La Navidad Sin Jesús No Tiene Valor Alguno

“Vinieron, pues, apresuradamente, y hallaron a María y a José, y al niño acostado en el pesebre” (Lucas 2:16).

Muy alegre y ya toda arreglada en la mañana de Navidad, una pequeña niña estaba cantando “Feliz cumpleaños a ti.” En la

cocina, su madre que servía el café, inmediatamente pensó:

“Mi querida hija se está confundiendo con la fecha. Ella confundió la Navidad con el cumpleaños de alguien.” Pero, al aproximarse al local donde la hija se encontraba, pudo escuchar mejor lo que cantaban: “Feliz cumpleaños, Jesús querido, cumpleaños a ti.”

Todos los anos, por ocasión de las fiestas de Navidad, las personas se reúnen para grandes conmemoraciones. Muchas fiestas son programadas con bastante antecedencia y grandes planes son planteados. Nada puede salir mal y el éxito de la programación garantizara futuras fiestas en los anos siguientes.

Las mesas son aderezadas con detalles navideños, los platos típicos de la época son diseminados alrededor de los adornos, y la alegría es estampada en el brillo en los rostros de aquellos que vienen para participar del grande banquete. En un Rincón de la sala, generalmente, un gran árbol con bolas coloridas y bombillas que parpadean sin cesar tornan el ambiente aún más encantador.

Antes de la cena, personas se confraternizan, se abrazan y exteriorizan sus votos de “Feliz Navidad” y mucha salud y Amor para el próximo ano. Después de comer, todos regresan a los sus hogares con la certeza de que la fiesta fue muy agradable.

Todo eso es muy bueno y sería perfecto si no fuese un pequeño “gran detalle”: la razón de aquella fiesta.

Conmemoramos la Navidad y olvidamos de Jesús! Comemos y bebemos y no cantamos Feliz Cumpleaños para el Salvador. Damos y recibimos presentes y no recordamos de entregar el regalo del que cumpleaños. ¿De quien es la fiesta al final, del Señor o nuestra? La Navidad sin Jesús es falsa e inútil y toda conmemoración no tiene valor alguno.

La fecha no tiene importancia, pero necesitamos conmemorar la Navidad dejando que Jesús nazca en el pesebre de nuestros corazones.

Paulo Barbosa