¿Cómo Controlar La Ira Y El Enojo Según La Biblia?

¿Cómo Vencer Y Controlar El Enojo Y La Ira Biblicamente?

“AIRAOS, PERO NO PEQUÉIS; NO SE PONGA EL SOL SOBRE VUESTRO ENOJO” (Efesios 4:26)

Presentamos un plan bíblico de crecimiento personal concerniente al manejo de la ira: Dad lugar a la renovación espiritual de vuestra mente y revestíos de la nueva criatura, creada a imagen de Dios en orden a una vida verdaderamente recta y santa. Así que desterrad la mentira y que cada uno sea sincero con su prójimo ya que somos miembros los unos de los otros.

Si alguna vez te enojas, que vuestro enojo no llegue hasta el punto de pecar, ni que os dure más allá de la puesta del sol y no deis al diablo oportunidad alguna … No uses palabras groseras; usa un lenguaje útil, constructivo y oportuno, capaz de hacer el bien a los que os escuchan … Nada de acritud, rencor, ira, voces destempladas, injurias o cualquier otra suerte de maldad; desterrad todo eso.

Sed, en cambio, bondadosos y compasivos los unos con los otros, perdonándoos mutuamente como Dios os ha perdonado por medio de Cristo” (Efesios 4:23-32 BLP).

Dios te hizo con todas las emociones, incluido el enojo. Pero quiere que lo manejes bien. Pablo nos insta a “ser sinceros con el prójimo”. Cuando te sientas enojado, en lugar de negarlo, úsalo para provocar un cambio positivo. Decir algo como “Me he sentido enojado, pero porque valoro nuestra relación me gustaría hablar de ello” puede aportar soluciones y traer sanidad.

Pretender demostrar que no estás enfadado no es bueno. Como tampoco lo es exagerar: “Nunca me escuchas … siempre haces caso omiso de mis deseos … Nadie hace nada aquí excepto yo”.

Semejantes generalizaciones no son verdad y solo sirven para agravar y polarizar, tapando el problema y dejándolo sin resolver. La voluntad de Dios para ti es que controles la ira en lugar de dejar que esta te controle a ti.

¿Cómo Vencer La Ira Y El Enojo Biblicamente?

“MIS ENTRAÑAS TAMBIÉN SE ALEGRARÁN CUANDO TUS LABIOS HABLEN CON RECTITUD” (Proverbios 23:16)

Para controlar la ira, ten en cuenta dos principios bíblicos importantes:

1) No eches la culpa a las personas ni a las circunstancias.

Culpar es una forma de evadir responsabilidades mientras apuntamos con el dedo a alguien o algo. “Si hubieras llegado antes, no te habría tenido que regañar”; o “Si dejaras de regañarme, a lo mejor llegaría antes”. Palabras así no ayudan, no hacen más que generar antagonismo en la otra persona, perpetuar la ira y no obtener los resultados deseados.

2) No uses las palabras como armas para controlar.

Controla más bien tus emociones y exprésalas de forma adecuada. Recuerda que la meta es resolver el problema y reforzar la relación, no dejar heridas infectadas. No es algo fácil, por eso necesitas la ayuda de Dios. La Biblia dice que tus palabras pueden angustiar el alma de otros (ver Proverbios 18:14), quebrantar su corazón (ver Proverbios 15:4) y destruir la relación (ver Proverbios 18:21).

Salomón afirmó que las palabras dichas en ira “penetran hasta las entrañas” (Proverbios 26:22). Lo que dices puede vivir en la memoria de la persona toda una vida, hasta el día de su muerte.

¿Es eso lo que quieres? ¡Seguro que no! Por el contrario, el enojo bien controlado nunca te hará lamentar nada ni tener pesares. Aprende a discernir la diferencia entre el enojo que sientes y las palabras que hablas. La ira puede revelar lo que necesita cambiar en la relación. Pídele a Dios que te muestre primero aquello que debe cambiar en ti y luego en la otra persona.

¿Cómo Controlar La Ira Y El Enojo Según La Palabra de Dios?

“…DE LA ABUNDANCIA DEL CORAZÓN HABLA LA BOCA” (Lucas 6:45)

Todo lo que archivas en el disco duro del ordenador puede ser activado con una tecla. Jesús dijo: “El hombre bueno, del buen tesoro de su corazón saca lo bueno; y el hombre malo, del mal tesoro de su corazón saca lo malo, porque de la abundancia del corazón habla la boca” (Lucas 6:45).

Cuando descargas viejos resentimientos, te amargas. Si estás enojado, trata con ello sin demora. No vayas por ahí enfurruñado ni te quedes esperando a que la otra persona se dé cuenta del problema y te pida perdón. ¿Qué pasa si nunca lo hace? Jesús dijo: “…Si tu hermano peca contra ti, ve y repréndelo estando tú y él solos…” (Mateo 18:15).

¿Qué valoras más, tu punto de vista o la relación con la persona?

Cuando “te tragas” la ira y no tratas con el asunto como es debido, estás metiendo otro esqueleto a tu armario emocional y eso te va a perjudicar sobremanera.

Según estudios médicos, el resentimiento afecta las paredes del estómago, ataca el sistema inmunológico y nos hace propenso a problemas coronarios, cáncer y otros trastornos físicos, emocionales y sociales. Pero eso no es todo; también ofusca tu mente, te roba energía y apaga la creatividad.

Asimismo, estorba tu relación con Dios, con tu familia y amigos y le niega al ofensor la oportunidad de limpiar su conciencia y ponerse en paz contigo y con Dios. Hasta que no trates con el asunto, este será como una bola pesada atada con una cadena que llevas arrastrando. ¡No aceptes vivir así! Pídele a Dios la humildad y la valentía para enfrentar la situación —hoy mismo—.

¿Cómo Controlar El Enojo Y La Ira? Versículos Bíblicos

“NINGUNA PALABRA CORROMPIDA SALGA DE VUESTRA BOCA…” (Efesios 4:29)

La Biblia dice: “Ninguna palabra corrompida salga de vuestra boca, sino la que sea buena para la necesaria edificación, a fin de dar gracia a los oyentes. Y no entristezcáis al Espíritu Santo de Dios, con el cual fuisteis sellados para el día de la redención” (Efesios 4:29-30).

Fíjate que cuando explotas con ira no solo hieres a la otra persona sino que contristas al Espíritu Santo. ¿Te has parado a pensarlo?

Como seguidores de Cristo, hemos sido llamados a tratar de entender las necesidades del otro. Eso implica no sacar a relucir ofensas ya confesadas, involucrar a terceros ni hacer bromas acerca del peso de alguien, el color de su piel, su coeficiente intelectual o sus limitaciones físicas, mentales o emocionales. No menciones cosas que no tienen que ver con el asunto a tratar y que pueden ser obstáculos para encontrar una solución. Y no aumentes los decibelios al hablar con el fin de intimidar o monopolizar. Dios te hizo con la capacidad de sentir enojo, porque esta emoción bien manejada puede ser el impulsor necesario que produzca cambios y la medicina que sane.

Por lo tanto,

1) Busca una solución, no una “victoria”.

Insultar a alguien o dar “diagnósticos” empeora las cosas. No deberías fijarte en lo que hizo el otro sino en lo que puedes hacer tú para resolverlo.

2) Reconoce tus fallos y pide perdón.

Al admitir tus errores le facilitas a la otra persona que haga lo mismo con los suyos.

3) Por cada asunto que trates, dale un cumplido sincero a la otra parte.

En lugar de criticar, di algo como “Estoy seguro que no es fácil oír esto, gracias por escucharme”. Al centrarte en las soluciones en lugar de en buscar culpables, le das a la otra parte una meta más alta a la que aspirar y no conformarse con lo malo.

La Biblia y ¿Cómo Controlar La Ira y el Enojo?

“…LA PERSONA DIGNA DE CONFIANZA GUARDA EL SECRETO” (Proverbios 11:13 DHH)

Si de verdad quieres controlar la ira, aquí presentamos dos conceptos más para tener en cuenta:

1) No saques los trapos sucios en público; déjalos en privado.

Cuando estás herido y enfadado, te resulta natural chismear acerca de tu ofensor. ¡No lo hagas! La Biblia dice: “El chismoso todo lo cuenta; la persona digna de confianza guarda el secreto” (Proverbios 11:13 DHH). Los “trapos sucios” suelen salir a la luz de dos manera:

a) Con descaro. Dices cosas que sabes que otros van a oír.

b) Con sutileza. Haces bromas acerca de la apariencia de alguien, sus amistades, su familia o los complejos y las costumbres de la persona en cuestión con el fin de denigrarla. El receptor del ataque se siente abochornado y se agranda la separación entre tú y él o ella, haciendo que la reconciliación resulte casi imposible. La Biblia dice: “…El amor cubre todas las faltas” (Proverbios 10:12).

2) No actúes de manera indigna de un cristiano.

Por ejemplo, no digas “Es culpa suya, déjale que se las arregle solo”. A lo mejor es verdad, pero como seguidor de Cristo no te vayas sin más y dejes que las heridas se infecten. “…[Perdonad] … como Dios también os perdonó a vosotros en Cristo” (Efesios 4:32).

¿Cómo te perdonó Cristo? ¿Fue después de que reconocieras tus pecados, los confesaras, te arrepintieras y merecieras Su gracia? ¡No! Pablo nos dice: “…Siendo enemigos, fuimos reconciliados con Dios por la muerte de Su Hijo…” (Romanos 5:10). Así como Dios tomó la iniciativa, tú estás llamado a extender gracia a otros antes de que te pidan perdón. Y aun en el caso de que decidan seguir siendo enemigos, debes también perdonarlos. Solo entonces tendrás paz, se sanarán tus heridas, podrás olvidar el asunto y seguir adelante.

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