Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito,
para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna.

Juan 3:16.

Carta de un gángster (2)

       ?El alcoholismo se apoderó de mí a tal punto que incluso bebía alcohol medicinal. Entonces decidí suicidarme. Estaba listo para saltar de un tercer piso cuando recordé las palabras que había oído acerca de Jesús. Me arrodillé en medio de la habitación sucia donde vivía, la cual mi madre había alquilado para mí, y clamé: -Señor, soy tan egoísta, orgulloso, violento, blasfemo, y tengo pensamientos tan sucios… soy un fracaso total. Si vienes a mi corazón y me das la fuerza para ello, te aceptaré como mi Salvador y viviré para ti.

       En ese momento sentí como una suave brisa que me envolvía y tuve una sensación de gran alivio en mi corazón. Cuanto más lloraba, mejor me sentía. Era tan bueno ser salvo, no por una religión, ni por asistir a una iglesia, ni por hacer buenas obras, sino simplemente confiando en la obra redentora de Cristo.

No importa cuán mala haya sido una persona, si confía en Cristo como su Salvador, será salva. Tal vez el lector no encuentre ninguna entre su vida y mi historia. Piensa que no necesita ser salvado, pues nunca ha llegado tan bajo como yo. Pero Dios dice que no podemos salvarnos a nosotros mismos; por gracia somos salvos por medio de la fe; es don de Diosí

Desde su salvación, John Wilson ha tenido la oportunidad de contar muchas veces su historia. Sabe que ha sido rescatado de su vana manera de vivir ?con la sangre preciosa de Cristo? (1 Pedro 1:18-19).