¿REFLEXIONEMOS?

A medida que vivimos en este mundo, se pueden acumular fácilmente diminutas «partículas» de pecado en nuestra vida. Los resentimientos, las palabras ásperas, la hipocresía, la envidia, los pensamientos impuros o las actitudes egoístas infligen una pérdida en nuestra vitalidad espiritual. Nuestra vida interior disminuye y se nota…A menos que las confesemos de inmediato comienzan a formar una capa de «polvo» que nos impide experimentar la luz de la gracia de Dios en nuestro corazón. Los que nos rodean van a percibir que algo anda mal.

Si la acumulación de pecado sin confesar ha cubierto nuestra  alma, hagamos  lo que hizo David: confesemos  al Señor (Salmo 32:5). Limpia las «hojas polvorientas» de nuestra  vida y disfrutemos una vez más de la gloriosa luz del amor y la ternura de Papito Dios.

LA CONFESIÓN DE PECADO DEJA QUE BRILLE LA LUZ DEL PERDÓN DE DIOS.

es con todo amor….!!

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