La Integridad En La Biblia – Versículos Bíblicos para Predicar

La Integridad En La Biblia

“…YO EN INTEGRIDAD HE ANDADO…” (Salmo 26:1)

Con el fin de protegerse de las hordas barbáricas procedentes del Norte, los chinos construyeron la Gran Muralla China. Era tan alta que nadie podía trepar por ella y tan ancha que nadie podía penetrarla, así que se relajaron y se dispusieron a disfrutar de la vida.

No obstante, durante los siguientes cien años después de la construcción del muro, China fue invadida tres veces. En ninguna de las tres ocasiones el enemigo intentó destruir la muralla ni escalarla; sólo tuvieron que sobornar al que guardaba sus puertas y entrar por ellas.

Los que edificaron la muralla habían depositado su confiaban en la robustez de la misma, pero pasaron por alto enseñar integridad a sus hijos. Por consiguiente, éstos crecieron sin principios morales y espirituales que los guiaran.

¿Has visto alguna vez caer un gran árbol mientras otros alrededor permanecen en pie? ¿Cómo se entiende que la misma tormenta que no causa efectos en unos pueda destruir a otros? La clave la encontramos en las raíces.

Cuando se trata de desarrollar la integridad, hay unas preguntas que te deberías hacer con frecuencia:

1) ¿Soy el mismo, esté con quien esté?

2) ¿Estoy dispuesto a tomar decisiones que beneficien a los demás, aunque escoger otra alternativa sería más provechoso para mí?

3) ¿Se puede contar conmigo, sabiendo que voy a cumplir los compromisos adquiridos con Dios, conmigo mismo y con los demás?

¿Puedes decir como el salmista: “Júzgame, Señor, porque yo en integridad he andado…” (Salmo 26:1)

La vida es como un vicio: a veces te exprimirá. Y en esos momentos, saldrá lo que hay dentro de ti. Crearte una imagen y seguir tus propios intereses prometen mucho pero producen poco, sin embargo la integridad nunca decepciona. Por ello, esfuérzate por conseguirla.

La Integridad Según La Biblia: Versículos Bíblicos

“INTEGRIDAD Y RECTITUD ME GUARDEN…” (Salmo 25:21)

José fue tentado en repetidas ocasiones por la mujer de Potifar, pero siempre se negó a sus avances, al contrario que David con Betsabé. Pero ahí no acaba todo; David llegó a casarse con Betsabé y cuando su hijo Salomón fue un hombre maduro “tuvo setecientas mujeres reinas y trescientas concubinas, y sus mujeres le desviaron el corazón” (1 Reyes 11:3).

Tal vez la integridad no parezca muy importante ahora, pero la falta de ella traerá consecuencias considerables. Ser íntegro significa honrar los compromisos, aunque las circunstancias en las que los contrajiste hayan cambiado.

Alguien señaló que cuando somos guiados por la integridad, nuestras acciones concuerdan con nuestras palabras. Tu comportamiento reflejará tus creencias.

Si eres íntegro, no habrá discrepancia entre lo que aparentas ser y lo que eres, en los buenos tiempos y en los malos. La integridad no es sólo como un árbitro que decide entre sistemas de valores opuestos, sino que también es el factor decisivo que hace que estés en paz contigo mismo, y no con el corazón dividido. Te hace libre para ser una persona completa, cualesquiera sean las circunstancias.

Se dice que a un candidato para un puesto de trabajo le preguntaron por qué le habían despedido del empleo anterior. Él respondió: ‘Porque me quería llevar el trabajo a casa.’ Cuando indagaron acerca del nombre de su empleador, contestó: ‘El Banco Nacional’. Esto nos puede causar risa, pero en un sondeo reciente, 55% por ciento de los trabajadores confesaron que no se fiaban de sus directores. ¿Eres digno de confianza?

Will Rogers comenta: “La mentalidad de las personas cambia con la observación, no con argumentos. Se hace lo que se ve hacer. Entendemos lo que oímos pero creemos y seguimos lo que vemos”.

Por eso el salmista David, contrito y reformado, oró: “¡Guarda mi alma y líbrame! No sea yo avergonzado, porque en ti he confiado. La Integridad y rectitud me guarden…” (Salmo 25: 20-21).

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