Pureza Sexual … LA “DOBLE VIDA” PORNO DEL HOMBRE CRISTIANO

Saludos nuevamente a todos ustedes que defienden día a día su pureza sexual

Hundido en la silla del cuarto de estudio, apagué la computadora como tantas veces antes, derrotado y sin esperanza, con ganas de estrellar a aquel monitor contra la pared; ese monitor que segundos antes había estado repleto de imágenes pornográficas que ahora vivían dentro de mí.

Se despertaba la mañana del domingo y en pocas horas estaría en mi iglesia, levantando estas mismas manos que –hace unos momentos– se enlodaron con esta basura pornográfica; estas manos que cedieron nuevamente a los apetitos de mi carne para intoxicarse con el pecado sexual.

Subí la mirada y pude ver mi rostro reflejado en el monitor.  Era la cara de un hombre empobrecido por el pecado sexual, desfalcado y en bancarrota moral por causa de la lujuria; cansado de ser esclavo, pero sin herramientas para salir de la prisión.  Una catarata de interrogantes invadió mi  mente:

“¿Qué clase de hombre soy?  

¿Acepté a Cristo como mi Salvador genuinamente, cuando caminé hacia aquel altar, o me dejé llevar por mis emociones, al participar en un acto religioso que no tuvo cambios permanentes en mi vida?

¿Acaso soy un hipócrita que vive de apariencias, o un hombre sincero, pero débil, revestido de una carne que siempre me empuja hacia el pecado?

¿Quién realmente soy?

¿Seré una víctima inocente, marcada desde mis primeros años por la lujuria de los adultos de mi crianza, o un victimario con culpa, que decidió actuar a espaldas de Dios?

¿Lucho una batalla admirable contra un gigante que me ataca por todos los flancos, o lucho contra mi mismo, mis contradicciones, mis mentiras, mi conformismo, mi orgullo y mi rebelión en contra de Dios?

¿Acaso he vivido toda la vida echándole la culpa de mis debilidades a otras personas, al diablo y al mundo, cuando en verdad soy yo y nadie más que yo mi peor enemigo, el causante de todos mis problemas?”

Luego de haber aceptado al Señor, le pedí con todo mi corazón que me hiciera libre de la lujuria sexual. Me arrepentí de mi pasado de pecado y comencé a enfrentar el futuro con nuevos ojos, creyendo que la atadura al sexo había quedado atrás.  Como hijo de Dios, como una nueva criatura transformada por el poder restaurador de Cristo, el resto de mi vida se presentaba prometedora.

De repente, a los pocos días de haber aceptado al Señor, abrí los ojos a una cruda y amarga realidad: la lujuria sexual no había muerto con la vieja criatura; los caprichos de mi carne continuaban; las tentaciones y fantasías sobre sexo torcido seguían martillando mi cabeza con tanta intensidad como antes.  Mi ignorancia sobre la vida Cristiana sería terreno fértil para las mentiras y trampas del enemigo. Aceptar al Señor no quiere decir que nunca más seremos tentados. Mientras estemos en este mundo, cubiertos con este ropaje carnal destinado a la corrupción, seremos tentados y no poco.

Desconociendo esto, el enemigo enviaba su tentación con un mensaje: “Sigues siendo el mismo; nada has cambiado; el sexo continúa encadenándote; a nadie engañas; no eres ni serás libre.”  A medida que continuaba caminando en la vida Cristiana, comencé a ceder ante las tentaciones lujuriosas.  Así, regresó la pornografía, la masturbación, las fantasías sexuales, la ausencia de dominio propio sobre mis ojos.

Pensando que la batalla estaba perdida al instante que llegaba la tentación, no sabía cómo enfrentar los ataques de la lujuria.  Así, permití que la racionalización y la justificación me sirvieran de almohada para descansar sin tener culpa ni arrepentimiento por mis caídas sexuales.  Mi manera de pensar se convirtió en una permisiva y conformista al encarar el pecado sexual:

“Es imposible vivir pureza radical en este mundo tan sexualizado y lleno de ataques sensoriales desde que te levantas hasta que te vas a dormir.”  ”Toda persona Cristiana tiene algún ‘pecado escondido’ en su vida, pero no habla para que no lo juzguen o señalen.  Pues yo voy a  hacer lo mismo.”  ”He tratado de sacar a la lujuria sexual de mi vida con todas mis fuerzas.” ” Aunque no lo he logrado, puedo seguir sirviendo en la Iglesia.”  ”Mediante el servicio compenso a Dios por mis pecados sexuales.” “Es mejor vivir libre del adulterio y del sexo en la calle, que caer nuevamente en esas conductas.  Si la pornografía y la masturbación me ayudan a frenar lo más peligroso, pues las uso como frenos.”

Con esta manera de pensar, me acostumbré a tener una “doble vida” en la iglesia.  Sin poder extirpar a la lujuria sexual, guardé silencio sobre mi atadura y continué haciendo mi “mejor esfuerzo” por ser un hombre Cristiano servicial y activo dentro del Cuerpo de Cristo.  Lo que nunca pude anticipar es que la lujuria sexual –como un cáncer sin tratar– no deja de crecer y enfermar por dentro.  Peor aún, este cáncer bloquea una sana relación con Dios.

¿Qué ocurrió con mi vida dividida entre la lujuria y Dios? La lujuria siguió aumentando, mientras mi relación con Dios se siguió secando. Con el paso del tiempo, el pecado sexual cauterizó mi consciencia. El pecado sexual ya no me preocupaba y no me producía ni una gota de arrepentimiento.  Me había convertido en un hombre tibio en mi relación con Dios y permisivo en cuanto a mis roces constantes con la lujuria sexual.

¿A dónde me llevó esta manera de pensar?  A profundizar en la lujuria sexual, a regresar a la calle, a mentir, a manipular, a ser una persona en la iglesia y ser otra persona completamente diferente cuando salía del templo, allá afuera en ese mundo que me esperaba para seguirme corrompiendo.  ¿Puedes identificarte con algunas de mis experiencias?  Si es así, tengo un mensaje para ti:

  • No permitas que la lujuria sexual te haga vivir con un corazón dividido entre el amor a Dios y la idolatría a los caprichos de la carne.
  • No te conformes con un Cristianismo aguado, mediocre, manchado de lujuria sexual.  Ese Cristianismo nunca te permitirá alcanzar la estatura de Cristo, ni los propósitos eternos que Dios tiene para tu vida.
  • No racionalices ni justifiques a la lujuria sexual como “algo” que puedes tener en tu vida sin mayores consecuencias.  La lujuria sexual tiene y tendrá consecuencias graves en tu vida y matará toda posibilidad de una relación sana con Dios.
  • No pienses que puedes lidiar con este enemigo en secreto, solo y en tus propias fuerzas.  Esa es la agenda de la lujuria sexual: convencerte para que pelees con ella a solas, mano a mano, sin la ayuda de nadie más.

De los cuatro “No’s” anteriores, se derivan acciones afirmativas que puedes tomar para romper el ciclo destructivo de la lujuria sexual en tu vida:

  • Arranca de raíz a la lujuria sexual de todo lo que haces y piensas. Hazlo sin contemplaciones, sin negociar con ella.  Una tregua mediocre, donde permitas que la lujuria sexual permanezca en tu territorio, sólo causará que la lujuria sexual siga ganando terreno en tu corazón.
  • Renueva, fortalece y enriquece tu relación con Dios.  Una vida llena de Dios no le dará a la lujuria sexual espacio para infiltrarse.  Entre más cerca estés de Dios, más se alejará la lujuria de ti. Apasiónate con Su Palabra, con mantener encendida la llama de la oración, la adoración y la alabanza.  Dios quiere hablarte y quiere escucharte.
  • Haz inventario sobre todo lo que la lujuria sexual te ha robado; cómo este veneno ha impactado tu vida para hacerte abortar los sueños de Dios; las oportunidades perdidas; las personas dañadas; el tiempo y dinero malgastado.  Teniendo una imagen clara –en lugar de una imagen trivializada– del impacto de la lujuria sexual en tu vida te hará reflexionar sobre todo lo que has perdido.  Esta imagen real te hará sopesar las consecuencias y el costo de regresar a este camino de perdición nuevamente.
  • Rompe el secreto y el silencio.  Busca en tu iglesia –o en otras congregaciones– a otros hombres que se identifiquen con tu lucha.  Has todo lo posible por conocer a otros hombres cristianos que estén batallando contra la lujuria sexual.  Aunque, al principio, no encontrarás a otros hombres y pensarás que eres un extraterrestre, insiste, sigue buscando, no te rindas, porque están callados y sentados en los bancos de nuestras iglesias.  Las encuestas de todos los ministerios internacionales de pureza sexual coinciden de que entre el 50% y el 70% de los hombres Cristianos que acuden a nuestras iglesias están atados a la pornografía.  Y una vez que encuentres a otros hombres, no dejes de hablar.  Rinde cuentas, establece relaciones de pacto y de apoyo para batallar unidos en contra de este enemigo.  Luego, motiva a estos mismos hombres a crear un poderoso ejército para servir y llevar el mensaje de pureza y libertad a la iglesia.

Finalmente, te pido que reflexiones sobre lo que realmente es vivir una “doble vida” dentro de la iglesia. Un día me percaté que este término está equivocado cuando se trata del hombre atado al pecado sexual. No se trata de una “doble vida” sino de una vida rasgada por la mitad; una vida empequeñecida y empobrecida por la lujuria y por la carne.  Resulta irónico que la llamemos “doble vida” cuando nada bueno multiplica, cuando lo que hace es robarnos la única vida genuina que podemos vivir en el Señor.

Amado hombre, decídete; da el paso; atrévete a vivir una vida valiente en pureza y no una vida mediocre entre el amor a Dios y el amor al sexo lujurioso.  Una mentira no dura toda una vida y menos, una “doble vida” rasgada por el pecado sexual.  Tarde o temprano serás descubierto.  Tu máscara de aparente santidad caerá y se rasgará tu saco de mentiras ocultas; allí todo lo que estaba oculto quedará visible ante los ojos de todos.  Serás avergonzado, a menos que repudies esta manera de vivir.  ¿Esperarás por ese desenlace inevitable, o buscarás restaurar tu vida ahora, hoy mismo, cuando todavía hay tiempo?

Amado hombre, no pretendas vivir la vida Cristiana como la viví yo por tantos años, como un concurso de simpatías y apariencias. Al final de nuestra vida, ¿que beneficio habrás sacado de tal manera de vivir? Tal vez, con esa “doble vida” te habrás ganado el voto de toda tu iglesia, de tu comunidad, de tu país y del mundo entero.  Convenciste con tus apariencias a toda la humanidad.  Pero, te pregunto: ¿Puede alguno de ellos con su voto afectar tu eternidad?

Al final de la carrera, ante el Trono de la Gracia, un solo voto –el de tu Creador– será el definitivo.  Evita escuchar las palabras, “nunca te conocí, apártate de mi actor de iniquidad…” cuando te presentes con tu verdadero rostro ante el Rey de reyes y Señor de señores.  Procura vivir para que ese voto, el de Dios, te permita oír su bienvenida y su gozo al aceptarte como siervo fiel y como hijo en su morada eterna.  ¡Esa es mi oración para ti hoy!

Un abrazo,

Edwin Bello

Fundador

Pureza Sexual…  ¡Riega  la  Voz!


PD: Escucha el audio testimonio de Edwin Bello de cómo pudo vencer a la lujuria sexual.  Presiona pureza sexual para acceder.

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