 5:1 Biblia de las Américas). A pesar de sus victorias pasadas y de sus honores presentes, tenía un problema oculto que no iba a quedar en secreto por mucho tiempo. Si no hubiera tratado con él, éste habría acabado por destruirlo. ¿Te identificas? Tal vez hoy la vida te sonría. Te acabas de graduar en la mejor Universidad, tienes una buena familia, y has levantado una iglesia o un negocio, o ascendido a lo más alto de tu carrera. No obstante, para poder recibir una mayor bendición, Dios te va a forzar a que trates con una afección que se oculta por debajo de tu armadura.

Las personas excepcionales, en cualquier profesión o trabajo, pero sobre todo en el ámbito espiritual, son las que enfrentan el problema. Eso es precisamente lo que les hace diferentes, lo que les hace cruzar el puente entre la mediocridad y lo excepcional. Si no se presentaran obstáculos en su vida, siempre serían de los del montón. No estamos hablando de problemas insignificantes, sino de asuntos tan serios que no te dejan dormir, problemas enormes que te afligen el alma y temes que “acaben contigo”, eso por lo que oras en secreto. Es lo que no quieres que otros vean. Por ello, al igual que Naamán, llevas tu “coraza”, pero cuando estás solo, esa cosa te martiriza.

Debes entender que Dios enseña sus mejores lecciones en los valles de la vida. Ahí es donde aprendes a postrarte delante de él, llorando y quebrantado. Es donde oras: “Señor, no dejes que esto me destruya. Haz algo por el poder de tu Espíritu.” Hay buenas noticias: esa clase de oración trae liberación.

NAAMÁN ERA UN GRAN HOMBRE PERO LEPROSO (2 Reyes 5:1 Biblia de las Américas)

Naamán tenía un problema, uno muy particular. Al recordar su historia, Jesús dijo: “Muchos leprosos había en Israel en tiempo del profeta Eliseo, pero ninguno de ellos fue limpiado, sino Naamán” (Lucas 4:27). Es fácil creerle a Dios en algo que ya has visto que hizo antes. Pero Naamán no sólo sufría de lepra sino que no conocía a nadie que hubiera sido sanado. ¿Estás siendo probado hoy porque vives una situación singular en tu vida, tu carrera o tu matrimonio? ¿Te da temor hablar de ello porque no conoces a nadie que haya pasado por eso? Si es así, deja de centrarte en el problema y pon los ojos en Dios. Él no necesita ningún precedente para resolver tu problema. Recuerda, en Génesis hizo la tierra de la nada y ésta sigue dando vueltas hasta el día de hoy.

La Biblia dice que Naamán era “un gran hombre”, pero Dios le iba a transformar en alguien todavía más grande. Cuando Dios quiere que mejoremos, nos deja que pasemos por grandes trances que no tienen solución humana. Cuando quiere incrementar nuestra influencia, a menudo permite que nos enfrentemos a fuertes pruebas; de esa forma pasamos de ser impresionantes a realmente excepcionales. Pero cuando lo haga, ten cuidado. Una de las primeras preguntas que la gente hará será: ¿Cómo lo conseguiste? Comienzan a admirar tu estatus y tu armadura, cuando en realidad fueron tus aflicciones las que te llevaron a arrodillarte delante de Dios y permitirle que te hiciera la persona que eres ahora. Para llegar a ser excepcional, tienes que esforzarte por desarrollar una fe que cree que Dios hará lo imposible y que confía en su Palabra, aunque todo alrededor indique lo contrario.

NAAMÁN ERA UN GRAN HOMBRE PERO LEPROSO (2 Reyes 5:1 Biblia de las Américas)

Cuando Dios te dé una respuesta, no discutas con Él ni la racionalices. Haz lo que te pide “y el resultado será tu sanidad. El orgullo casi le cuesta la vida a Naamán. Cuando salió de la casa de Eliseo, estaba enojado porque el profeta no había salido a hablar con él en persona. En vez de eso, había mandado un “mensajero” para decirle que se lavara siete veces en el turbio río Jordán. ¿No hay ríos más limpios? preguntó Naamán, que lo tomó como un insulto. En ese momento, su criado le dijo: “Si el profeta te mandara hacer algo difícil, ¿no lo harías? ¿Cuánto más si sólo te ha dicho: Lávate y serás limpio?” (2 Reyes 5:13). Hoy Dios te está planteando la misma pregunta.

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¿No merece la pena humillarte para poder ser sanado; confesar tu pecado, hablar con alguien de tus experiencias y pedir ayuda? ¿No merece la pena arriesgarse a la incomprensión de ciertas personas que no son parte del plan de Dios para tu vida? No dejes que tu reputación sea un estorbo a tu solución. No dejes que el enemigo te atraiga a otros ríos que no tienen el poder de sanar. Todo lo que necesitas es esa clase de fe que nos hacer parecer “estúpidos” por un tiempo, esa fe que hace que dependas de Dios cuando parece que a todo al mundo le va mejor que a ti. Vamos, sumérgete en el río de la gracia de Dios y sigue mojándote. Aunque te hayan insultado, aunque tu orgullo esté herido, aunque el proceso parezca no tener sentido, aunque hayas llegado al final de tus fuerzas y quieras rendirte, sigue sumergiéndote. Actúa en base a la Palabra que Dios te ha dado. Los milagros son para los obedientes, no para los que nada más se hacen ilusiones.

NAAMÁN ERA UN GRAN HOMBRE PERO LEPROSO (2 Reyes 5:1 Biblia de las Américas)

Antes de concluir nuestras reflexiones sobre la historia de Naamán, observemos dos cosas más:

1) Todos necesitamos ayuda.

No sólo los de baja posición social, sino también los de arriba. El ser un general con cinco estrellas no cuenta para nada si te estás muriendo de lepra. “Pero esa gente importante no va a escuchar a alguien como yo”, dices. Quizás no ahora, pero cuando las cosas se pongan difíciles, te sorprenderás de cómo escuchan. Tú pon todo tu empeño en servir con excelencia y en estar listo con respuestas para cuando llegue el momento propicio.

2) La mano de Dios está en ti para que ministres ahí donde te ha colocado.

La sanidad de Naamán se produjo porque alguien que lo conocía bien se dio cuenta de su problema y luego llevó a Dios a este general. Cuando Dios te pone cerca de alguien y te hace depositario de cierta información, lo hace para que puedas hablarle esa persona con lengua de sabios (Isaías 50:4).

Dios usó a una sirvienta que trabajaba en la casa para alcanzar a Naamán. ¿Qué habría pasado si ésta se hubiera rebelado en su trabajo y no hubiera hecho las camas ni lavado los platos? ¿O decidido, en vez, chismorrear del problema con otros? En este día tienes un papel que desempeñar en el plan de Dios. No se nos da el nombre del criado que le instó a Naamán a que se humillara y lavara siete veces en el río Jordán, pero fue la pieza clave en este proceso. Y tú también lo eres. Pocos atletas tienen tantos admiradores como la estrella de baloncesto Michael Jordan. Sin embargo cuando un reportero le preguntó por qué le gustaba que su padre asistiera a los partidos, respondió: Cuando él está allí, ¡sé que al menos tengo un fan! Todo el mundo necesita ser animado, y tú puedes hablar esa palabra que cambiará la vida de alguien.

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3 comentarios

  1. ME GUSTA COMO PLANTEAS LOS PASAJES DE A BIBLIA.
    ME ENCANTO LA PAGINA, Y ESPERO SEA DE BENDICION A TODOS LOS QUE LEAN LOS ARTICULOS

    GRACIAS

  2. hola buenas tardes solicito información sobre curso de teología. gracias.

  3. Es de mucha bendicion haberlos encontrado.

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