Archivo de Etiquetas: Estudios Carlos Rey

Consejos Cristianos – Vulgaridades a todo momento

«Quiero pedirles un consejo para solucionar mi problema. Tengo cuatro años de convivencia con mi pareja, [pero] me ha costado mucho trabajo aceptar su forma de ser, sobre todo por su mala costumbre de decir vulgaridades a todo momento. Pareciera que no se diera cuenta cuántas veces lo hace y todo lo que dice. No hay un solo instante que no lo haga. Tiene esas palabras en su vocabulario como [si fueran] palabras comunes.

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A VECES EL LEÓN SÍ ES COMO LO PINTAN – Carlos Rey

Cuentan que una viuda pobre, que tenía un hijo de ocho años, le debía dinero a un avaro prestamista que llegaba cada semana a cobrarle. A la desdichada mujer se le hacía cada vez más difícil pagar aquella cuenta. Un día el prestamista entró en la casa, tomó por el cabello a la pobre mujer y la emprendió a golpes con ella mientras el asustado muchachito temblaba de miedo en un rincón de la sala mirando impotente la escena.

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Devocionales Cristianos – Carlos Rey – ESCLAVOS SIN RAZÓN

Juanito y su hermana Margarita fueron a pasar sus vacaciones en la granja de sus abuelos. Para que Juanito tuviera con qué entretenerse, el abuelo le regaló una honda y le dijo que fuera a jugar con ella en el bosque cercano. Alejándose a cierta distancia de un árbol que tenía un grueso tronco, Juanito ensayó su puntería, pero no logró pegarle al tronco. Por fin, desanimado y muerto de hambre, decidió volver a la casa. Tan pronto como divisó la casa, vio a lo lejos el pato de la abuela.

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ANTONIO STRADIVARI: 1704 – Mensajes a la Conciencia

Era una noche de invierno del año 1820 en la ciudad de Londres. Un hombre mal vestido, evidentemente pobre, entró temblando de frío en una tienda que compraba y vendía violines. Debajo del brazo llevaba un bulto. El dueño de la tienda, Arthur Betts, le preguntó: —¿En qué puedo servirle, señor? —Me estoy muriendo de hambre —le contestó el hombre—. ¿Cuánto me ofrece por este viejo violín? Betts tenía ya varios violines viejos, pero por ayudar al hombre hambriento pagó por el violín una guinea, que era una antigua moneda inglesa equivalente a veintiún chelines, es decir, poco más que una libra esterlina. El hombre tomó la moneda de oro y se perdió en las sombras de la noche.

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