Cantando Entre Espinas: Reflexiones

"Porque grande es Jehová, y digno de suprema alabanza" (Salmos 96:4).

C. H. Spurgeon oyó, cierta vez, que en determinado lugar de Inglaterra los ruiseñores cantaban de manera más graciosa que en cualquiera otra parte del mundo. Resolvió viajar hasta este lugar para poder comprobar por sí mismo. Él reservó un cuarto en una posada y le informaron:

“cuando empieze a anochecer, mire para el espinero enfrente. Usted verá al ruiseñor. Oirá su canción.” Pero al aproximarse la noche, el tiempo enfrió y empezó a llover. Spurgeon perdió las esperanzas de oír al pájaro. De repente, oyó la bella y emocionante canción del ruiseñor, clara y dulce.

Miró por la ventana. Allí, posado en el espinero, debajo de una lluvia torrencial, el pequeño pájaro estaba irguiendo su voz en una canción verdaderamente linda. Él comentó:

“Era tan dulce y tan bonito que yo no creo que pueda escuchar algo tan conmoviente hasta oír los ángeles cantando.” A continuación, dijo Spurgeon:

“El Dios del ruiseñor es el Dios que yo sirvo. Mismo en la obscuridad, sintiendo frío, en la lluvia o entre espinas, Él puede me llevar a entonar bellas canciones en la noche.”

Que bella y edificante lección para cada uno de nosotros. A despecho de las adversidades el ruiseñor no dejó de usar el talento recibido, produciendo, entre circunstancias desfavorables, un momento de raro esplendor.

Cuántas veces dejamos de glorificar a Dios y de ir a estar con los hermanos en la iglesia solo porque está lloviendo o haciendo mucho calor.

Un pequeño problema familiar, un enfado en el trabajo, un simple dolor de cabeza y luego decimos que no tenemos ánimo para alabar a Dios y que no sentimos ganas de orar. Pero, también en las horas difíciles, necesitamos mostrar cuanto somos gratos al Señor y el cuanto reconocemos su amor por nosotros, perdonando nuestros pecados y concediéndonos el derecho de vivir para siempre en el cielo de gloria.

Si usted está pasando por aflicciones, cante para Dios. Si la su vida le parece oscura y tempestuosa, levante sus ojos para cima y diga:

“Señor, confío en Ti.” Luego la lluvia pasará, el sol volverá a brillar y de los momentos sombríos permanecerá solo el canto del gozo de su corazón.

Paulo Barbosa
Un ciego en el Internet

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