¿Con qué frecuencia celebrar la Santa Cena o la Cena Del Señor?

Todas las veces que comiereis este pan, y bebiereis esta copa, la muerte del Señor anunciáis hasta que él venga. 1 Corintios 11:26

Poder conmemorar la obra de nuestra salvación cumplida en la cruz del Calvario es un evidente privilegio que abarca no sólo el recordar esta obra, sino a Aquel que la cumplió: “Haced esto en memoria de mí” (Lucas 22:19). Sin embargo corremos dos riesgos:

Trivializar el hecho efectuándolo sin darle la correspondiente importancia.
Considerarlo tan santo al punto de no atreverse a participar de él.

Al decir “todas las veces”, el apóstol da a entender que la celebración de la Cena no es ocasional. Entonces, ¿con qué frecuencia debe celebrarse?

En el comienzo de la Iglesia, según el relato de Hechos 2, los creyentes partían el pan en las casas. No se indica la frecuencia. Más tarde el apóstol Pablo reprendió a los corintios que asociaban la cena del Señor a una comida colectiva, unida a todos los excesos que se producían en ella (1 Corintios 11:20-22). Esto muestra la necesidad de buscar la dirección del Espíritu de Dios para dar a ese santo memorial la solemnidad conveniente.

El relato de la visita de Pablo a Troas nos enseña respecto al adecuado momento para recordar al Señor. Los creyentes se reunían para partir el pan el primer día de la semana (Hechos 20:7), el día de la resurrección del Señor. Su muerte fue un triunfo: a través de ella él destruyó al diablo (Hebreos 2:14). La resurrección el primer día de la semana manifestó esa victoria. ¡Recordemos, pues, la muerte del Señor ese día!

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