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Levántate, resplandece; porque ha venido tu luz

El Accidente

Levántate, resplandece; porque ha venido tu luz, y la gloria del Señor ha nacido sobre ti. 
Isaías 60:1.

Un campesino quería blanquear su establo con cal. De repente el pico del pulverizador utilizado para dicha labor se tapó. El hombre salió al aire libre para remediar el desperfecto. Pero apenas hubo aflojado un poco el pico, un chorro de cal le salpicó la cara y le entró en los ojos. Los médicos no pudieron hacer nada por él: quedó ciego.

Más tarde, cuando un amigo le preguntó si se había adaptado a su nueva situación, el campesino contestó que el accidente había cambiado su vida para bien, porque había aprendido a conocer a Dios.

Mientras yacía aún en la cama, empezó a orar. En su angustia clamó a Dios. Su hermano, un creyente, le alentó a hacerlo. Otrora no quería saber nada de Dios. Siendo niño, había captado algo de la fe cristiana. Pero para él esto significaba someterse a penosos deberes e ir inútilmente a la iglesia. Al principio, la vida de ciego le pareció absolutamente sin sentido y vacía. Sólo la fe en Dios vino a ser un rayo de esperanza y un consuelo.

Cuando volvió a casa, pidió que le leyeran pasajes de la Biblia. El versículo de la fecha le fue especialmente precioso. Ahora él mismo lee la Palabra de Dios, después de haber aprendido a leer la escritura braille.

Aprovecha todos los contactos con otras personas para hablar de la fuente de la fuerza que posee por medio de la fe. ¿En definitiva, agregó él, estoy contento de ser ciego, si no, nunca hubiese aprendido a conocer a Jesucristo ni hallado el verdadero sentido a la vida.

Amado, yo deseo que tú seas prosperado en todas las cosas, y que tengas salud, así como prospera tu alma. – 3 de Juan versículo 2.

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