(Jesús) le dijo: Hija, tu fe te ha salvado; vé en paz. Lucas 8:48.

Cercano está el Señor a todos los que le invocan oirá asimismo el clamor de ellos, y los salvará. Salmo 145:18-19.

 

Jesús responde a la fe (Lucas 8:42-48)

 

Una gran multitud rodeaba a Jesús. Muchos curiosos deseaban ver a Aquel que hacía milagros y de quien todo el mundo hablaba. En medio de la muchedumbre se hallaba una mujer desdichada y enferma desde hacía doce años. Había consultado numerosos médicos, había probado todos los remedios habidos y por haber, pero sin éxito: su mal empeoraba. Además, había gastado todo lo que tenía; estaba sin recursos y desesperada.

Quizás usted también se halle en un callejón sin salida, enfermo en su cuerpo o en su alma, solo con su problema y sin ninguna esperanza. ¿Qué le queda por hacer, después de haber buscado en vano todas las solucionesí

Esta mujer había oído hablar de Jesús. Procuró abrirse un camino hasta él y pensó: ¡Ah!, si consiguiera tocar el borde de su manto, seré sana. ¿Tenía razón al creer en el poder de Jesúsí ¿Era él médico? ¿Tenía verdaderamente la solución a su problema? Temblando, la mujer se acercó, tendió la mano a hurtadillas y, con una súplica en su corazón, rozó el borde del manto de Jesús. Al instante fue sanada. Lo sabía porque lo sentía. Su debilidad desapareció y su desesperación dio lugar a la alegría.

Jesús no ha cambiado, es el mismo. Lo que hizo por esa mujer también puede hacerlo por usted. Él quiere ayudarle. Pero empezará por cambiar su corazón. Acérquese a él con la misma confianza que tuvo esa mujer, a quien Jesús declaró: ?Tu fe te ha salvado?.