“El hacer tu voluntad, Dios mío, me ha agradado, Y tu ley está en medio de mi corazón” (Salmos 40:8).

un pequeño niño, con apariencia de estar furioso, estaba rodeando, ya por inúmeras veces, la cuadra donde moraba, montado en su triciclo. Estrañado la actitud del niño, un policial lo paró y preguntó por qué daba vueltas y vueltas sin parar. El niño contestó que estaba se fugando de casa.
El policial, entonces, preguntó por qué él solo daba vueltas en torno de la cuadra donde moraba. La respuesta de él fue:
“Porque mi madre me dijo que no tengo permiso de atravesar la calle.” El punto clave aquí es claro – la obediencia lo mantendrá usted siempre cerca de aquéllos a quien ame.

A veces nos sentimos solos, abandonados, despreciados, a la margen de la sociedad e ignorados por todos. Nos quejamos delante de Dios por Él no ver  la situación difícil y hasta desesperadora en que vivimos. ¿Y cual es la causa de nuestra aflicción?

Una vez más el punto llave es la obediencia. Si nos hemos mantenido firmes delante del Señor, obedeciendo Su Palabra y Su voluntad, ciertamente Él nos hará entender qué las adversidades que enfrentamos son apenas pruebas para que seamos fortalecidos en la fe y edificados en poder y gracia.

Cuando, somos indiferentes a los consejos de nuestro Padre, “atravesamos la calle” fugándonos de Su presencia, nos sometemos a todo cuanto el mundo ofrece de mal sin contar con la protección y las bendiciones que Dios tiene  para sus hijos.

Si las batallas han sido duras, si usted siente que está perdiendo la tranquilidad necesaria para vencerlas, agarrese firme en las manos de Dios y se mantenga en la acera junto a Él. Si usted ya atravesó la calle y se sienta sin fuerzas, atraviese de vuelta para abrigarse con Él. Solo así usted verá nuevamente la paz reinar y la alegría volver a su corazón.

Paulo Barbosa

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