Fuiste rescatados de vuestra vana manera de vivir,
la cual recibisteis de vuestros padres, no con cosas corruptibles,
como oro o plata, sino con la sangre preciosa de Cristo.

1 Pedro 1:18-19.

Libre acceso

Todas las virtudes humanas se parecen a esas pequeñas conchas que sirven de moneda en ciertas islas del océano Índico. Aunque circulan entre los indígenas, no tienen valor en nuestros países. Así mismo, las cualidades de un hombre pueden ser apreciadas por los hombres, pero ninguna de ellas, ni aun todas pueden ?pagar la entrada? al cielo. ?Por cuanto todos pecaron y están destituidos de la gloria de Dios? (Romanos 3:23). Ninguna ofrenda o sacrificio propio permite el acceso a la presencia de Dios. (Hebreos 11:6)

La fe consiste en creer lo que Dios dice, aceptando su diagnóstico sobre el hombre, pecador y condenado al castigo eterno. Es aceptar su remedio: creer que Jesús murió para salvarlo. La fe es apoyarse en las promesas de Dios y confiar plenamente en él. Sólo entonces podrá emplearnos para su servicio.

El único obstáculo que nos impide recibir el perdón de nuestros pecados es la incredulidad; porque dudar del amor de Dios y de la obra de Jesús en la cruz es rehusar su gracia e ir al encuentro del juicio.

Durante su vida, el hombre debe preocuparse por su ¿entrada? al paraíso. El único precio que se pagó y que Dios aceptó es la preciosa sangre de Cristo. ?La sangre de Jesucristo su Hijo nos limpia de todo pecado? (1 Juan 1:7).

Vale la pena pensar en ello hoy mismo.

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