Día de La Madre, El Mejor Escrito Para Leer Sobre Las Madres

Día de la madre, para todas las madres cristianas

“Hijo mío, escucha las correcciones de tu padre y no abandones las enseñanzas de tu madre. Adornarán tu cabeza como una diadema; adornarán tu cuello como un collar”. Proverbios 1:8-9.

I.-Dos ejercicios de amor:

Dios nos concedió el don de dar a luz una nueva vida pero si esta gracia no fuera suficiente, además nos ha equipado con el don de la enseñanza. Ambos son ejercicios de amor.

La madre no solo se destaca como el medio proveedor y protector de la nueva vida, su responsabilidad no se acaba en el alumbramiento después de los largos nueve meses de espera, su honor como madre deberá ganárselo con el esfuerzo y disciplina con que lleve a cabo la gran tarea de forjar carácter, valor y principios en esa pequeña vida.

Es nuestra responsabilidad adornar la vida de nuestros hijos con el ejemplo y la instrucción que los acompañará por muchas generaciones.

“El pecador puede hacer lo malo cien veces, y vivir muchos años; pero sé que le irá mejor a quien teme a Dios y le guarda reverencia. En cambio, a los malvados no les irá bien ni vivirán mucho tiempo, serán como una sombra, porque no temen a Dios” Ecle. 8:12-13

El hijo de Betsabé buscó con impaciencia a un infiel derrotado por su pecado, pero una y otra vez encontraba todo lo contrario, en los primeros capítulos de este libro repetía con desgano que todo era vanidad, pues de nada valía ser respetuoso de la ley porque el fin de todo hombre era la muerte. Pero por fin en los últimos tres capítulos, su búsqueda novata terminó, y ya con una fe madura pudo afirmar que sólo los que temen a Dios florecerán.

Este es el encargo divino: Enseñar a los que diste a luz el temor a Dios.

Con el mismo que amor que concebiste y diste a luz a esa criatura, tu tarea recién se inició ese día, comenzaste a ser madre en el alumbramiento, pero el ejercicio de la enseñanza recién coronará tu título de Madre.

II.-Das a luz y entregas la luz.

“Al que maldiga a su padre y a su madre, su lámpara se le apagará en la más densa oscuridad” Prov. 20:20

Si ahora comprendes que el don de dar a luz es tan importante como enseñar a vivir en la luz, presta atención al verso anterior.

Si piensas que este pecado de maldición solo tiene que ver con una frase blasfema dirigida con ira, o con una actitud de condenación a los padres, estas equivocado. El maldecir en este verso tiene que ver con la indiferencia, desgano e indolencia de no sustentar a los padres en su ancianidad. Esta desidia es igual al pecado de maldición, es deshonrar al que te dio la vida. Cuando tú como hijo te vuelves contra aquella que te dio a luz, pues tú mismo te quedarás sin luz.

Vivir en la más densa oscuridad es el castigo de los desagradecidos. El que deshonra a la que le dio a luz será maldito, la alegría de ellos se ennegrecerá, su prosperidad se extinguirá, su salud se consumirá, su visión se nublará, y aún la luz de la vida propia se ahogará.

La luz de la Honra es una antorcha que pasa de generación a generación, es como una tea encendida que pasa de mano en mano, así corre la antorcha de la vida, si honras a Dios y honras a tus padres, tu generación prevalecerá en la luz que atesoraste con temor.

Pero el hijo que maltrata a su madre se quedará sin descendencia porque si no sabe ser hijo no merece ser madre.

III. Una antorcha sin luz no sirve de nada.

“La luz de los justos brilla radiante, pero los malvados son como lámpara apagada” Prov. 13:9

Imagínate, estas a punto de desmayar, la carrera ha sido extenuante, pero allá al fondo alcanzas a divisar a tu amado hijo, él espera que le des la posta para que continúe en la competencia de la vida, sin ella no podrá arrancar. Estira la mano, sus ojos te miran esperanzado en que no caigas desmayada por el cansancio, sus ojos te animan y parece que gritasen:

-¡Apúrate mamá ya casi llegas!-

Ya no te queda aire, sólo su mirada te sostiene, y por fin alcanzas a estirarte todo lo que puedes para darle en su pequeña mano la antorcha que alumbrará su camino para que gane la carrera, para que llegue a la meta…pero algo pasó, hay un problema, él no se ha dado cuenta, pero ya la entregaste, él la tiene en su mano, casi ni la ha visto, solo la tomó y arrancó a correr, espera, falta algo, no me di cuenta de lo que hice, ¡la antorcha se ha apagado!

“Porque el malvado no tiene porvenir, la lámpara del impío se apagará” Prov. 24:20

“La lámpara del malvado se apagará, la llama de su fuego dejará de arder. Languidece la luz de su morada; la lámpara que lo alumbra se apagará” Job 18:5

Creías que tu llama era potente, que el fuego era brillante e inagotable, nunca te imaginaste capaz de entregar algo sin valor, y mucho menos al amor de tu vida.

Si su lámpara no sirve, no verá más allá de su nariz, si la luz se consumió, es que no la vigilé, le he dado algo inservible, la maldad ha sido mi herencia, su pobre porvenir es mi legado, no fue culpa absoluta del ingenuo, diste a luz una vida, pero no cuidaste su luz, lo que no le enseñaste, lo que demoraste en atender fue extinguiendo el fuego, consumiendo la esperanza, oscureciendo su futuro.

“Hijo mío no abandones la enseñanza de tu madre, grábatelos en el corazón, cuélgatelos al cuello. Cuando camines, te servirán de guía; cuando duermas, vigilarán tu sueño; cuando despiertes, hablarán contigo. El mandamiento es una lámpara, la enseñanza es una luz, y la disciplina es el camino a la vida” Prov. 6:20-23

Debo tomar la responsabilidad de entregar mi luz bien encendida, si todo es claro en mi vida alumbraré los ojos de mi pequeño para que no se pierda. Enseñar es dar a luz por segunda vez, Mi responsabilidad como madre será enseñar que el temor al Señor es el todo de la vida y el que honra y obedece a Dios permanecerá para siempre.

La enseñanza es la luz potente que alumbra el camino de la vida y la disciplina que ejerzas como madre formará a un corredor que vencerá todos los obstáculos, disciplinado, vigilante, despierto y obediente, llegará a la meta y tú su entrenadora habrás cumplido con el encargo divino.

“De ti he dependido desde que nací, del vientre materno me hiciste nacer. ¡Por siempre te alabaré! Para muchos, soy motivo de asombro, pero tú eres mi refugio inconmovible. Tú, oh Dios, me enseñaste desde mi juventud, y aún hoy anuncio todos tus prodigios. Aún cuando sea yo anciano y peine canas, no me abandones, oh Dios. Hasta que anuncie tu poder a la generación venidera, y de a conocer tus proezas a los que aún no han nacido” Salmo 71:5, 7,20.

Soy madre porque di a luz, soy madre porque mi tarea es entregar esta luz a mis generaciones.

Mi corazón se estremece al pensar en mis pequeñas, anhelo verlas crecer, pero mi más grande sueño es verlas enamoradas de mi Señor. Mentiría si digo que no ambiciono prosperidad y salud, claro que le ruego a Dios que nada les falte. Pero recién podré considerarme una madre completa si logro que la antorcha de mi fe esté clara y radiante en sus manos y en las manos de sus hijos.

¡Que tus hijos sean motivo de asombro! ¡Que sean adoradores y evangelistas! ¡Que den testimonio de los prodigios de Dios!

Que aún en su vejez puedan decir que valió la pena aprender a temer a Dios, ni los años vividos, ni la experiencia, ni los bienes alcanzados superan la enseñanza dada por esa madre que entendió en su sencillez su segundo deber y dio otra vez a luz, entregó una antorcha encendida, no se ha extinguido y seguirá alumbrando a la generación de los que buscan a Dios con temor.

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Día de la Madre, el día de Mamá

IV.- Obediencia= Beneficios; Excusas= Castigo.

“El temor del Señor es un baluarte seguro que sirve de refugio a los hijos. El temor del Señor es fuente de vida, y aleja al hombre de las redes de la muerte” Prov. 14:26-27

Si tu como mamá temes a Dios, El se encargará de darte las armas divinas de la compasión, él convertirá tu maternidad en una imitación de su propia paternidad y el amor como él lo brinda es inagotable. Esta manera de ser madre traerá como resultado bendición para si misma y para sus hijos:

“El será la seguridad de tus tiempos, te dará en abundancia salvación, sabiduría y conocimiento: el conocimiento del Señor será tu tesoro” Isaías 33:6.

“El temor al Señor será una fortaleza donde los hijos podrán hallar refugio” Salmo 71:5-7

Hay muchas bendiciones para el hijo y la madre que temen a Dios, salvación, sabiduría, prudencia, seguridad, refugio. Pilares inconmovibles, baluarte y torre irreprensible, una vida bendita que seguirá firme durante generaciones.

Pero existe la otra opción, escoger la excusa para no dar la honra a la madre, escoger por la desobediencia, rebelarme y no acatar el mandamiento divino.

“El que roba a su padre o a su madre, e insiste en que no ha pecado, amigo es de gente perversa” Prov. 28:24.

“El que roba a su padre y echa a la calle a su madre es un hijo infame y sinvergüenza”. Prov. 19:26

Dios enseñó que la responsabilidad de los hijos era ocuparse de ellos cuando enfermasen o envejecieran “De todos los hijos que diste a luz, no hubo ninguno que te guiara; de todos los hijos que criaste, ninguno te tomó de la mano” (Is. 51:18) Pero el hombre inicuo inventó excusas para escaparse de esta responsabilidad, por eso por ejemplo inventó el “Corbán”.

Todo judío devoto estaba obligado a dar sus ofrendas y diezmos al sacerdote, esto era una carga religiosa que no siempre era entregada con alegría, a la hora hacer el presupuesto, todo judío debía apartar además de sus ofrendas una parte importante para honrar a sus padres. Entonces se inventó el Corbán, en vez de darle esta ganancia justa para la manutención de los ancianos, se dedicaba como voto religioso al templo esquivando así la responsabilidad de cumplir con el mandamiento.

Los maestros de la ley sostenían que la ley del Corbán era obligatoria, pero Jesús rechazó categóricamente la práctica de usar una enseñanza bíblica para anular otra.

“¡Que buena manera tienen ustedes de dejar a un lado los mandamientos de Dios para mantener sus propias tradiciones! Por ejemplo, Moisés dijo:

Honra a tu padre y a tu madre” y: “El que maldiga a su padre o a su madre será condenado a muerte”. Ustedes, en cambio, enseñan que un hijo puede decirle a sus padre o a su madre. “Cualquier ayuda que pudiera haberte dado es corbán” (es decir, ofrenda dedicada a Dios). En ese caso, el tal hijo ya no está obligado a hacer nada por su padre ni por su madre. Así, por la tradición que se trasmiten entre ustedes, anulan la palabra de Dios”. Marcos 7:9-13

No hay diferencia entre robar con maldad o hacerse el de la vista gorda ante la necesidad de los padres.

“Al que mira con desden a su padre y rehúsa obedecer a su madre, que los cuervos del valle le saquen los ojos y que se lo coman vivos los buitres” Prov. 30:17.

“Si como un necio te has engreído, o si algo maquinas, ponte a pensar, que batiendo la leche se obtiene mantequilla, que sonándose fuerte sangra la nariz, y que provocando la ira se acaba peleando” Prov. 30:32-33

Las características de un hijo que no teme a Dios ni honra a sus padres son evidentes comprueba estas señales con tu Biblia en Proverbios 30:11-17.

Se creen importantes y miran con desprecio Isaías 3:16.
Rehúsan obedecer a su madre.
No se cansan de pedir.
Tienen espadas por dientes.
Tienen cuchillos por mandíbulas.
A pesar de todo esto se creen justos y puros. Is. 65:5, Luc. 18:11)

El necio apartado de la razón vive sumergido en su egoísmo, es altanero y jactancioso, es tanta su soberbia que se avergüenza de la que le dio la vida, la palabra que sale de su boca es dura y provoca dolor, cuando llegue su fin perderá todo lo que valoró, hasta los ojos que miraron con desprecio serán destruidos.

V. Mi hijo es mi voto consagrado al Señor.

“Qué pasa, hijo mío? ¿Qué pasa, hijo de mis entrañas? ¿Qué pasa, fruto de mis votos al Señor? Abre tu boca a favor del mudo, en defensa del desventurado; abre tu boca y da sentencia justa defendiendo al pobre y al desgraciado” Prov. 31: 1-2,8-9.

Hubo una mujer estéril esposa de un rey, que vivió con la tristeza por mucho tiempo de no poder ser madre, al verse abandonada y desatendida por todos, lloraba a solas su desventura. Un día el Señor se acordó de ella, vio con clemencia su ofrenda, se agradó de sus votos, y le concedió el privilegio de dar a luz.

Pero el pequeño príncipe Lemuel a diferencia de Samuel o Isaac, que también fueron hijos entregados en la vejez, no fue adoctrinado como las maestras Ana y Sara si lo hicieron.

Lemuel inclinó su corazón a los placeres que comprometían un reinado justo y una generación bendecida, entregó a las mujeres su fuerza hasta quedar anulado por ellas, el vino ofuscó su memoria y enturbió su juicio.

Entonces, reaccionando la madre, tomando conciencia que el fin de su generación sería desgraciada, llama a su hijo con voz suplicante, en su voz está el reconocimiento de su responsabilidad fallida, es tiempo de enderezar las cosas, todavía es oportuno recordar sus votos. Su propio hijo es el fruto de sus votos al Señor. Ahora le dará un consejo importante, reprensiones que hasta hoy son relevantes para nosotros.

Advertencias contra la inmoralidad sexual, amonestaciones contra el beber en exceso, Justicia y derecho para el desposeído, Sensibilidad por los pobres y desafortunados.

¿Acaso fueron oportunos sus consejos? ¿Haría Lemuel caso de su madre anciana? Creo que ella pudo reaccionar a tiempo y con humildad retomó la responsabilidad de enderezar la vida que le fue obsequiada.

“Engañosa es la gracia y vana la hermosura, la mujer que teme al Señor, ésa será alabada” Prov. 31:30.

El supremo valor de la madre esta sujeto a su dependencia al Señor, la clave del éxito como madre no está en cuan bueno fue el día del alumbramiento o cuan valiente fue al dar a luz con dolor, la virtud que la levanta entre miles de mujeres no son sus logros y capacidades, ni siquiera su honestidad y sacrificio, ella merecerá honor solamente cuando sea evidente que su razón de vida es temer a Dios. Todas las demás justicias palidecen ante esta gracia fundamental, en realidad el temor a Dios es el origen de todas las demás virtudes, es la única que se puede dar en herencia y también la única que garantizará una simiente bendecida.

Cada año la festividad del día de la madre se hace mucho más importante en nuestros calendarios, instituciones, empresas, colegios, Iglesias, etc. detienen todo para ensalzar a la mujer que tuvo el privilegio de dar a luz una nueva vida.

Mi esposo dice que aunque yo no lo quiera admitir a mí me encanta este día, es mi oportunidad de ser agasajada con bombos y platillos por mis tesoros y por él. Es más, un poco en queja afirma que cada vez es más difícil contentarme porque pareciera que siempre espero algo novedoso y sorpresivo. Que bueno que lo tengo como mi compañero idóneo para frenar mi inmadurez, me hace ver como espejo mis fallas.

Este año, algo nuevo me esta pasando, Dios me ha hecho ver que el premio aún está en su mano, no merezco ser galardonada sin acabar la tarea encomendada.

Me he visto corriendo la carrera, me he soñado distraída y cansada, he visto mi antorcha con humo negro, parece que se estaba apagando, adelante estaban mis hijas, con las manos estiradas, confiadas que lo que les daría sería tan bueno como lo que predico, pero es que ellas no han mirado mi débil tea, ellas creen en mi, y sólo me miran a mi.

Hoy le he pedido perdón a Dios, ¡que misericordioso fue conmigo al concederme el privilegio de tener tres hijas!, de dar a luz a tres discípulas que deberán continuar con la tarea que no sólo comenzó conmigo, sino en sus abuelos pastores y en sus bisabuelos creyentes. La antorcha de la verdad debe continuar brillando mi dependencia a Dios la mantendrá viva y poderosa.

Mi amada madre, hoy te he querido compartir la exhortación que el Padre me hizo, imagino que estas trabajando empeñada en darles a tus hijos todo lo que quizá no tuviste, estas afanada ordenando todo para hacer sus vidas más seguras y fáciles, que ellos no tengan que padecer tus penurias y privacidades. No solo diste a luz a esa vida, también te has esforzado por prodigar todo el cuidado que consideraste el ideal como madre.

Ahora te ruego que escuches, tu segundo ejercicio de amor no es absolutamente nada parecido a todo lo que has hecho, lo mejor y perdurable es la enseñanza del temor a Dios.

Ellos esperan que ese temor adorne tu carácter, tus palabras, tus hechos y tu servicio, la inspiración que los motivará a seguir tu ejemplo esta sujeto a esta verdad única: teme a Dios.

Los varones de la Iglesia que pastoreamos mi esposo y yo siempre nos regalan hermosos obsequios, hoy le pedí a mi esposo que en vez de poner en las tarjetas los versos que usualmente se usan en este día: “Muchas mujeres hicieron el bien, más tu sobrepasas a todas” o “Mujer ejemplar, es mas valiosa que las piedras preciosas” o “sean reconocidos sus logros y alabadas sus obras”.

Todos son versos llenos de aplausos exaltando virtudes y grandezas, son hermosos y es bonito sentirse adulada. Pero ahora le he pedido que en las tarjetas escriban: “El temor del Señor es un baluarte seguro que sirve de refugio a los hijos” Prov. 14:26.

El refugio que los protegerá del mal no son mis adornos ni mí honra, el mejor bien que daré en herencia es la luz que alumbrará su sendero: temer a Dios.

“Mi fruto es mejor que el oro fino; mi cosecha sobrepasa a la plata refinada. Voy por el camino de la rectitud, por los senderos de la justicia, enriqueciendo a los que me aman y acrecentando sus tesoros. Y ahora, hijos míos escúchenme: dichosos los que van por mis caminos. Atiendan a mi instrucción, y sean sabios; no la descuiden. Dichosos los que me escuchan, en verdad, quien me encuentra, halla la vida y recibe el favor del Señor”

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