¡Fuego De Dios y no Candela!!

Caminando en el Fuego de Dios y no Candela Hablaba con alguien el otro día, y le hice esa pregunta que se hace sin pensar, le pregunté, ¿cómo estás? La respuesta fue más o menos como es normal, pero después de unos minutos de conversación esta persona se expresó de una manera que encontró bastante interesante cuando me contó lo que estaba aconteciendo en su vida.

Esta persona me dijo que en estos momentos su situación estaba ¿en candela? ¿Ha escuchado alguien esa expresión alguna vez?

No es una expresión muy fuera de lo común cuando queremos describir que estamos pasando por momentos difíciles, es una expresión bastante utilizada, pero, ¿existe un mensaje dentro de esta expresión?

Para el cristiano, les puedo decir que seguro que sí; ¿sabía usted que existe una gran diferencia entre la candela y el fuego?

Estudiemos hoy este tema, estudiemos hoy la diferencia que existe entre la candela y el fuego.

¿Están un poco confundidos? Pasemos ahora a la Palabra de Dios.

Daniel 3:16-26:

Sadrac, Mesac y Abed-nego respondieron al rey Nabucodonosor, diciendo: No es necesario que te respondamos sobre este asunto. 17 he aquí nuestro Dios a quien servimos puede librarnos del horno de fuego ardiendo; ¿y de tu mano, oh rey, nos librar? 18 y si no, sepas, oh rey, que no serviremos a tus dioses, ni tampoco adoraremos la estatua que has levantado. 19 entonces Nabucodonosor se llenó de ira, y se demudó el aspecto de su rostro contra Sadrac, Mesac y Abed-nego, y ordenó que el horno se calentase siete veces más de lo acostumbrado. 20 y mando a hombres muy vigorosos que tenía en su ejército, que atasen a Sadrac, Mesac y Abed-nego, para echarlos en el horno de fuego ardiendo. 21 entonces estos varones fueron atados con sus mantos, sus calzas, sus turbantes y sus vestidos, y fueron echados dentro del horno de fuego ardiendo. 22 y como la orden del rey era apremiante, y lo habían calentado mucho, la llama del fuego mató a aquellos que habían alzado a Sadrac, Mesac y Abed-nego. 23 Y estos tres varones, Sadrac, Mesac y Abed-nego, cayeron atados dentro del horno de fuego ardiendo. 24 entonces el rey Nabucodonosor se espantó, y se levantó apresuradamente y dijo a los de su consejo: ¿No echaron a tres varones atados dentro del fuego? Ellos respondieron al rey: Es verdad, oh rey. 25 y Él dijo: He aquí yo veo cuatro varones sueltos, que se pasean en medio del fuego sin sufrir ningún daño; y el aspecto del cuarto es semejante a hijo de los dioses. 26 entonces Nabucodonosor se acercó a la puerta del horno de fuego ardiendo, y dijo: Sadrac, Mesac y Abed-nego, siervos del Dios Altísimo, salid y venid. Entonces Sadrac, Mesac y Abed-nego salieron de en medio del fuego.

Como siempre digo, para tener un mejor entendimiento del mensaje que Dios tiene para nosotros, nos será necesario repasar un poco de historia.

Cuando leemos el capítulo tres desde el inicio vemos que aquí el rey Nabucodonosor había mandado a hacer una estatua de oro de Él mismo (Daniel 3:1).

No solo esto, pero Él había decretado como ley que todos se postraran y adoraran esta estatua bajo penalidad de muerte al que no lo hiciera (Daniel 3:4-6).

Entonces a causa del temor de morir de esta manera tan horrible, todos guardaban la ley impuesta por el rey, todos adoraban la estatua (Daniel 3:7). Pero cuando digo todos no estoy haciendo una declaración completamente cierta, porque existieron tres varones que comprendían bien que el obedecer a Dios es mucho más importante que el obedecer al hombre (Éxodo 20:3-6).

Así es que llegamos más o menos a este punto en la historia, llegamos al punto cuando estos tres varones fueron traídos ante la presencia del rey después de haber sido acusados de no rendirle homenaje a la estatua (Daniel 3:12-13).

Detengámonos aquí por unos instantes y analicemos esto que les sucedió a estos tres varones, analicemos la acusación que fue levantada en contra de ellos. Les puedo decir con bastante confianza que no existe mucha diferencia entre la acusación que fue levantada en contra de estos tres varones, y las acusaciones que se levantan en contra nuestros todos los días.

Puede ser que muchos están pensando que en nuestra contra no se levantan acusaciones todos los días, pero si piensas de esa manera, te pido que examines tu vida espiritual porque si no surgen acusaciones, esto es un gran indicativo de que algo marcha muy pero muy mal.

Ahora, no quiero que me vayan a mal interpretar, no estoy diciendo que se hable en contra nuestros todos los días, aunque si puede suceder. No les estoy hablando de que se nos acuse públicamente, de lo que si estoy hablando es de que seremos acusados en nuestras propias mentes por nuestro enemigo.

Como he dicho en numerosas ocasiones, y es algo que no me canso de repetir, el campo principal de batalla es nuestra mente.

Es en nuestros pensamientos, en nuestras mentes que el enemigo pondrá pensamientos de dudas, discordia, celos, envidia, rencor, y todos esos demás pensamientos que sabemos que no provienen de Dios, ya que Él no nos quiere viviendo de esta manera, Él nos llama a vivir gozosos, a vivir en paz (Jeremías 29:11).

Es en nuestra mente que el enemigo pondrá esos pensamientos de que no servimos; de que no podemos; de que no podemos perdonar o ser perdonados; de que no sabemos; en si son tantos que no pudiéramos enumerarlos todos.

Lo que sucede es que cuando somos acusados, si no estamos parados firmes en las promesas de Dios, si no estamos firmes en Su santa y divina Palabra, entonces ante las acusaciones caeremos de rodillas ante los dioses de este mundo y le faltaremos a Dios.

¿De que dioses les hablo? Les hablo acerca del dios del dinero, lujuria, lascivia, envidia, y todos los demás dioses que gobiernan este mundo malvado (Efesios 6:12). Pero este no fue el caso con estos tres varones, ellos se mantuvieron firmes en la Palabra de Dios, fueron acusados y condenados, pero nada de esto los detuvo de mantenerse fiel a Dios.

Continua Parte #2