?Aguardando la esperanza bienaventurada y
la manifestación gloriosa de nuestro gran Dios y Salvador Jesucristo,
quien se dio a sí mismo por nosotros para redimirnos
de toda iniquidad y purificar para sí un pueblo propio,
celoso de buenas obras.

Tito 2:13-14.

¿Qué espera usted?

       Un sondeo de opinión llevaría a muchas respuestas como: más justicia social, paz entre las naciones, progresos en la lucha contra la violencia, la contaminación y la enfermedad. O se hablaría de esperanzas personales: salud, éxito familiar o profesional. Cada uno experimenta la necesidad de esperar o alcanzar algo: vacaciones, jubilación, días mejoresí Como se dice: «Esto sostiene el ánimo». Pero pronto llega la decepción: lo imprevisto, un mal cálculo, un fracaso o la muerte, que de repente arruina los planes preparados con esmero.

       Cada uno es consciente de que su porvenir está hecho de muchas ilusiones y el pasado de casi otras tantas desilusiones. Sin embargo, se sigue usando y abusando de esta palabra mágica: la esperanza.

       Los psicólogos le dirán que la esperanza es el resorte del hombre y que ella tiene un efecto estimulante; en contraste, basta pensar en el alcance de la palabra desesperación y sus consecuencias muchas veces trágicas.

       Pero, ¡cuidado!, conviene que el ser humano no se deje engañar por una vana y falsa confianza en sí mismo y en sus semejantes, porque entonces estaría dispuesto a aceptar algo que no es de Dios.

       La esperanza cristiana no está empañada de incertidumbre. Ella es segura porque se apoya en las promesas de Dios y se relaciona con un porvenir que él nos invita a conocer.

  • El devocional diario, es editado por: "La Buena Semilla" 1166 Perroy (Suiza) © Copyright: Todos los derechos reservados.
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    Amado, yo deseo que tú seas prosperado en todas las cosas, y que tengas salud, así como prospera tu alma. – Tercera carta de Juan versículo 2.

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