GÁLATAS ESTUDIO 9. HIJOS Y HEREDEROS

HIJOS Y HEREDEROS

GÁLATAS 3:23-4:7
23 Antes de la venida de Cristo estábamos como confinados y custodiados por la ley; esto es, mientras llegaba el momento de ser hechos libres por medio de la fe.
24 Dicho de otra forma: la ley mosaica fue nuestra tutora para conducirnos a Cristo, que vino a hacernos justos delante de Dios por medio de la fe.
25 Pero ahora que estamos ya en la etapa de la fe, no necesitamos más de la tutoría de la ley mosaica,
26 pues ahora, por la fe en Cristo Jesús, todos somos hechos hijos de Dios;
27 los que en Cristo hemos sido bautizados, de Cristo estamos revestidos.
28 Por consiguiente, al ser todos de Cristo no cabe ya establecer diferencias entre unos y otros, sean judíos o griegos, esclavos o libres, hombres o mujeres; porque todos somos un solo cuerpo en Cristo Jesús.
29 Y por ser de Cristo, somos también descendientes de Abraham y herederos conforme a la promesa de Dios.
Recordad que en tanto el heredero de una fortuna es niño, su posición puede compararse a la de un simple esclavo. Conforme a derecho, el niño es dueño de la fortuna legada;
pero no entrará en posesión de ella mientras no llegue a la edad señalada por el padre, sino que deberá estar sujeto a la autoridad de tutores y administradores.
Pues bien, esa era nuestra situación antes de que Cristo viniera: estábamos sometidos a la esclavitud de las leyes y las normas del mundo en que vivimos.
Pero en el momento previsto, Dios nos envió a su Hijo, que nació de una mujer en el seno del pueblo judío.
Lo envió para que comprase nuestra libertad; para que, liberándonos de una ley que nos hacía esclavos, recibiésemos la adopción de hijos.
Y Dios, por ser sus hijos, ha enviado a nuestros corazones al Espíritu de su propio Hijo Jesucristo, de modo que también nosotros, sin ningún temor, podemos llamarle Padre.
Ya no somos, pues, esclavos, sino hijos de Dios; y siendo hijos de Dios somos también herederos suyos por medio de Cristo.

La fe en Jesús, es decir, nuestra confianza depositada en Él marca un antes y un después en nuestra vida y en nuestra identidad. Antes, según nos indica el pasaje, éramos prisioneros de la Ley debido a nuestra incapacidad para cumplirla y, consecuentemente, nuestra sentencia de culpabilidad. Fue, precisamente, esta impotencia la que nos llevo a Jesús.
Después, siempre siguiendo a Pablo, las cosas cambiaron de forma drástica, radical. Ya no tenemos que estar sometidos al imperio de la Ley, hemos sido incorporados a Cristo y esto ha producido una serie de cambios radicales. Una nueva identidad basada en esta unión. Las distinciones raciales, sociales, de género, económicas, culturales o religiosas quedan total y completamente erradicadas por Jesús. Somos declarados hijos de Dios y como prueba de ello se nos concede el Espíritu que vive en nosotros. Al ser declarados hijos de Dios nos convertimos en herederos suyos, coherederos con Jesús.
No podemos olvidar que Gálatas es llamada la carta de la libertad cristiana. Es la epístola más antigua del cristianismo. Escrita como respuesta a la presión de aquellos que, sin negar la salvación por medio de la fe en Jesús, consideraban era necesario “algo más”. En su caso, ese “algo más” era la observancia de la Ley, circuncisión incluida. Los retos a la fe son cíclicos a lo largo de la historia de la iglesia. Vuelven a repetirse una y otra vez, el mismo fondo con diferente forma. Hoy no deja de ser una excepción y mucha gente admite la salvación por la fe y “algo más” que generalmente es nuestro énfasis teológico denominacional o eclesial o, simplemente personal. Lo malo no es esto únicamente, sino nuestra tendencia a quererlo imponer a los demás coartando la libertad que Jesús ganó para ellos.
Valga la pena recordar el viejo lema de la reforma protestante: sola fe, sola gracia, sola Escritura. Sola

UN PRINCIPIO
LA LIBERTAD LA GANO CRISTO POR LA FE

UNA PREGUNTA
¿CUÁLES SON LOS “ALGO MÁS” DE TU VIDA QUE TE IMPIDEN SER LIBRE”
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