¿Qué significa y por qué son bienaventurados los mansos?

“Bienaventurados los mansos, porque ellos recibirán la tierra por heredad.” Mateo 5:5

Jesús, como ya hemos dicho, está derribando las ideas que los judíos tenían con respecto al reino: un reino terrenal que por la fuerza derrocaría a sus enemigos. Pensaban en función de conquista y lucha en un sentido material, y por ello nuestro Señor descarta esto de inmediato. “Los que heredarán la tierra  no son los más rudos salvajes, dice Jesús, sino los mansos”. Esto es opuesto a todos los valores del mundo.
También hemos dicho que hay una conexión lógica entre estas Bienaventuranzas, y esta sigue de lo que viene hablando antes. Comienza con los “pobres en espíritu”, esto nos lleva a su vez a una condición de contrición al caer en la cuenta de nuestros pecados; y como consecuencia nos conduce a este espíritu de mansedumbre. Todas estas bienaventuranzas están relacionadas y no describen a distintas personas, sino al verdadero discípulo de Cristo.
Jesús declara que aquellos que heredarán la tierra son los mansos, pero ¿acaso no son los más ásperos, duros y fuertes los que alcanzan el poder?  ¿No son tenidos por débiles los mansos? ¿De qué clase de mansedumbre está hablando Jesús y cuáles son las bendiciones por ser así?

Su significado
Ser manso no es considerada una virtud en estos días, cuando mucho es una debilidad. Por esto, podemos tener una idea equivocada acerca de esta parte del carácter del discípulo de Cristo.
“Manso”no significa ser apocado o pasivo, tampoco significa buena educación para decir las cosas. No habla de una persona sin convicciones que busca la paz a cualquier precio, puesto que los creyentes estamos llamados a “buscar la paz con todos Y LA SANTIDAD, sin la cual nadie verá al Señor”; Es decir, que en esa búsqueda de la paz con todos nuestra santidad no debe ser puesta en juego, ese es el límite. Cuando aquí se habla de un ser “manso”, tampoco se refiere a un carácter naturalmente amable, que hasta un incrédulo puede tener, sino algo que sólo puede producir el Espíritu Santo.

“Mas el fruto del Espíritu es amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre, templanza; contra tales cosas no hay ley.” Galatas 5:22, 23

Es la obra de Dios en el corazón del hombre que hace que alguien que puede ser la persona más rebelde y tosca se vuelva dócil, con un corazón que se deja corregir y moldear por Dios.
Es alguien que ha llegado a comprender qué es interiormente y  luego actúa en consecuencia con Dios y con los demás.
En palabras de John Stott, esta mansedumbre denota una actitud tierna y humilde hacia (Dios y hacia) otros que está determinada por una estimación real de nosotros mismos.
Repito, comienza con los “pobres en espíritu” que conduce a su vez a una condición de pesar al caer en la cuenta de nuestros pecados (“los que lloran”); y esto a su vez conduce a este espíritu de mansedumbre.

 Vine  define:


“… consiste no solo en el comportamiento externo de la persona; ni tampoco en sus relaciones con sus semejantes; tampoco se trata meramente de su disposición natural. Más bien es una obra efectuada en el alma; y se la ejerce en primer lugar y ante todo para con Dios. Es aquella disposición de espíritu con la que aceptamos sus tratos con nosotros como buenos, y por ello sin discutirlos ni resistirlos. Este término está estrechamente relacionado con la palabra “humildad”, y es una directa consecuencia de ella…”

Su manifestación 
Considerando fundamentalmente que esto no se produce naturalmente sino sobrenaturalmente, es decir, por obra del Espíritu Santo, la mansedumbre se manifiesta primeramente con Dios. Mansos al dejarnos moldear por Su Palabra.
El manso se mira a sí mismo y trata de conformarse a lo que Dios espera de él. No pone ningún “pero” ni se queja por los mandamientos, sino que humildemente los acepta como algo que es para su bien. Se mira a sí mismo, considera su condición y reconoce que los necesita.


“Por lo cual, desechando toda inmundicia y abundancia de malicia, recibid con mansedumbre  (con un espíritu enseñable) la palabra implantada, la cual puede salvar vuestras almas.” Santiago 1:21

El soberbio no se deja moldear por Dios sino que su decisión es seguir viviendo bajo sus propias resoluciones. Ha puesto su “yo” en alto, aún por encima de Dios. En cambio el manso acepta los tratos de Dios sin un espíritu quejoso. Cuando  tenemos una visión adecuada de nosotros mismos, y somos conscientes de nuestra pecaminosidad (pobres en espíritu) es cuando aceptamos cualquier trato de Dios como bueno y necesario. Si hemos reconocido sinceramente nuestra condición delante de Él, necesitamos desesperadamente su trato, sea este cual fuere.

Pero además, el haber aceptado nuestra condición delante de Él, llorarla y habernos vuelto así mansos,  tiene sus consecuencias en nuestra relación con los demás.
Me explico mejor: tenemos mansedumbre para con Dios, puesto que reconocemos la necesidad absoluta de Su ayuda y guía. Y mansedumbre para con los demás al haber eliminado cualquier clase de orgullo reconociendo nuestra real condición. Cuando esto es así, ¿quién puede ofendernos? ¿No es acaso el “yo” herido la causa de la mayoría de las ofensas?
Esta palabra griega (prautes) significa “poder bajo control” y se usaba para hablar de un potro que había sido domado. El potro sigue teniendo la misma fuerza pero es una fuerza controlada. Es decir, no que el creyente es manso porque no puede defenderse, sino que es manso porque cuenta con los infinitos recursos de Dios a su disposición.


“…quien (Jesús) cuando le maldecían, no respondía con maldición; cuando padecía, no amenazaba, sino encomendaba la causa al que juzga justamente…” 1 Pedro 2:23

“No os venguéis vosotros mismos, amados míos, sino dejad lugar a la ira de Dios; porque escrito está: Mía es la venganza, yo pagaré, dice el Señor. Así que, si tu enemigo tuviere hambre, dale de comer; si tuviere sed, dale de beber; pues haciendo esto, ascuas de fuego amontonarás sobre su cabeza.”  Romanos 12:19-20

Su bienaventuranza
La bienaventuranza de los mansos es tanto presente como futura. En el presente poseen la dicha de ser parte del reino y disfrutan de cada bendición. Pueden confiar en Dios aún en las circunstancias más difíciles descansando en Su sabiduría.
Pero también es una herencia futura
“Bienaventurados los mansos, porque ellos recibirán la tierra por heredad.”
Como bien dijo Pablo a Timoteo Si sufrimos, reinaremos con él.” En otras palabras: si sufres por la causa de Cristo, pierde cuidado, sé manso y reinarás con Él. ¡Bienaventurado!

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