Josafat, rey inconstante en sus caminos
“Por lo tanto, oigan la palabra del Señor: Vi al Señor sentado en su trono con todo el ejercito del cielo alrededor de él, a su derecha y a su izquierda.
Y el Señor dijo: -¿Quién seducirá a Acab, rey de Israel, para que ataque a Ramot de Galaad y vaya a morir allí? ?
Uno sugería una cosa, y otro sugería otra. Por último, un espíritu se adelantó se puso delante del Señor y dijo:
– Yo lo seduciré ?
-¿Por qué mediosí-, preguntó el Señor.
Y Aquel espíritu respondió:
– Saldré y seré un espíritu mentiroso en la boca de sus profetas-
Entonces el Señor ordenó:
  • Ve y hazlo así, así que tendrás éxito en seducirlo-
Así que ahora el Señor ha puesto un espíritu mentiroso en la boca de estos profetas de Su Majestad. El Señor ha decretado para usted la calamidad”.
II Crónicas 18:18-22.
El relato del cronista sobre el reinado de Josafat ocupa más de dos veces el largo que la historia contada en Reyes, y me llama todavía más la atención que la retribución por sus acciones se dio inmediatamente, cuando fue obediente, Dios lo bendijo, pero recibió reprobación y castigo, cuando su corazón se dividió.
Creo con firmeza que las historias de estos reyes están depositadas en la Palabra para que nos miremos a nosotros mismos en sus aciertos y yerros.
Cuando era niña, los maestros de Escuela Dominical preparaban grandes clases sobre los héroes de la fe, las mujeres buenas de la Biblia, las bellas historias de Jesús, David y su gran Reinado, pero que poco detalle se hacía sobre los traspiés de estos otros personajes. Imagino porque también fui maestra de pequeños, que era mejor evidenciar los buenos ejemplos para imitarlos.
Ahora, al meditar en los actos de estos hombres del linaje de David, puedo ver innumerables similitudes en nuestros propios yerros, no están en vano en las Sagradas Escrituras, El Padre quiere que te identifiques y estés avisado para comenzar un año a la manera de Dios.
Josafat se impuso a la fuerza sobre Israel, trato de comenzar su reinado haciendo una evaluación de los lados débiles de su papá, por esa noble intención y porque siguió el ejemplo inicial de su antecesor, pues no buscó a los baales sino al Dios de su padre, el Señor lo afirmó y bendijo.
Su fama alcanzó a todos los reinos vecinos, todo Judá le llevaba regalos y todos le hacían honores, Josafat anduvo con orgullo en los caminos de Jehová.
Siguiendo con la evaluación Josafat se dio cuenta que el mejor regalo que podía darle a su pueblo era la instrucción, así que en el tercer año de su reinado llamó a sus oficiales, levitas y sacerdotes para cumplir una gran labor misionera, ellos recorrerían todas las ciudades de Judá enseñando el libro de la Ley del Señor.
¡Para eso había alcanzado el puesto de Gobernador! ¡El haría que todo Judá volviera al Dios del Pacto!
El resultado fue maravilloso, sus vecinos oyeron de las hazañas de este pueblo escogido por Dios, seguramente los judíos recién enterados de las proezas de Moisés y Josué alardearon que Jehová de los Ejércitos era su capitán, esto provocó que las naciones vecinas sintieran un miedo profundo hacia Jehová Sabaoth así que no se atrevieron a declararle la guerra a Josafat y al pueblo de Dios.
La fama y la riqueza no son sinónimo de bendición cuando el temor a Dios se pone en segundo lugar, la ambición y el orgullo ciegan al mejor de los buenos, pues Josafat se había hecho rico y poderoso, la justicia que el predicaba poco a poco dejó de ser la Justicia de Dios, vio al reino vecino y a su Rey Acab (y a su bella esposa Jezabel) ya no como oponentes sino como hijos de Abraham y por ende paisanos y amigos, así que emparentó con él.
Un día el cielo se oscureció cuando Josafat fue a visitar a sus suegros Acab y Jezabel, después de una gran comilona imagino que Acab se apoyó en el hombro de su yerno y lo sedujo:
¿Irías conmigo a pelear contra Ramot de Galaad?
“El rey de los Ejércitos de Juda es Jehová, no tienes derecho a pedirme una cosa así, sólo voy a la guerra si Dios va delante mío”
¿Creen ustedes que esto fue lo que él respondió? Yo también hubiera esperado una respuesta así, pero Josafat contestó otra cosa totalmente diferente:
-“Estoy a tu disposición, lo mismo que mi pueblo. Iremos contigo a la guerra”-
Si sólo dijo esto, la desilusión seria completa pero añadió:
-“Pero antes que nada, consultemos al Señor”-
Acab casi ya no escuchó la segunda frase, casi sólo percibió algo de consultar, así que mando llamar a sus cuarenta profetas de Baal para hacer el respectivo asesoramiento.
Los profetas mentirosos comenzaron hacer alarde de grandes profecías de prosperidad y victoria, Josafat dio oído a las mentiras mientras Acab revoloteaba a su lado riendo y dando palmadas de frenesí. De pronto Josafat tuvo otro destello de sensatez:
– Un momento, esperen, ¿No hay aquí un profeta del Señor que podamos consultar?-
A Acab se le fue la mueca de risa de la cara y exclamó:
– Si hay, pero me cae muy mal porque nunca me profetiza nada bueno, ¡sólo me anuncia desastres!-
Micaías era un profeta verdadero del Dios Santo, antes que llegara al palacio de Acab se le advirtió,
-“!Cuidadito con decir algo diferente a lo que han dicho los profetas de Baal!-
Pero Micaías respondió sin temor:
-“Anunciaré lo que Dios me diga”-
Y acto seguido relató la visión del Señor sentado en su trono con sus ángeles mientras los demonios pedían permiso para hacer caer a Acab:
-“Así que ahora el Señor ha puesto un espíritu mentiroso en la boca de estos profetas de su Majestad”-
Los reyes hicieron silencio, Josafat comenzó a comprender la verdadera situación, entonces uno de los profetas de Baal saltó impulsado por Satanás y se abalanzó sobre Micaías dándole una tremenda bofetada y gritando ¡Mentiroso!.¿De qué espíritu de mentira hablasí ¿Nos estas diciendo que nosotros cuarenta somos mentirososí !Tú eres el Mentiroso, de qué espíritu me hablas !.
Micaías sabía quién estaba con él, así que le respondió:
-“Lo sabrás el día en que andes de escondite en escondite”-
Josafat fue a la guerra con su aliado Acab, la profecía se cumplió y Acab murió cuando una flecha lo alcanzó, la excelente armadura que usaba no lo protegió de la justicia de Dios.
Josafat regresó cabizbajo después de enterrar a su suegro, su palacio no lo recibió con las ovaciones de siempre, más bien el profeta de Dios fue a visitarlo y le dijo:
-¿Cómo te atreviste a ayudar a los malvadosí ¿Por qué hiciste alianza con los enemigos de Diosí
– “Pero todavía hay cosas buenas a tu favor, has buscado a Dios de todo corazón”-
¡Dios mío! ¿Se imaginan que las decisiones acertadas hechas en temor a Dios puedan salvarte de un castigo seguro? ¿Que Dios te conceda una segunda oportunidad porque ve tu corazón?
Gracias a Dios, Josafat aprendió la lección, recordó a su padre Asa y sus desaciertos, ya le había fallado a su Padre Celestial, otra vez se pondría a cuentas con él y trataría de hacer todo lo agradable a Dios.
Proclamó un ayuno en todo Judá al oír que otro pueblo enemigo vendría a darle batalla, esta vez, no buscó más aliado que el Rey de su Padre David, y obtuvo una gran victoria, por lo tanto su reinado disfrutó de tranquilidad.
Yo anhelo tener un corazón agradecido por la lealtad de Dios hacia mi vida, por temor a él no quiero moverme un ápice de su voluntad, cuanto quisiera que él este dispuesto a darme otra oportunidad, que al ver mi corazón amante retenga su castigo porque mis yerros fueron menores.
¿Te gustaría que la historia de Josafat acabase con un: “Y todos fueron felices”?
Josafat fue un hombre como tu y yo, siguió el buen ejemplo de su padre Asa, sin embargo no se quitaron los santuarios paganos, pues aunque el pueblo supo del Dios de sus antepasados, sólo obtuvo información pero no se consagró a El.
Después de unos años de monotonía sin comunión con Dios se alió con el perverso Ocozias, construyó una flota mercante que duró poco porque Dios le quitó su prosperidad y murió.
Su reinado no pudo terminar en prosperidad y Gloria porque después de tantas buenas intenciones hubo doblez en su corazón.
Que el Padre Celestial te haga entender el Mensaje Divino mediante estas letras y te lleve a caminar en comunión con él cada día de este nuevo año, ésa es mi oración por ti.
Martha Vílchez de Bardales

Que el Señor te bendiga ahora y siempre
Martha Bardales 
 

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