Señor, siempre dir? en mi canto que t? eres bondadoso; constantemente contar? que t? eres fiel (Salmo 89,1).
El recoger espigas era una de las treinta y nueve formas de violar el síbado, según las interpretaciones exageradas que algunas escuelas de los fariseos hac?an de la ley. ¿Es l?gico criticar que en síbado se tomen unas espigas y se coman? Jesís aplica un principio fundamental para todas las leyes: El síbado se hizo para el hombre y no el hombre para el síbado (Marcos 2,27). Trae como argumento la escena en que David come y da de comer a sus soldados hambrientos los panes presentados (Marcos 2,25 – 26). Una cosa es obedecer a la ley de Dios y otra, caer en una casu?stica tan caprichosa que incluso pasa por encima del bien del hombre. El hombre está sie mpre en el centro de la doctrina de Jesís. La ley del síbado hab?a sido dada precisamente a favor de la libertad y de la alegr?a del hombre (Deuteronomio 5,12 -15). Además Jesís lanza valientemente una de aquellas afirmaciones suyas que tan nerviosos pon?an a sus enemigos: El Hijo del Hombre es señor también del síbado (Marcos 2,28). No es que Jesís haya venido a abolir la ley, pero sí a darle pleno sentido. Si todo hombre es superior al síbado, mucho más el Hijo del Hombre, el Mesías.

 

Proclamar? que tu amor es eterno; que tu fidelidad es invariable, invariable como el mismo cielo (Salmo 89,2).
Tambi?n nosotros podemos caer en unas interpretaciones tan meticulosas de la ley que lleguemos a olvidar el amor. La letr a puede matar al esp?ritu. La ley es buena y necesaria. La ley es en realidad el camino para llevar a la pr?ctica el amor. Pero por eso mismo no debe ser absolutizada. Por ejemplo: no he robado, pero ¿no he privado a alguien de lo que de m? esperaba? O también, no he matado, ni asesinado, pero a menudo ¿no le he dado a alguien motivo de sufrimiento con mis palabras o mi silencio, con mis cr?ticas o mi indiferencia?  

 

Oh Señor, feliz el pueblo que sabe alabarte con alegr?a y camina alumbrado por tu luz, que en tu nombre se alegra todo el tiempo y se entusiasma por tu rectitud (Salmo 89,15 – 16).
El día de descanso está pensado para el bien del hombre. Es un día en que nos encontramos con Dios, con la comunidad, con la naturaleza y con nosotros mismos. El descanso es un gesto prof?tico que nos hace bien a todos, para huir de la esclavitud del trabajo o de la carrera consumista; es el día que dejamos de hacer aquellos trabajos y actividades que impidan dar culto a Dios, gozar de la alegr?a propia del día del Señor o disfrutar del debido descanso de la mente y del cuerpo. El día del Señor también es día del hombre, pero tampoco nosotros debemos absolutizar el cumplimiento del descanso hasta perder de vista, por una exagerada casu?stica, su esp?ritu y su intenci?n humana y cristiana. Debemos ver en este día sus valores más que el precepto, aunque también éste exista y siga vigente. Las cosas no son importantes porque están mandadas. Est?n mandadas porque representan valores importantes para la persona y la comunidad.
¡¡¡Señor Jesís, ay?dame a reconocer claramente tu autoridad y tu señor?o, para que abandone todos los conceptos que disminuyen tu presencia en mi pensamiento. Quiero vivir según tu ley del amor!!!  &n bsp;
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Que el Padre Dios te bendiga y te proteja, te mire con agrado y te muestre su bondad. Que el Padre
Dios te mire con amor y te conceda la paz.
Juan Alberto Llaguno Betancourt
Lima – Per? – SurAm?rica

Protejamos nuestra Biodiversidad y el Medio Ambiente
Juan Alberto Llaguno Betancourt
Lima – Per? – SurAm?rica


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